Teorías, historias y curiosidades:

Los judíos y los pueblos originarios

La literatura sobre la relación entre los pueblos indígenas y el judaísmo es abundante, y se ha nutrido de estudios historiográficos, investigaciones genéticas, interpretaciones legales y más de alguna iniciativa mesiánica.

Si alguien pregunta por las tribus americanas, inmediatamente surgen los apaches, sioux, cheyennes y navajos. Los imaginamos con sus caras pintadas, plumas sobre sus cabezas y luchando con los “carapálida”.

Y si preguntamos por las tribus de Israel, entonces saltan a la memoria Rubén, Simeon, Levi y Judá, todos con túnicas desgreñadas y largas barbas, deambulando por el desierto en busca de un destino mejor.

En este contexto, surge automáticamente la asociación entre conceptos como originarios, indígenas y nativos.

“Podemos afirmar con absoluta seguridad que Medinat Israel es el primer Estado indígena moderno del mundo”, afirma Ryan Mervin Bellerose, activista de los Derechos Indígenas en un artículo publicado en Alberta, Canadá, hace algunos años.

Para Mervin Bellerose los únicos habitantes de Medinat Israel que pueden ser considerados realmente indígenas son los judíos: “A pesar de que Israel es el primer estado indígena moderno, todavía tiene tierras que están ocupadas por extranjeros en Judea y Samaria. Son tierras ancestrales, y muchos sienten que deberían ser devueltas a los pueblos indígenas por la libre determinación”.

Ryan Mervin concluye con una larga serie de argumentos en los que considera a los no-judíos como personas con “rights of longstanding presence” (“derechos de la presencia de larga duración”), y aunque se trata de derechos legítimos, no deben prevalecer sobre los derechos indígenas.

Pero la relación entre indígenas y judaísmo va mucho más allá de esta teoría sociopolítica.

Indígenas en Colorado

Mientras los investigadores del Centro Médico Sheba de Israel llevaban a cabo hace algunos años un monitoreo de la presencia en el ADN de los habitantes de distintas partes del mundo de un gen supresor de tumores, se llevaron una gran sorpresa al encontrar que los Navajos comparten material genético con los judíos.

Casi todos los ashquenazím y muchos de los sefardíes tienen la variación del gen que les hace más vulnerables ante el riesgo de cáncer de mama y ovarios. Un análisis computarizado de las muestras recopiladas de tejidos de los navajos reveló que padecen de la misma desventaja genética, la cual no caracteriza a ningún otro pueblo del mundo. Eso significa, concluyeron los especialistas del centro Sheba, que los indígenas tenían a un ancestro común quien pertenecía a la etnia judía. Es más, las tecnologías avanzadas de la genética les facilitaron especificar el período más o menos exacto en el que vivió aquel progenitor.

Era “un judío que se trasladó de Europa al Nuevo Mundo hace poco más de 500 años, en la época cuando Cristóbal Colón descubría América y mientras la población hebrea era expulsada de España”, según indicó al diario Haaretz un miembro del colectivo científico. Pero los indígenas de Colorado, resaltó, nunca han mostrado un mínimo conocimiento de las costumbres judías. Tampoco tienen leyendas que permitan vincularlos con los antepasados del Viejo Mundo.

A raíz de eso los investigadores israelíes se han perdido en conjeturas, intentando explicar cómo la sangre de un probable participante de los viajes de Colón podía llegar desde las islas Antillas o el litoral caribeño hasta Colorado.

En la selva peruana

Según explica Graciela Mochkofsky en su libro La Revelación, una historia real, el labriego peruano Segundo Villanueva fue el precursor de una masiva conversión al judaísmo de indígenas peruanos.

El peregrinaje religioso de la comunidad peruana de Cajamarca comenzó cuando Villanueva se sumergió en la lectura literal de la Biblia, libro que heredó de su padre asesinado. De a poco comenzó a poner en tela de juicio el catolicismo que profesaba su pueblo desde la llegada de Pizarro a la tierra del Inca.
En el largo proceso de conversión religiosa pasaron del catolicismo por otras religiones hasta llegar a adoptar la fe judía ultraortodoxa. Se convirtieron y emigraron a Israel, donde fueron llevados a Cisjordania, y allí están todavía.

¿Y en Chile?

A comienzos del siglo 19, en Chile no había mayores rastros de judaísmo. Sin embargo, sectas judaizantes en zonas mapuches fueron descubiertos en el siglo 20, y dicen haber recibido su judaísmo a través de los marranos. Algunos de ellos se hacían llamar Iglesia Israelita y se concentraban en las regiones de Curacautín, Cunco y Gorbea, las zonas de frontera de la influencia católica española hasta la conquista de los mapuches.

Según explica el investigador Haim Avni, en el sur de Chile también existieron grupos autoidentificados con descendientes de judaizantes en las localidades de Curacautín y Cunco. “Los indios judíos del sur chileno incluso se proclamaron sionistas en 1917 y, años después, emigraron algunos a Israel”.

Por LPI / Enlace Judío / Agencias / Haaretz