Holocausto y antisemitismo:

Nueva ley pone en jaque relaciones judeo-polacas

Normativa aprobada hace un par de semanas con la firma del presidente Andrzej Duda, criminaliza la atribución de complicidad al Estado polaco o a la nación polaca en los crímenes cometidos por el nazismo alemán durante el Holocausto.

I ncluso en un día despejado, la neblina de la historia ensombrece el clima de Varsovia. Destruida durante la ocupación alemana nazi y reconstruida por el gobierno comunista, lo que le puede faltar a la capital polaca en términos de encanto arquitectónico lo compensa con monumentos, estatuas, placas y santuarios dedicados al sufrimiento colectivo y al sacrificio individual.

Un homenaje menos conocido es una placa en la estación de ferrocarriles Gdaska, construida en la época socialista en el norte de la ciudad. Desde aquí, muchos polacos de origen judío partieron tras la “campaña antisionista” en marzo de 1968, cuando la Guerra Fría y una lucha interna de poder dentro del Partido Comunista Polaco desembocaron en una campaña de propaganda antisemita que obligó a miles de judíos polacos a abandonar su país.

“No es posible ser leal a la Polonia socialista y al Israel imperialista a la vez”, había declarado en 1968 el primer ministro, Józef Cyrankiewicz. “Quien quiera afrontar estas consecuencias emigrando no encontrará ningún obstáculo”. La placa presenta un homenaje firmado por el escritor judío de origen polaco Henryk Grynberg: “Para aquellos que emigraron de Polonia en marzo de 1968 con un billete de ida. Dejaron detrás algo más que sus posesiones”.

En pocos días, la comunidad judía del país conmemorará el 50º aniversario de los sucesos de marzo de 1968. Y lo hará en medio de lo que podría considerarse la peor crisis en las relaciones judeo-polacas desde la caída del comunismo en 1989, por la aprobación de una polémica ley que criminaliza la atribución de complicidad al Estado polaco o a la nación polaca en los crímenes cometidos por el nazismo alemán durante el Holocausto.

La norma tipifica como delito el uso de la expresión “campos de concentración polacos” para referirse a centros de exterminio, como Auschwitz, que estaban situados en el territorio del país centroeuropeo. Además, contempla multas y penas de hasta tres años de cárcel para aquellos que se refieran a los campos de concentración nazis como campos polacos.

El actual Gobierno de derecha quiere tener base legal para perseguir a aquellos que utilicen la expresión “campos polacos” y para quienes sugieran una responsabilidad de Polonia en los crímenes del nacionalsocialismo. La ley está especialmente enfocada a la difusión de conceptos contrarios al rol del estado en la Shoá, por lo cual aún podría ser revisada por el Tribunal Constitucional, si se considera que podría afectar la libertad de expresión.

Aunque popular en el país, la ley firmada recientemente por el presidente Andrzej Duda se ha convertido en una catástrofe diplomática y de relaciones internacionales. Académicos, supervivientes del Holocausto y gobiernos afines se han unido para criticarla y manifestar su preocupación por el potencial efecto paralizador que la ley podría tener en el estudio y el entendimiento del Holocausto.

La consiguiente polémica ha despertado una guerra de declaraciones entre políticos polacos e israelíes y el resurgimiento de una retórica antisemita en Polonia, ya que los medios de comunicación nacionalistas y partidarios del Gobierno se refieren a una campaña internacional contra Polonia, supuestamente orquestada por poderes extranjeros y grupos de judíos de otros países.

Antisemitismo
creciente

Altos cargos del Gobierno argumentan que la controversia ha sido montada por grupos de judíos que buscan una compensación económica por la apropiación de bienes y propiedades durante la ocupación nazi. Un editorial en la página web de derechas TV Republika describe la crisis como “la mayor prueba de lealtad de los judíos polacos cuyas organizaciones están vinculadas personal o institucionalmente a los judíos estadounidenses”, y los acusa de “no defender lo suficiente a Polonia y a los polacos en la escena internacional”.

“Nos quieren doblegar. Esto es un tema de soberanía, verdad y dinero”, afirmaba la portada de Sieci, un semanal muy vinculado al partido gobernante Ley y Justicia.

Miembros de la comunidad judía de Polonia y activistas involucrados en el diálogo y la reconciliación entre ambas comunidades han expresado su consternación por el deterioro del debate público. Si bien destacan que la crisis actual no se compara a la de marzo de 1968, muchos de ellos afirman que, cuando se está cuestionando una vez más su lealtad hacia el país, es difícil no escuchar ecos de la retórica de la “campaña antisionista”.

“Estamos recibiendo a diario declaraciones antisemitas y antijudías”, asegura Anna Chipczyska, presidenta de la Comunidad Judía de Varsovia. “Miembros de la comunidad sienten que se está cuestionando su lealtad, que la gente espera que tomen partido de un lado o el otro. Algunos de nuestros miembros también nos hablan del silencio de amistades y compañeros de trabajo frente a estos ataques, y esto duele mucho”.

“En 1968 se hablaba de una conspiración sionista internacional; ahora hablan de una conspiración antipolaca internacional”, indica Jan Gebert, que escribió una carta abierta a los parlamentarios polacos en representación de los judíos polacos, expresando su preocupación por la ley que criminalizará dar testimonio sobre polacos que chantajearon o asesinaron a judíos durante el Holocausto. “Cuando has crecido en la cultura polaca, entiendes que no hay una diferencia fundamental entre las dos cosas”.

Extranjeros en su
propio país

Desde su oficina en la sinagoga Noyk de estilo neorromático, el único templo judío de Varsovia que sobrevivió a la guerra sin daños físicos, el gran rabino de Polonia, Michael Schudrich, reconoce que la retórica de estos días ha hecho que algunas personas se cuestionen su futuro en el país.

“Esta última semana he escuchado a más judíos jóvenes plantearse el marcharse de Polonia”, asegura. “Me preguntan, literalmente: ‘Rabino, ¿Es hora de marcharnos?’ Esto es un desafío para el Gobierno polaco. Algunos ciudadanos ya no se sienten cómodos viviendo en su propio país”.

Schudrich, un neoyorquino con raíces polacas, es gran rabino del país desde 2004 y se le atribuye un papel crucial en el “resurgimiento judío” en Polonia en las últimas décadas. También se esforzó por alertar que la retórica incendiaria y reivindicaciones exageradas, especialmente por parte de Israel, respecto a la verdadera complicidad polaca en el Holocausto estaban avivando el fuego de un círculo vicioso de recriminación mutua.

“Lo que me resulta muy decepcionante es que hemos vuelto a una forma de pensar en la que las personas no se escuchan. En los últimos 25 años habíamos logrado mejorar la sensibilidad para saber qué causa daño al otro lado, y lo que veo ahora es una completa falta de sensibilidad, tanto del lado polaco como del lado judío”, asegura.

Lo mismo señala el profesor Dariusz Stola, director del Museo de la Historia de los Judíos Polacos, que reabrió sus puertas en 2013, lo que se considera el mayor logro del diálogo y la reconciliación judeo-polaca. “Aquellos que condenan a los polacos en masa se convierten en los mejores aliados de los polacos antisemitas. Se alimentan unos a otros”.

Sentado en su oficina de este museo de estructura revestida de acero y cobre dentro de lo que fue el gueto judío de Varsovia, en una calle llamada Mordechai
Anielewicz, en homenaje al líder del levantamiento del gueto en 1943, Stola explica que el reciente deterioro de las relaciones entre las dos comunidades refleja un deterioro mayor en toda la sociedad polaca.

“Es señal de un deterioro en la capacidad de hablar, y la capacidad de hablar es la esencia de la democracia. Si no se puede hablar, no se puede llegar a un acuerdo, y las soluciones sólo pueden ser forzadas. La erosión del lenguaje es la erosión de la democracia y el camino hacia la violencia”, explica Stola.

Lo que se discute ahora es si la crisis actual se puede resolver antes de que destruya todos los avances que se lograron en las últimas décadas. “Muchas personas del lado judío ahora dicen que no fue un proceso honesto. Se sienten engañados”, afirma Agnieszka Markiewicz, directora de la oficina en Varsovia del Comité Judío-Americano, un grupo de apoyo, y
exdirectora de relaciones exteriores del Foro para el Diálogo, una ONG con base en Varsovia que lucha por la reconciliación entre ambas comunidades.

Reacciones

El presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald S. Lauder, reaccionó con vehemencia por el caso polaco: “Este gobierno llegará a límites extremos e insondables para exculpar la complicidad de algunos de sus compatriotas en los asesinatos de sus vecinos. Esto no es más que un intento de falsificar la historia, que suena a las peores formas de antisemitismo”.

Por su parte, la Comunidad Judía de Chile emitió una condena pública, donde considera inaceptable que el mismo primer ministro Morawiecki dijera en la Conferencia de Seguridad de Münich, que los judíos podían ser contados entre los “perpetradores” del Holocausto.

La Comunidad Judía de Chile considera que el gobierno polaco intenta borrar la verdad histórica y anular la complicidad de sectores de la población polaca en los crímenes del Holocausto y estima que el análisis que haga el Tribunal Constitucional polaco y las conversaciones que se llevarán a cabo con Israel, son de vital importancia para llegar a un acuerdo que respete el pasado”.

Anat Berlin Rosenblut, directora ejecutiva de la Fundación Memoria Viva, entregó su opinión sobre lo acontecido:

“Las últimas noticias provenientes de Polonia han causado gran polémica en los últimos días. La nueva ley, propuesta por el ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS) -el partido del Gobierno-, declaró que castigará con hasta tres años de cárcel el uso de la expresión “campos de concentración polacos” para referirse a los centros de exterminio de judíos situados en el territorio del país centroeuropeo bajo la ocupación nazi. Las repercusiones diplomáticas ante este comunicado no se hicieron esperar, y ya los gobiernos israelí y norteamericano han manifestado su preocupación ante este intento de borrar una verdad histórica.

“Recordemos que Polonia tenía antes de la invasión Nazi la población judía más numerosa en toda Europa. Una gran parte de ellos fueron asesinados en campos de concentración ubicados en la Polonia ocupada por los nazis, como Auschwitz, Treblinka o Sobibor. Sólo 380.000 de los tres millones de judíos polacos sobrevivieron al exterminio.

“El peligro de esta nueva regulación reside en que la misma representa un intento de negar la implicación de Polonia en los planes de exterminio de judíos durante la II Guerra Mundial. Desde hace décadas, las autoridades polacas han intentado transmitir que los polacos fueron víctimas del Holocausto, no sus responsables. Según las cifras que maneja el Museo Memorial del Holocausto de EE UU, al menos dos millones de civiles polacos no judíos murieron también a manos de los alemanes y son miles los polacos que ayudaron a los judíos e hicieron resistencia al Holocausto. También hubo polacos que participaron en las atrocidades nazis, como han documentado varios estudios que, en los últimos años, han sido el foco de las críticas del Gobierno del PiS.

“Por su parte, Yad Vashem ha reiterado que la expresión “campos de la muerte polacos” es errónea, pues “Fueron construidos y operados por los alemanes en la Polonia ocupada con el expreso propósito de aniquilar a los judíos de Europa en el marco de la solución final”.

“A nuestro parecer, la complejidad de esta discusión va más allá de la cantidad de responsabilidad que yace en la población polaca, ¿es medible? ¿hicieron lo suficiente? ¿no lo hicieron? Estas son preguntas para las cuales no tenemos una respuesta precisa. Pero el peligro yace en la pretensión del Gobierno Polaco de tomar un rol de víctimas e intentar limpiar su imagen defendiendo una postura que sólo llevará a cuestionar la real ocurrencia de este trágico episodio para toda la humanidad. Es innegable el papel colaboracionista o de observador pasivo de gran parte de la población polaca. Así como también de que otra parte debe haber intentado salvar vidas. No se puede cambiar la historia en beneficio de unos u otros. Aunque duela, aunque dé vergüenza. Los hechos ocurrieron y esto es innegable. Así como Alemania hizo un mea culpa y ha trabajado el tema de la preservación de la memoria, lo importante de la historia es que nos permite aprender de dónde venimos, nos permite cuestionar y tomar postura respecto a los eventos que nos precedieron. Y también permite que nuestra fundación, como tantas otras alrededor del mundo, trabajen día a día para convertirse en guardianes de la memoria personal y colectiva de nuestro pueblo”.

En tanto, el Museo Interactivo Judío, aseguró que si bien como institución abocada a la enseñanza de estos temas reconoce que hablar de “campos de concentración polacos” no es históricamente correcto, “estamos convencidos de que penalizar esto, puede revertir décadas de estudios y esfuerzos para preservar la memoria de la Shoá en Polonia”.

“El Museo Interactivo Judío de Chile expone, en su experiencia audiovisual sobre el Holocausto, que la nación polaca fue víctima de la agresión alemana y sufrió una ocupación brutal. Estereotipos que vienen de la ignorancia o del interés por fomentar el odio son inaceptables; y sabemos que muchos heroicos polacos salvaron a los oprimidos por el régimen nazi mientras muchos otros ayudaron al exterminio de judíos. La promulgación de esta ley amenaza la habilidad de educadores y de la sociedad para entender las causas de estos eventos y sus implicancias en la vida actual. También hiere la memoria de las víctimas y de quienes arriesgaron sus vidas para salvar a otros. Por esto, nos unimos al rechazo de esta ley y reafirmamos nuestro compromiso con la educación, para que nunca más la propaganda y las mentiras sean fuente de odio y destrucción”.

Finalmente, el profesor Mario Suwalsky, ex cónsul honorario de Polonia en Concepción y miembro de la Academia de Ciencias de Polonia, resaltó que los campos de concentración y exterminio erigidos en Polonia fueron concebidos, construidos y administrados por los nazis, sin ninguna intervención relevante a los polacos, y que además los polacos constituyeron la segunda mayoría de sus víctimas. “En Polonia, históricamente y hasta el día de hoy hay una alta prevalencia de antisemitismo. Sin embargo, también hay que considerar que el mayor número de Justos entre las Naciones reconocidos por Yad Vashem son ciudadanos polacos. El actual gobierno polaco es de extrema derecha, y la penalidad que impone la ley es anti democrática, contraria a la libertad de expresión y por eso ha irritado a Israel, por considerarla como un intento de blanquear crímenes cometidos por polacos durante la guerra. Esta ley debe ser aun aprobada por el Tribunal Constitucional, y cabe esperar que sea derogada antes de hacerse efectiva”.

Por LPI / eldiario.es / Agencias / EFE