En Attendorn, Alemania:

Memorial recuerda la vibrante vida judía de la familia Ursell, opacada por la Shoá

Todo comenzó como un trabajo de colegio. Como relata Erwin Krasukopf (bioquímico de 50 años, profesor de la Universidad Andrés Bello, casado y padre de dos hijos), fue en una clase del profesor Hartmut Hosenfeld que se les encargó a los alumnos investigar quiénes habitaban Attendorn –una ciudad de cerca de 25.000 personas ubicado en el distrito de Olpe, en la región de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania- durante la época de la Segunda Guerra Mundial. Los estudiantes preguntaron entre sus cercanos, sus padres y abuelos, y llegaron con la información solicitada al profesor: en Attendorn, para ese entonces, los habitantes eran principalmente católicos.

La respuesta de los jóvenes alertaron al profesor Hosenfeld, ya que obviaban un dato fundamental: la importante presencia judía en la localidad, que formaba una vibrante comunidad que –como consignó el diario online “Sauerland Kurier” el pasado 10 de octubre- “dio forma a la vida en Attendorn en el siglo XIX”. Y en especial la familia Ursell, que era dueña de la fábrica A. A. Ursell, como consigna el libro “Judíos en Attendorn, volumen IV”, de Hartmut Hosenfeld. “Los miembros de la familia Ursell –sostiene el “Sauerland Kurier”- estaban firmemente integrados en la vida social de la ciudad, participaban activamente en numerosos clubes y eran considerados ricos. Todo cambió con los pogroms de noviembre” de 1938 y el oscuro episodio que conocemos como “Kristallnacht”.

Y agrega: “Una de las víctimas es Johanna Ursell (hija de Joseph Ursell), quien se casó con Isaac Rogozinski (más tarde Roger) en febrero de 1914 y huyó a Checoslovaquia con su familia a principios de los años treinta. En 1943, los nazis deportaron a Johanna Roger a Theresienstadt, donde se perdió su rastro. Su esposo Isaac y sus dos hijos, Heinz y Trude, emigraron a Chile en medio de la guerra, donde hoy todavía viven parte de sus descendientes”.

Erwin Krauskopf fue uno de los descendientes de la familia Ursell –nieto de Trude Roger Ursell, Z.L., quien vivió en Chile hasta la fecha de su fallecimiento, en el año 2010- que viajó a la inauguración de un memorial en honor a los 17 miembros de la familia que a partir de 1938 fueron deportados y asesinados en los campos nazis. Este memorial surgió también como iniciativa de Hartmut Hosenfeld y del investigador Tom Kleine, quienes trabajan sobre la historia de los judíos locales desde hace cuatro años y presentaron -en el año 2016- la idea al gobierno de Attendorn, que culminó en la develación del monumento conmemorativo realizado por el escultor local Joachim Esslinger.

La inauguración se realizó el pasado 7 de octubre en el cementerio judío “Am Himmelsberg”, con la presencia de 45 familiares provenientes de Chile, Chile, Canadá, Costa Rica, Estados Unidos, Inglaterra e Israel, además de unos 200 residentes de Attendorn que llegaron hasta el lugar. “La intención de este monumento –señala Barbara Sander-Graetz, del medio online “Lokal Plus”- es conmemorar a los ciudadanos judíos de Attendorn que no habían sido documentados, que fueron deportados y asesinados durante la era nazi o se consideran desaparecidos”. Un momento tremendamente emotivo, considerando que de la vibrante comunidad judía de Attendorn no quedó nadie después de la Segunda Guerra Mundial y que, quienes lograron sobrevivir, lo hicieron porque pudieron escapar.

“Fue emocionante en el sentido de que nos permitió entender la manera de pensar en mi abuela en muchas cosas, porque a ella siempre le gustó el lugar donde vivía, y yo nunca lo había conocido; es una ciudad para enamorarse”, comentó Erwin Krauskof, quien desde Chile asistió a la ceremonia junto a su padre, Manuel Krauskopf, y hermana, Vania Krauskopf, además de la hermana de su papá, Ruth Krauskopf, con su hija, Ilka Kiwi. Desde Costa Rica, en tanto, viajó la hija mayor de Trude, Dina Krauskopf, y su hija, Ana Domb, y un hijo que vive en Chile, Daniel Boroschek, junto a su hija Pamela. “Tuve oportunidad de conocer la fábrica de su familia y también la casa donde se crió”, agregó, comentando también que en la ceremonia realizada en el cementerio judío de Attendorn pudo reencontrarse con familiares que viven en el extranjero pero al mismo tiempo conocer a descendientes de la misma rama familiar a los que no conocía anteriormente.

Attendorn, ciudad que durante Segunda Guerra Mundial albergó un campo de trabajo forzado para checos, polacos y austriacos, que fue liberado por la infantería de EE.UU., vive un proceso de memoria y de reparación hacia la población judía que fue perseguida, asesinada o exiliada durante la Shoá que es parte también de un esfuerzo nacional de Alemania. La familia Ursell ahora tiene un lugar donde recordar a sus antepasados en la ciudad que los vio crecer y desarrollarse, hasta la tragedia de la Shoá. Como consigna el medio “Lokal Plus”, “sus raíces están en Attendorn. Aquí sus abuelos, sus tatarabuelos o tatarabuelos estaban en casa. Eran locales, sauerlandeses*, alemanes. Lucharon en la Primera Guerra Mundial por su país y años más tarde fueron perseguidos de la noche a la mañana”.

*“Sauerland” es una región montañosa en Alemania que ocupa parte del sureste de Renania del Norte-Westfalia.

Por Michelle Hafemann.