Banda chilena formada por jóvenes judíos:

Lollapalooza 2017 abre sus puertas a la música de Boraj

Múltiples instrumentos y una conexión profunda con la naturaleza son los conceptos que conforman la raíz de esta agrupación fundada en 2014. En dos años, han dado varios pasos por un camino fructífero, en el que ya incluyen una gira internacional, un fondo de cultura, alianzas con las altas esferas de la música nacional y un puesto en el festival más popular del momento en Chile.

Entre edificios altos y nuevos, y a pocos pasos de la siempre ajetreada Avenida Las Condes, hay un pequeño espacio verde que dos veces a la semana se convierte en un homenaje melódico a la naturaleza. Por fuera es sólo una cabaña pequeña, parte de una parcela con una casa más grande, árboles altos y poco cemento. Por dentro, es el centro de operaciones de Boraj, una banda chilena que canta a la tierra, al mundo y a su conexión con los seres humanos.

El proyecto comenzó en 2014, cuando Felipe Markmann (27) conversó con Nicolás Rosenberg (25), a quien conoció en el Instituto Hebreo, sobre la idea de formar una banda con muchos músicos y riqueza instrumental. Nicolás le presentó a Juan Ruiz-Tagle (26) y Felipe reclutó a Amit Knust (26), también amigo del colegio. Con esta formación inicial crearon un primer EP, cada uno a cargo de varios instrumentos. Cuando el trabajo ya estaba listo, surgieron las ganas de tocar en vivo y, por ende, la necesidad de captar más músicos.

La formación actual tiene siete integrantes: Felipe Markmann (voz y guitarra), Nicolás Rosenberg (sintetizadores y saxofón), Juan Ruiz-Tagle (Bajo y guitarra de doce cuerdas), Isabel González (voz y piano), Felipe Aros (violín y flauta) y Amit Knust (batería).

A dos años del inicio, hoy cuentan con dos discos EP, Cambiar de Aire y La Costa. El camino los ha tratado bien en este tiempo. Tras unas pocas tocatas autogestionadas, Sello Parra, una instancia creada por Eduardo Parra, integrante del grupo Los Jaivas, y que busca apoyar y difundir a nuevas bandas, los apadrinó. Esto les permitió conseguir más fechas y mejores lugares donde tocar. Al tiempo, comenzaron a ser asesorados por La Unión, una agencia de booking y comunicaciones que los apoyó en gestión y que ha impulsado su visibilidad frente a producciones más grandes, como festivales. “Postulamos a un festival en marzo muy conocido en EE.UU y quedamos. El 2016 fue un año bien intenso para la banda en cuanto a logros, porque nos han pasado esas cosas. Postulamos además a un Fondart, lo ganamos y nos fuimos de gira a Canadá dos semanas. Volvimos y supimos que quedamos en Lollapalooza”, cuenta Felipe Markmann.

Amit comenta que desde que se enteraron de la noticia, “nos hemos movido para tratar de llegar a las personas de Lollapalooza y autogestionando para que existan nuevas oportunidades de atraer más personas y mostrar nuestra música”. Para ellos es importante hacer este trabajo paralelo, porque a pesar de estar en la lista de artistas del festival musical más popular del momento en Chile, no sienten que tengan algo asegurado.

-¿Qué esperan o qué se imaginan de su paso por Lollapalooza?

-Felipe M.: No sé, puede que nos tiren a las 12 del día en el escenario de más atrás y haya tres pelagatos. Pero sí va a ser, al menos para mí, una experiencia interesante. Es el escenario más grande en el que vamos a haber tocado por lejos, eso ya es increíble. Pero más allá de eso, es un show más.

-¿Están con ansiedad?

-Isabel: Ahora que nos queda un mes nos quiero ver. Pero ahora es muy surreal todavía. Todavía estamos procesándolo.

-¿Han averiguado cómo le ha ido en años anteriores a otras bandas chilenas con una trayectoria parecida a la de ustedes?

-Juan: Varía mucho. Hay algunas bandas que se pegan un salto por la gran exposición que tiene Lollapalooza, pero hay otras bandas que siguen teniendo un bajo perfil, no pareció afectarles mucho. Hay de todo y hay que ser inteligente para sacarle el jugo a la experiencia.

-Felipe: Creo que no hay un hito que cambie todo el camino de la banda. Es un pasito a pasito, por eso hay que seguir trabajando, en Lolla ahora, y después será otro el objetivo, y así. No queremos nublarnos. Si tiras todo en un proceso y eso no es como esperas, te caes. Entonces tratamos de verlo con un cable a tierra.

Pero de todas formas las cifras ya van bien. Su canción más popular en Spotify, La Costa, tiene más de 600 mil reproducciones, ¿cómo ven ese crecimiento?

-Amit: Curioso. Nos damos cuenta de que tenemos el control sobre los esfuerzos y el resultado es algo que está en manos de la naturaleza, que surge de boca en boca porque les gusta, porque se conectan. Nos estamos esforzando por hacer lo que más nos gusta y es un mundo muy personal de cada uno el que se mezcla en ese esfuerzo. Entonces, 600 mil o un millón, los números van a decir cosas, pero eso no modifica lo que estamos haciendo. Aunque todavía no sabemos lo que es que nos escuchen cien millones de personas, estamos en el comienzo nomás.

-Antes de Boraj y más al inicio de su relación con la música, ¿tocaron alguna vez en instancias relacionadas a la comunidad?

-Felipe: Yo participé en un festival de Maccabi. Nunca me involucré en el tema de la inédita porque tenías que entrar en un proceso competitivo que a mí no me gustaba. Pero participe también cantando en una obra de teatro de Maccabi (El Rey de los Sueños) e hice la música de otra obra (Purim).
-¿Sienten conexión o influencia con la cultura judaica al momento de hacer música?

-Felipe: Yo al menos sí. No podría traducirlo, porque el cómo operan las influencias en una persona, más encima en el arte, no es algo que se pueda categorizar. Pero sí es parte de mi identidad y de mi proceso como músico, toda la influencia del Medio Oriente, su música. También la formación judaica, que me ha hecho entender algunas cosas. Aunque tratamos igual que obviamente el concepto de la banda sea global.

-Amit: Creo que está en algún lugar del inconsciente, de todas maneras. Personalmente, en los tambores pienso que hay una influencia, es algo que nació de chico y está ligado al ritmo. En todos los cantos y rezos hay un ritmo, más bien melódico, pero que está ahí.

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francisco rojas

Por Yael Mandler