Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

Los trece dogmas del Judaísmo

Oigo decir que el Judaísmo es racional y no es dogmático. (Dogma: Punto capital de un sistema, ciencia, doctrina o religión, proclamado como cierto e innegable). Es posible que los dogmas judaicos sean más razonables que los principios de la fe de otras religiones, pero no dejan de ser credos que tenemos que aceptar, aunque nuestra mente se resista o nuestra inteligencia no comprenda.

El gran Rambam, también llamado Maimónides (1135-1204), seguramente influenciado por el ambiente hispano, quiso que los judíos también tuvieran su credo e incluyó un resumen de los Trece Principios de la Fe al comentar la Mishná de Sanedrín. Seguramente sea ésta la causa que el número trece se considere de suerte entre nosotros.

Uno: Dios es viviente, existe y es eterno. Es el Creador. Como a Dios no lo podemos hacer visible, este es un dogma de fácil aceptación.

Dos: El es único y su unicidad es infinita. Para nosotros, los monoteístas, este principio no es un misterio.

Tres: Es incorpóreo y no tiene imagen; los judíos que rechazamos imágenes o ídolos, no tenemos problemas en aceptarlo.

Cuatro: Precede a la Creación. El es el primero, aunque su existencia no tiene comienzo.

Cinco: El es Dios eterno, toda criatura debe proclamar su grandeza y su reino.

Seis: Reveló sus profecías a los hombres que él eligió.

Siete: El más grande profeta es Moisés, ya que contempló la presencia de Dios.

Ocho: La Torá es verdadera y fue dada al pueblo por medio de Moisés.

Nueve: La más complicada para aceptar: Dios nunca reemplazará ni cambiará su eterna Ley, el Pentateuco. Es decir, la Torá es inmutable y no puede ser alterada.
Diez: El vigila y conoce todos nuestros pensamientos secretos. Desde su comienzo prevé el fin de las cosas.

Once: Retribuye al hombre piadoso por sus actos y castiga al malvado en proporción a su maldad. Este dogma es difícil de digerir al ver a tantos impíos prosperar y a tantos seres honestos sufrir la pobreza. Seguramente se cumplirá en el Olam Habá(1).

Doce: En el fin de los tiempos enviará a nuestro Mesías para redimir al pueblo de Israel, que espera su salvación.

Trece: Dios, con su gran misericordia, revivirá a los muertos. Bendito sea eternamente su glorioso nombre.

Daniel ben Yehuda, de Roma (siglo XIV), escribió el poema de los 13 principios que llamó Igdal, de trece versos, con 16 sílabas cada uno y con una sola rima.

Resumiendo, los principios del judaísmo consisten en: 1) Existe un Creador, 2) El es uno, 3) Es incorpóreo, 4) Es eterno, 5) Sólo El debe ser adorado, 6) El eligió a su pueblo, Israel, 7) Moisés es el más grande de todos los profetas, 8) Toda la Torá fue divinamente dada a Moisés, 9) La Torá es inmutable, 10) Dios conoce tanto los actos como los pensamientos del hombre, 11) Dios premia y castiga, 12) El Mesías llegará, 13) Habrá resurrección.

En ninguno de ellos se habla de crueles infiernos o purgatorios o de las maravillas de la vida celestial.

Dios mío y de mis padres, ilumíname para aceptar, aunque no los comprenda, los puntos 8 y 9. Hay tantos historiadores que insisten en que el Pentateuco fue escrito en diferentes períodos. Y, ¿por qué la Torá es inmutable y los seres humanos cambian tanto? Porque, de vez en cuando, toda Constitución debe ser reformada, si es necesario; si no, hay que acudir a los resquicios legales, como en Pésaj.

Como los historiadores son seres humanos y por ende, limitados, el dogma ocho, que la Torá fue revelada en el Monte Sinaí a su gran profeta, ya he sido escuchado y la acepto sin vacilar.

Falta aún captar el dogma nueve. En un universo en que el mundo y sus habitantes cambian a velocidad acelerada, ¿cómo puede un pueblo someterse a una constitución religiosa férrea, al Tanaj en que Dios no permite ni el cambio de una coma?

1) El mundo por venir.

Por Benny Pilowsky Roffe.