Libros imprescindibles sobre la Shoá

Logo-fundacion-memoria-vivaFundación Memoria Viva es una organización cuya misión es recuperar, preservar y difundir los testimonios de los sobrevivientes judíos que debieron escapar de Europa e hicieron de Chile su patria, y generar herramientas educacionales a partir de estas vivencias.

Continuando con el ciclo que comenzamos en la edición del 27 de mayo del presente año. En esta Palabra Israelita comentamos dos lecturas imprescindibles sobre la Shoá, de sobrevivientes que se han transformado en verdaderos íconos de la lucha contra el nazismo, y que recomendamos por la sencillez y humanidad de sus relatos, pero cargados a su vez de una emotividad y una crudeza que los hacen únicos e inolvidables.

97884964894313. SIN DESTINO (Imre Kertész)

Al comenzar la lectura de este libro no pude evitar recordar la inolvidable película de Roberto Benigni, “La vida es bella”, esa hermosa y entrañable película italiana en que un padre -Guido- intenta ocultar a su hijo las atrocidades de los campos concentración mediante el recurso de inventar historias y haciendo creer al hijo que todos las personas con quienes interactúan, incluso los jerarcas nazis, son parte de una actuación y de una parodia.

Me vino este recuerdo porque en las primeras páginas del relato de Kertész, -Premio Nobel de Literatura el año 2002- nos encontramos con un joven de 15 años que va asumiendo su destino sin mayores reproches, que va enfrentando las detenciones, las restricciones, los castigos y las degradaciones como parte de un destino común, intentando incluso, cuando la circunstancia lo permite, una risa o un momento de esparcimiento junto a sus jóvenes amigos y compañeros de destino.
Y tiene una explicación para esto el autor. Señala, que en un campo de concentración, de acuerdo a su experiencia, había tres formas de evadirse, la imaginación, el abandono y el escape, añadiendo, que él escogió la primera. Explica que “Es un hecho demostrado que nuestra imaginación permanece libre incluso en condiciones de privación de libertad. Yo podía, por ejemplo, hacer lo siguiente: mientras mis manos estaban ocupadas con la pala y el pico -ahorrando fuerza, suministrándolas bien, limitándome a realizar sólo los movimientos más necesarios- yo lograba escapar de allí…. con el mismo esfuerzo me habría podido trasladar a Calculta, Florida o a cualquiera de los lugares más bellos del mundo. Sin embargo… la mayoría de las veces me quedaba en casa”.
Con el transcurso del tiempo y el correr de las páginas se puede advertir que esta primera opción que escogió Kertész, referida a la imaginación, fue muchas veces sustituida durante su estadía por la segunda de las opciones descritas por el autor, el abandono total, las ganas de no moverse, no levantarse, no pensar, no respirar incluso, con tal de aliviar el sufrimiento, el dolor, la angustia, aún si eso implicaba la muerte.
La cruda descripción que hace el autor de su precaria salud física, de su agónica estadía en la enfermería del campo, de su extrema delgadez y de su reacción al volver a mirar su rostro en un espejo, con una prosa verdaderamente magistral, dejarán al lector pensativo y recordando estas frases mucho después de haber concluido el libro.
Hay una frase que hasta hoy recuerdo de mi lectura de “Sin destino” y que difícilmente podré borrar del dramático y crudo relato que magistralmente nos proporciona Kertész sobre su vivencia en Buchenwald y luego en el campo de Zeitz: “Sin embargo, ni la terquedad, ni las oraciones, ni nada pudo liberarme de una cosa: del hambre…Tenía un hueco, un espacio vacío, y quería, con todos mis esfuerzos, llenar ese espacio cada vez más vacío, aniquilar, silenciar el hambre. Mis ojos no veían otra cosa que comida, mis pensamientos, mis actos, todo mi ser se ocupaba exclusivamente de eso y si no me comía la madera, el hierro o los guijarros, era sólo por la imposibilidad de masticarlos o digerirlos”.

9788497843935_00_640x6404. MAX Y HELEN. EL HOLOCAUSTO Y UNA HISTORIA DE AMOR
(Simón Wiesenthal)

Destaco este hermoso y breve relato de Wiesethal por dos razones fundamentales.
La primera, porque revela, con una sutileza inigualable, los sufrimientos que una mujer está dispuesta a soportar por amor, incluso, en condiciones de miseria, abandono y humillación constante, y la segunda, porque eleva a Simón Wiesenthal a un pedestal que, al menos para mí, lo sitúa en un peldaño mucho más alto que un mero cazador de nazis, por la difícil decisión que adopta al conocer la historia que llega a sus oídos.

Concluida la guerra y reconocido ya como un incasable cazador de nazis, Wiesenthal es interceptado en un tren por un extraño, quien, tras las presentaciones de rigor, le dice que está en condiciones de poner en sus manos a un despiadado jerarca nazi, y de proporcionarle toda la información que necesite para demostrar que era un temible jefe de campo, y le explica, que en ese mismo momento el despiadado nazi está a cargo de una fábrica por la que coincidentemente pasa el tren donde se desarrolla este diálogo.

Pero el asunto no es tan sencillo. Le plantea que hay una condición indispensable para que acceda a contarle su historia, y es que si decide perseguir al criminal nazi por sus atrocidades y llevarlo a juicio, no podrá valerse por ningún motivo del testimonio de él ni de la mujer involucrada en la historia, ni involucrarlos en el proceso judicial de ninguna otra manera.

Por cierto que el relato de lo sucedido en el campo y de cómo esta persona y la misteriosa mujer llegó a conocer al temible nazi es escalofriante y revela, una vez más, lo que nuestros antepasados vivieron y experimentaron por eso que hoy, con tanto orgullo y convicción, llamamos, ser judío.

¿Qué secreto puede ser tan relevante como para no querer encarcelar y someter a juicio a este temible jerarca nazi?, ¿Qué puede llegar a hacer o no hacer un hombre por amor?

Este relato es de una humanidad y una intensidad entrañables.

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