En Cracovia, Polonia:

Mario Suwalsky recibirá alta distinción de Universidad Jagiellonia

El diploma MERENTIBUS, equivalente a un Doctor Honoris Causa, se le entregará tras 20 años de colaboración con el profesor Kazimierz Strzalka y su grupo de investigación.

“Pensar que a un hijo de una humilde familia judía polaca la Universidad le otorgue esta alta distinción creo que es algo que ni para ellos ni para mí es fácil de asimilar”, asegura Mario Suwalsky, al referirse al diploma MERENTIBUS que se le entregará próximamente en una pomposa ceremonia en la Universidad Jagiellonia, de Cracovia, Polonia. El Dr. Suwalsky es Químico Farmacéutico de la Universidad de Concepción y Doctor en Química, grado otorgado por el Weizmann Institute of Science de Israel. Es miembro activo de la Academia de Ciencias de Nueva York, miembro de la Academia de Artes y Ciencias de Polonia, miembro correspondiente de la Academia Chilena de Ciencias, miembro honorario del Advisory Council of the International Biographical Centre,  de Cambridge, Inglaterra; y además recibió la Condecoración “Cruz de Oficial de la Orden al Mérito de la República de Polonia”, otorgada por el Presidente de Polonia, el año 2015; y es Profesor Emérito de la Universidad de Concepción desde diciembre de 2017. Esta nueva distinción, llamada MERENTIBUS, y equivalente a la de un Doctor Honoris Causa, es otorgada por la Universidad Jagiellonia de Cracovia.  “Por lo que he sido informado, la ceremonia es muy formal, en que las más altas autoridades de la Universidad usan togas y birretes tradicionales muy llamativos”, explica Suwalsky.

-¿Qué sentiste al ser notificado de este honor, considerando además la controvertida relación del gobierno polaco con el judaísmo en los últimos meses?

-Aparte de ser muy sorpresiva la noticia de esta designación, de la que realmente me siento muy honrado, no puedo dejar de pensar en mis padres. Ambos nacieron en Kolno, un pequeño shtetl en el noreste de Polonia; mi padre, siendo aún muy joven, participó como soldado raso en la guerra ruso-polaca en la que no lo pasó muy bien. Posteriormente, dada la grave situación política y económica decidió emigrar y luego de muchas vicisitudes llegó a Santiago; seis años después, en 1935, llegó mi madre. Pensar que a un hijo de una humilde familia judía se le otorgue esta alta distinción creo que es algo que ni para ellos ni para mí es fácil de asimilar. En cuanto a mi condición de judío, esta no ha sido ningún problema.

-¿Cuál es tu relación con la Jagiellonia University?

-Desde hace más de 20 años mantengo una estrecha colaboración con esa Universidad, en particular con el profesor Kazimierz
Strzalka y su grupo de investigación, con quien tenemos más de veinticinco publicaciones científicas de prestigio internacional, numerosas presentaciones en congresos y exploraciones en la Patagonia y Antártica. Por otra parte, mis estudiantes de doctorado han efectuado permanencias de trabajo en su muy bien equipado Centro Malopolska de Biotecnología, financiado por un organismo de la Unión Europea.

-¿Qué relevancia tiene esta universidad en términos de investigación y relaciones internacionales?

-La Universidad Jagellonia es una de las más antiguas de Europa, creada hace 654 años. Por sus aulas pasaron personalidades tan destacadas como el famoso astrónomo Copérnico, el Papa Juan Pablo II, la Premio Nobel de literatura Wislawa Szymborska, Tadeus Pankiewicz, Justo entre las Naciones y Mietek Pemper, sobreviviente del Holocausto y compilador de la Lista de Schindler. Con cerca de 40 mil alumnos y 3.800 académicos, mantiene alrededor de 260 convenios internacionales de investigación. Sus áreas más destacadas son las científicas, en particular la astronomía y biotecnología.

Desafíos vigentes

“Aunque presenté mi expediente de jubilación de la Universidad de Concepción y estoy radicado en Santiago, mantengo un contrato de un cuarto de jornada que dedico a dirigir las tesis de doctorado de tres estudiantes y a publicar artículos científicos”, comenta Suwalsky al ser consultado por sus actuales actividades académicas.

-¿A qué temas estás dedicado?

-Desde hace varios años que estoy estudiando cómo diferentes compuestos químicos de relevancia biológica afectan las células, en particular los glóbulos rojos humanos. En la actualidad, estos incluyen fármacos utilizados para tratar el cáncer y la enfermedad de Alzheimer, así como principios activos de origen vegetal con propiedades antioxidantes.

-¿Cuáles son a tu juicio los grandes desafíos a abordar en las ciencias químicas y farmacéuticas?

-Los investigadores están altamente capacitados para investigar en diferentes líneas de estas especialidades, pero el gran desafío es cómo desarrollar investigación de calidad frente a la escasez de recursos. Lamentablemente, Chile invierte menos del 0.4 % del PIB en investigación y desarrollo, mientras que los de Israel y Corea son diez veces mayor.

-¿Finalmente, qué te parece este fenómeno de la gran relevancia de investigadores judíos en el área de la Química, que se ha reflejado en Premios Nobel y otras distinciones?

-Sí, es notable el alto número de Premios Nobel en Química de investigadores judíos, siendo el primero Adolf von Baeyer, en 1905, y en 2009 Ada Yonath, mi compañera de estudios de doctorado en el Instituto Weizmann de Israel. Sin embargo, este número es aún mayor en Medicina, quizá porque ambas ciencias están muy relacionadas con la vida, la que siempre ha sido de un profundo interés y preocupación en el judaísmo. Solo recordemos a Maimónides, quien, además de sus estudios bíblicos, fue un médico eminente.

Por LPI.