Por Gachi Waingortin:

Nuestras buenas acciones, ¿borran o compensan de alguna manera nuestros errores?

Es una gran pregunta. En Pirkei Avot 4:13 Rabi Eliezer ben Jacob dice: “El que cumple una mitzvá adquiere un defensor y el que comete una transgresión adquiere un acusador. La Teshuvá y las buenas acciones son un escudo contra el castigo”.

Lo primero que hay que analizar es la idea del defensor y el acusador, elementos esenciales de la idea de un juicio.

El ser humano se sabe, y lo es, pequeño e insignificante. Ya lo hemos dicho: tanto en la dimensión del tiempo (los tiempos humanos en contraste con el infinito) como en la del espacio (la persona en comparación con el universo) somos menos que la nada. Sin embargo, en Job 12:22 leemos: “Lo creaste poco menos que divino”. Lo que hace este cambio no es más que el concepto de juicio. Si hay un juicio es porque las acciones del Hombre son relevantes. Un niño a quien nadie pone límites, nadie lo felicita y nadie lo reta, crece en el más absoluto desamparo. Lejos de sentirse feliz por la falta de límites y de los consiguientes castigos, el niño de sentirá abandonado y buscará transgredir cada vez más en busca de algún límite que lo contenga. Sentir que nuestras acciones son irrelevantes, que a nadie le importa si lo hacemos bien o mal, deja a la vida carente de sentido. Para que la vida sea trascendente debe haber un juicio y en la imaginario del juicio necesariamente hay un Juez, abogados defensores y fiscales acusadores. Hay premio y hay castigo.

Lo que nos dice Rabi Eliezer es que cada mitzvá que cumplimos nos provee de un abogado defensor y cada transgresión nos genera un fiscal acusador. Es decir, cuando nos presentamos ante el juicio divino somos nosotros los que armamos nuestro propio equipo.

¿Cuándo ocurre este juicio? Podemos pensar que cada noche al acostarnos, cuando repasamos nuestro día; cada Shabat cuando evaluamos nuestra semana; cada año en Iom Kipur cuando analizamos nuestro año; y después de la muerte cuando D’s hace la evaluación final de nuestra vida.

Hay que notar que rabi Eliezer habla de mitzvot por una parte y de Teshuvá y Maasim tovim por la otra.

Maasim Tovim y mitzvot no son sinónimos. Podríamos afirmar que todas las buenas acciones son mitzvot o al menos pueden ser enmarcadas en el ámbito de alguna mitzvá. Ayudar al necesitado entra en la idea de Tzedaká, visitar un enfermo es Bikur Jolim, devolver lo encontrado o lo prestado son
mitzvot de la Torá. Pero la contraria no es válida: no todas las mitzvot son buenas acciones. Comer Kasher, ponerse Tefilin, encender velas en Shabat o Iom tov, son mitzvot pero no necesariamente benefician a algún tercero. Es por eso que Rabi Eliezer habla de ambas categorías. Las mitzvot son las herramientas que llevamos al juicio, ellas nos defenderán o acusarán según sea el caso generando que el resultado del juicio derive en premio o castigo.

Pero las buenas acciones y el arrepentimiento actúan como escudo frente al castigo. Si una transgresión me provee de un acusador, el arrepentimiento me provee de un escudo que me defenderá del castigo por dicha transgresión. Y lo mismo vale para las buenas acciones. Rabi Eliezer plantea que nuestras buenas acciones y nuestro arrepentimiento tienen la capacidad de neutralizar nuestras transgresiones.

Por lo tanto, o al menos según esta Mishná de Pirkei Avot, la respuesta es sí. De todos modos, es mejor minimizar nuestras transgresiones y aumentar nuestro cumplimiento de mitzvot y nuestras buenas acciones. Así nuestra Teshuvá no estará marcada por el arrepentimiento sino por nuestra voluntad de responder a D’s y mantenernos lo más apegados posible al camino correcto.

Por Gachi Waingortin.