Por Rabino Ariel Sigal

¡Ley reguladora o constitutiva!

Esta es la historia famosa sobre Raban Yojanan ben Zakai, el gran Sabio que vivió en la época de la destrucción del Segundo Templo. Un pagano romano le preguntó sobre el ritual de la vaca roja ¿No es esto una forma de brujería, remarcó el pagano? Yojanan respondió que, de hecho, es algo muy familiar para el pagano mismo: es una especie de versión judía de un ritual de exorcismo. La explicación de Yojanan satisfizo al pagano, pero una vez que el pagano se fue, los estudiantes de Yojanan lo presionaron aún más: “Maestro, ¡usted lo limpió con un trozo de paja! ¡¿Pero qué va a decirnos?” Yojanan les respondió: “¡No son los muertos los que profanan ni el agua lo que purifica! El Santo, bendito sea Él, dice: “He establecido un estatuto (jukah), he emitido un decreto. No se te permite transgredir mi decreto”- Bamidvar Rabbah 19:8.
En un tablero de ajedrez, las piezas están colocadas allí encima. Si no tuvieran un lugar específico sobre la cuadrícula o más aún, si no existieron tiempos y dinámicas para mover esas fichas, el juego no existiría. Más bien, se trataría de un adorno que retrata campos de batalla medievales. Las leyes crearon el juego, y sin ellas no hay ajedrez. Así es que la ley constitutiva que crea un fenómeno, y simplemente no lo regula.
Las leyes de Tuhma –impureza- y tahara –pureza-, no se refieren a estados del ser que existen independientemente del Tabernáculo, las leyes de la Torá y el mandato divino. Solo existen porque D-s ha estipulado que existen. Por ejemplo, Shabbat solo existe porque D-s así lo ordenó. No hay nada en la realidad física que haga al Shabbat diferente de todos los demás días. Es como sostener que un día determinado fue Shabbat por causa de la calidad de la luz o el aire o la temperatura. Las leyes de la pureza, como las leyes de la santidad, son constitutivas, no regulativas. Tuhma y tahara son categorías espirituales creadas por el mandato de D-s.
Así los conceptos de santidad y pureza, son principios organizadores de la mente sacerdotal, que representan la presencia percibida de la eternidad, lo infinito y la espiritualidad pura. Son los polos opuestos de lo que hacemos los humanos como mortales, finitos y físicos. La enfermedad de la piel, el flujo de la sangre menstrual, algún fluido corporal o el contacto con el cadáver es un transportador repulsivo. Es un estado desde el que salimos para entrar en el dominio de lo sagrado. No hay paganismo y tampoco es regular quién pertenece y quién queda afuera. Es constituir un marco para abrazar lo profundo e ideal de nuestra existencia.

 

Por Rabino Ariel Sigal