Por Rabino Ariel Sigal:

Moshé y David: Pecados Conocidos

Moshé y David eran dos buenos líderes de Israel. La Guemará M. Ioma 86b explica que el pecado de Moshé en golpear la roca en Merivá es comparado favorablemente al pecado de David con Bat-Sheva. Moshé rogó a D’s que se registrase su pecado, como está escrito en Bamidvar 20:12: “Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado” y Dvarim 32:51 “por cuanto pecaste contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Kadesh, en el desierto de Zin; porque no me santificaste en medio de los hijos de Israel”. David, sin embargo, rogó que se borrara su pecado, como dice el Salmo 32:1 “Bienaventurado aquel cuya transgresión es perdonada y cuyo pecado es perdonado”.

El Talmud comparó los casos de Moshé y David con el juicio de dos mujeres que el tribunal sentenció. Una había cometido un acto indecente de infidelidad, mientras que la otra había comido higos verdes del séptimo año en violación de Vairká 25:6 “Lo que nazca espontáneamente después de tu cosecha no lo segarás, y las uvas de los sarmientos de tu viñedo no recogerás; la tierra tendrá un año de reposo”. La mujer que había comido higos inmaduros pidió a la corte que diera a conocer por qué ofensa estaba siendo castigada, para que la gente no dijera que estaba siendo penada por el mismo pecado que la otra mujer. La corte así hizo conocido su pecado, como así la Tora registra repetidamente el pecado de Moshé.

Los frutos prohibidos de la Parashá, expresan el camino para aprender a evitar los pecados conocidos. Ganar el respeto de los demás y crecer en autoestima, no es consecuencia de frutos prohibidos y simples servidos a tu mano. Por el contrario, lo que nace espontáneamente después de tu cosecha, debe ser producto de serte fiel a ti mismo. Moshé creyó que con un golpe santificaría a D’s pero David con inmoralidad corrompió a D’s. La espera del NO consumir esos productos, ayudan a fortalecer la creencia y la estima contra la soberbia de que el mundo te pertenece.

Por Rabino Ariel Sigal