Entrevista a sicóloga Gisela Fischman:

Las claves de “Sex & The Psiquis”

La profesional, que expuso en el pasado Limud, alerta sobre el efecto que se produce cuando los jóvenes mezclan consumo de alcohol y actividad sexual, ya que en este contexto comienza a desaparecer la conexión emocional.

Se define como argentina, mamá, judía y psicóloga. Vive en Chile hace 23 años y se dedica a la clínica de adultos y parejas, tanto en su consulta particular como en el Centro Chileno de Sexualidad. Ha dado charlas sobre temas de psicología y sexualidad en el Círculo Israelita, la Comunidad Sefaradí, Wizo y en Limud. Y además tiene una página web tan llamativa como interesante: Sex & The Psiquis (www.sexandthepsiquis.cl)

Su nombre es Gisela Fischman y, con casi 30 años de carrera, el área de sexualidad es su quinta especialidad, después del psicoanálisis, psicodiagnóstico, área laboral y terapia sistémica de parejas. “Soy curiosa por naturaleza, así que cuando me ofrecieron ingresar al Centro de Sexualidad lo vi como una oportunidad para seguir aprendiendo sobre un tema poco explorado”.

-¿Cuál es la situación hoy en día en materia de sexualidad y alcohol en los adolescentes?

-Hoy, la edad de inicio de consumo de alcohol es a los 13 años y la de inicio de la actividad sexual es de 16 años. La correlación es directa: a más alcohol, menor uso de anticonceptivos, mayor cantidad de ETS (enfermedades de transmisión sexual), violencia y accidentes de tránsito. Se han multiplicado los casos de SIDA y los embarazos adolescentes y, en el futuro, se incrementarán los casos de cirrosis. Por último, la secuencia es alcohol, sexo, cámara y exposición en internet. En suma, nuestros chicos están más vulnerables que nunca.

-¿Dentro del ambiente teóricamente más protegido de la comunidad judía, está pasando lo mismo que en otros contextos?

-Creo que mi generación vivía más en una burbuja, pero nuestros hijos están tan “globalizados” como los de cualquier otra colonia. Lo que antes funcionaba como placenta eran las Tnuot, el colegio, los padres y la idea de que los judíos comemos mucho y tomamos poco. Hoy los padres jóvenes y muchos madrijim toman, por ende, le dan legitimidad al alcohol, convirtiéndolo en parte del ritual de pasaje a la adolescencia.

-¿Los padres judíos están a la altura de las circunstancias, preparados y dispuestos a caminar este camino junto a sus hijos?

-Con la entrada de los hijos a la adolescencia, el contexto social adquiere mayor influencia sobre estos que los padres. Lo que en la infancia se imponía, ahora hay que negociarlo. Todo cambia: el cuerpo y sus demandas, la ambivalencia ante los papás, los temores que aumentan junto con la osadía. Además, la búsqueda de autonomía trae consigo la aparición de espacios íntimos, de una vida interna y externa secreta, a los que los padres ya no tenemos acceso. Eso puede ser muy angustiante y hay quienes reaccionan entrometiéndose en exceso (asfixiando) y quienes se distancian (abandonando). Entre medio, está toda la gama de reacciones en la que nos movemos los padres para lograr un cierto equilibrio en un proceso que se debate entre el logro de la autonomía y la mantención de lazos de dependencia sana con la familia. Ser padre de un adolescente hoy es como ser un equilibrista sin red, porque ya casi no existe la malla de contención que daban la familia extensa o la comunidad. Los padres también estamos muy solos.

-¿Qué rol le cabe a las instituciones, por ejemplo, colegios, sinagogas, ramas deportivas, etc?

-Creo que el rol de las instituciones es el de apoyar, integrar y contener a las familias. Las hay monoparentales, biparentales, homoparentales, y si bien cada una es un mundo, todas funcionan en un contexto social y es importante que lo que estas no alcanzan a dar a sus hijos, el resto de la comunidad pueda suplirlo, aunque sea en parte. No es justo culpar a los padres del consumo de alcohol de sus hijos y a la vez dejarlos solos. Hoy más que nunca aplica la frase ‘soy el guardián de mi hermano’. En nuestra comunidad, excelentes ejemplos son los del Instituto Hebreo y el Estadio Israelita, que en los últimos años han logrado incentivar el deporte en los niños y en sus familias. El deporte es un antídoto para varios problemas y es un fuerte aglutinador social.

-¿Qué tipo de intervenciones personales, familiares o institucionales sugerirías tú frente a este desafío?

-Una vez que el síntoma está instalado, la psicoterapia (individual y/o familiar) es fundamental. Respecto al alcohol y la sexualidad, creo que las campañas de educación sexual deberían abordar ambos temas en conjunto. Si a un adolescente le hablas de daño hepático o cerebral, no se le mueve un pelo. En su omnipotencia, es algo lejano, que no le va a pasar a él. Pero si le dices que si toma no va a tener una erección, al menos lo va a pensar dos veces. Entonces, primero hay que hablar de lo maravilloso que puede ser el sexo, del placer, del bienestar y del amor que puede darse en un encuentro íntimo con otro. Sin embargo, también hay que mostrarles que todo eso requiere de autocuidado y que se puede arruinar cuando se mezcla con el alcohol. A mayor presencia de alcohol, menor conexión emocional. Hay que enseñarles a afrontar el miedo al vínculo en vez de evadirlo con sustancias.

Por LPI.