Día de la Madre:

Las milenarias historias de las madres judías

Desde la época bíblica, pasando por la dispersión en Europa, e incluso durante la Shoá, las madres judías han tenido un rol distintivo, que eleva el mito de la idishe mame más allá de los límites del folclore judío.

El gen de la idishe mame está instalado y parece no tener remedio. Es un rótulo que aprendió a asumir la madre judía, pero que encaja en todas las religiones y nacionalidades habidas y por haber.

Una antigua frase del folclore judío dice que la globalización no es una novedad para las idishes mames, porque ellas por los siglos de los siglos siempre han tenido que preocuparse por todo el mundo.

Asumidas o no, las idishe mames ellas cuidan de sus hijos, nietos, hermanos y medio árbol genealógico más, haciendo a un lado sus propios deseos, para luego reprocharlo por siempre.

Por eso en este nuevo Día de la Madre, el homenaje es para todas nuestras las idishe mames.

Madres judías en la Biblia
La historia de las cuatro esposas de los tres patriarcas: Sara, Rebeca, Raquel y Lea, se encuentra en el Libro de Génesis, entregando lineamientos de las madres judías originales.

SARA, esposa de Abraham, es la primera matriarca del pueblo de Israel que al no poder tener hijos por mucho tiempo decide poner a disposición del su esposo su esclava Hagar; a fin de que le dé un heredero pese a la amargura y a la humillación que le significaban. Sara era tan importante que Hashem le habló directamente (Génesis 18,15) mientras que a las otras profetisas les habló a través de un mensajero. Ella era una tzadeket (mujer justa) de semejante talla, que hasta los ángeles estaban a sus órdenes. Cuando el Rey Salomón compuso la canción de Eshet Jail, describiendo las alabanzas de la Mujer Virtuosa, hacía referencia a Sara.

REBECA, esposa de Isaac, dio a luz a los mellizos Jacobo y Esaú. Lo más predominante en ella es su carácter de absoluta seguridad en todo lo que hacía, y su convicción y absoluta dedicación a lo que consideraba que era justo. Era Rebeca quien actuaba, y pese a su fuerza de voluntad, no trató de dominar a su marido ni de aplastar su personalidad.

LEA, no era bella, como su hermana Raquel. Al no sentirse amada ni deseada, trata de ganar el afecto de su marido a través de la fidelidad y la dedicación. Lea fue, en muchos sentidos, la más infortunada de las matriarcas. Sin embargo, fue ella, más que Raquel, quien deseaba y amaba entrañablemente a Jacob. Siempre fue una mujer fiel que permaneció junto a su marido y lo acompañó en sus trabajos y sus luchas. Le dio la mayor parte de sus hijos y su amor era constante, estable y real.

RAQUEL era de “lindo semblante y de hermoso parecer”. Es el prototipo de la mujer amante y amada que despierta admiración apasionada y devoción constante y por quien Jacob tuvo que trabajar 14 años para Labán, su suegro, para ganarla como esposa. Raquel no había podido concebir, y aceptó entregarle a Jacob a BILHA. Raquel había implorado ininterrumpidamente a Hashem que le concediera hijos. “Hashem juzgó a Rajel y la consideró merecedora de un hijo”. Quedó embarazada y tuvo un varón, y lo llamó Josef.

Según el profesor Abraham Paskán, estas mujeres, así como en general el retrato de la mujer en la Biblia, lograban sus propósitos mediante la presión moral, la seducción, la amenaza, o por la simple fuerza de la personalidad. “Pero por regla general su influencia era de tipo sutil y persuasivo, que se hacía sentir inconscientemente en el momento crítico de la toma de las decisiones”.

Herencia genética

En la Edad Media, los judíos europeos comenzaron a llamar con el nombre de uno de los nietos de Noé, Ashkenaz, a sus correligionarios de origen alemán. Hasta ahora, se pensaba que las comunidades askenazíes (que actualmente constituyen el 80% de los judíos) habían sido fundadas por hombres procedentes de Oriente Medio, quizás comerciantes, y por las mujeres de cada población local, convertidas al judaísmo tras casarse con los recién llegados.

Sin embargo, un estudio publicado en American Journal of Human Genetics sugiere que los hombres y mujeres judíos emigraron a Europa juntos: casi la mitad de los ocho millones de askenazíes actuales desciende de tan sólo cuatro mujeres.

Los investigadores, genetistas de dos universidades israelíes y varias europeas, han llegado a esta conclusión tras examinar la información genética de 11.000 voluntarios procedentes de 67 localizaciones diferentes. En concreto, se estudiaron muestras de su ADN mitocondrial, que sólo se transmite por herencia materna, lo que lo convierte en “la herramienta perfecta para rastrear los linajes maternos”, ha explicado Doron Behar, uno de los investigadores.

Madres en el Holocausto

Nacidos en Mauthausen, de la escritora y periodista Wendy Holden, en un interesante libro que narra la historia de tres madres que dieron a luz a sus bebés en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Según ha dicho Holden, cuyo libro ha sido éxito de ventas, la obra “habla de cómo la guerra hace trizas los planes de tres mujeres que habían nacido en familias acomodadas, con una infancia y juventud felices, y de cómo tuvieron que enfrentarse a situaciones horrorosas, burlando a la muerte por una pura cuestión de suerte”.

Por LPI / El Mundo / Enlace Judío