Abraham Magendzo, Premio Nacional de Educación:

“Las ciencias humanas están algo desvalorizadas”

El destacado académico, ex director del Instituto Hebreo, entrega su mirada del sistema educativo, donde a su juicio se hace necesario enfatizar los conocimientos blandos, que para él son esenciales.

“Recibir el Premio Nacional de Educación es un orgullo grande que tomo con humildad. Habiendo sido alumno, profesor y director del Instituto Hebreo, habiendo sido hijo de rabino y habiendo estudiado y vivido en Israel, mi identidad con el pueblo judío, igual que la de toda mi familia, es muy grande. Por eso, que se me haya entregado este premio me hace sentir parte del Kidush Hashem, de haber contribuido a la santificación de D’s, como chileno y como judío. Por eso, también, quisiera compartir este premio con la comunidad judía, que además me apoyó masivamente adhiriendo a la postulación”.

Con estas palabras el profesor e investigador Abraham Magendzo Kolstrein describió a La Palabra Israelita su sentimiento por haber sido nominado Premio Nacional de Ciencias de la Educación, de acuerdo a lo que decidió por unanimidad el jurado que encabezó la ministra Adriana Delpiano.

La comisión evaluadora estuvo integrada además por el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi; los rectores de las universidades de Playa Ancha, Patricio Sanhueza, y Católica del Maule, Diego Durán, en representación del Consejo de Rectores (CRUCH); junto con Ramón Iván Núñez Prieto, Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2015.

De acuerdo con el acta, Magendzo obtuvo la distinción en consideración a “su trayectoria y reconocimiento a nivel nacional e internacional, como referente en materia de currículum escolar, educación en derechos humanos, educación ciudadana, convivencia escolar, resolución de conflictos, bullying y violencia escolar, siendo considerado como un innovador en aspectos clave del debate educativo actual”.

La ministra Delpiano además destacó que “su obra ha sido relevante en la producción de conocimiento, investigación y diseño de políticas educativas curriculares en Chile y en el extranjero”. Agregó que “su reflexión y práctica profesional han sido un aporte en la construcción de un país más democrático, inclusivo e integrado” y que “el profesor Magendzo siempre ha tenido disposición de apoyar a este Ministerio en diversas tareas”.

Desde 1996 Magendzo se desempeña como profesor e investigador de currículo en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, donde también es director académico del Programa de Doctorado en Educación y coordinador de la Cátedra UNESCO de Educación en Derechos Humanos. Además, a partir de 2015 es parte de consejo consultivo del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y ha sido consultor internacional y conferencista de UNESCO, la OEA, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, la Fundación Ford y el Instituto para la Democracia Luis Carlos Galván de Colombia y mantiene relaciones académicas con muchas universidades y centros de estudios en América Latina y Europa.

Es autor de alrededor de 70 libros, publicaciones y artículos académicos. Entre las distinciones que ha recibido destacan la Orden al Mérito Gabriela Mistral (2004), otorgada por el Gobierno de Chile a través del Ministerio de Educación, por su contribución en beneficio de la educación, la cultura y el enaltecimiento de la función docente.

Sorpresa y ansiedad

Magendzo reconoce que ante el anuncio del premio estaba algo ansioso. “Llegué a la universidad (Academia de Humanismo Cristiano) el día martes temprano, tenía una reunión del Doctorado en Educación, pero no alcancé a sentarme y me llamó la ministra, pidiéndome que fuera a su gabinete a recibir el premio. Lo bueno es que, como ya se habían entregado todos los Premios Nacionales y sólo quedaba el de Educación, por precaución ese día me fui al trabajo un poco más presentable que lo habitual”.

“En el taxi -agrega- ya venía muy emocionado. De hecho, se lo conté al chofer del taxi, que fue el primero en saber sobre el premio. Así que puedo decir que estaba medio preparado y ansioso, porque yo no fui el único que se presentó, había varios candidatos y uno siempre tiene dudas sobre los factores que pesan, si son solamente académicos o hay otros de tipo político o coyunturales, y eso es legítimo también”.

Tras reunirse con la comisión que lo nominó, Magendzo tuvo su estreno con la prensa: “Bueno, obviamente preguntaron algunas cosas para que pisara el palito, sobre la gratuidad, sobre el sistema educacional, etc. Son temas que más o menos conozco, así que pude responder”.

-Abraham, ¿se siente gratificado con este premio? Se lo preguntamos porque a veces hay académicos que prefieren el reconocimiento de sus pares y alumnos…

-Para mí es un orgullo, y también para la universidad, que fue la que me postuló. Es un premio que gratifica, porque reconoce el recorrido de toda una vida. Pero insisto, y no lo digo como palabras de buena crianza, recibo este premio con mucha humildad, y esto quiere decir que no me voy a cruzar de brazos y decir con esto terminé. Humildemente, mientras D’s me dé fuerza y salud, quiero seguir trabajando, enseñando, investigando y escribiendo.

Un asunto de vocación

Según relata Abraham Magendzo, su relación con el mundo de la educación no es una casualidad. “Esto tiene ciertamente una historia. Mi padre que fue el primer rabino de esta comunidad. Por otro lado, yo estaba ligado al movimiento juvenil Bnei Akiva y a los 19 años recibí una beca para ir al Majón le Madrijim a Jerusalén, donde aprendí en forma muy natural a transmitir y enseñar a los jóvenes judíos. Creo que ahí está el inicio de mi carrera como educador. Cuando volví a Chile ingresé al Pedagógico de la Chile a estudiar Educación y Orientación Vocacional y luego comencé a enseñar en el Instituto Hebreo, con bien pocos conocimientos pedagógicos en todo caso. Después me fui a Jerusalén becado a hacer una maestría en Educación en Historia Judía y más tarde a la Universidad de California a hacer mi doctorado en Educación”.

-Y a propósito de vocación, ¿cómo ve hoy día la vocación en nuestra comunidad y en Chile en general por la docencia?

-La educación, no solamente entre nosotros, sino en general en Chile, aunque no así en otros países, no ha sido reconocida como corresponde. Y por eso siempre han sido muy pocos los egresados del Instituto Hebreo que se han inclinado por la educación o la pedagogía. Y esto es evidente hoy más que nunca, salvo en lo que respecta a las educadoras de párvulo. Casi todos prefieren las ingenierías comerciales, civiles, medicina, etc. Y eso está bien, pero si nos fijamos, hoy ya no tenemos filósofos judíos, y el pueblo judío es el gran productor de filósofos en la historia humana. Entonces, parece que las ciencias humanas están algo desvalorizadas. En definitiva, esto es sintomático de algo que está pasando con el sistema en Chile.

-Entonces hay una situación compleja, ya que es sabido que tener buenos profesores y directores es clave para una educación de calidad…

-Hace poco en Valparaíso me hicieron una pregunta en esta línea, y claramente hay investigaciones que muestran que el maestro es una pieza central del proceso educativo. Se pueden introducir las mejores tecnologías, los mejores computadores, y no obstante eso, la relación profesor-alumno es vital. Entonces, todo lo que se pueda hacer para favorecer a los maestros es esencial. Pero en Chile los profesores no son valorizados, y eso no es sólo un asunto financiero, se trata también de la valoración que la sociedad hace de una persona o de una profesión.

Conocimientos blandos

Una de las líneas de trabajo de Abraham Magendzo durante los últimos años ha sido la educación de las habilidades o conocimientos blandos.

“En Chile y en varios países de Latinoamérica lo que se evalúa y valora son los objetivos académicos y cognitivos. Es cierto que saber sumar, saber ciencia y saber historia es importante, pero a mi entender una carencia fundamental de esta sociedad es la formación ciudadana. Basta ver los casos de personas prominentes que han caído en actos de corrupción, y eso se debe a que no son ciudadanos, a que carecen de cultura ciudadana, porque ciudadano quiere decir el que cuida a su ciudad”.

-¿Entonces los fenómenos de corrupción que hemos visto en el último tiempo son una consecuencia de una falta de trabajo en el sistema educativo sobre estos temas?

-Puedo decir con cierto grado de certeza que el sistema educativo ha fracasado en esto. El modelo ha estado muy centrado en los conocimientos duros y ha dejado de lado lo que algunos llaman el conocimiento blanco, pero que yo llamo el conocimiento esencial. Por ejemplo, es muy importante en la educación darle espacio a la relación con el otro, a la alteridad, y en estos temas se está haciendo poco. Es muy raro que se forme a los profesores en educación ciudadana, en derechos humanos, etc.

Archivos desclasificados

Abraham Magendzo fue director del Instituto Hebreo entre 1976 y 1983, un período que lo marcó enormemente. Aprovechando esta contingencia periodística, lo invitamos a desclasificar algunos archivos de su período.

“La dirección general es difícil para todos los directores. No se pasa bien, hay que tomar decisiones complejas, desde la selección de los profesores, etc. En mi época, una de las quejas fundamentales era la disciplina y obviamente en este tema y en otros el colegio está mejor hoy día que como estaba en esos años, gracias también al trabajo del director Sergio Herskovits. Pero volviendo a la disciplina, siempre me decían que ese era el gran problema del colegio y yo les respondía que para bien o para mal nosotros, los judíos, no somos un pueblo disciplinado, somos críticos y desobedientes. De hecho, una vez vino una apoderada a quejarse por la falta de disciplina y le di las explicaciones correspondientes, poro lo gracioso a fin de año en la fiesta de graduación me la encontré sentada en la primera fila, en los asientos reservados, saltándose toda norma, según ella porque tenía derecho por haber llegado primero”.

Pero a Magendzo también le tocó lidiar con las complejidades del Régimen Militar, cuando cada colegio recibía la visita de un oficial auditor (militar), y el Hebreo no era la excepción, pero sorteaban la situación colgando una foto de Pinochet para recibir al visitante.

“Bueno no es ningún secreto que yo era contrario al régimen militar. Y venían profesores buscar pega porque habían sido despedidos de otros colegios o de universidades por temas políticos. Yo revisaba sus antecedentes curriculares y si eran buenos los llevaba al directorio del Vaad Hajinuj y mi postura siempre fue que los buenos profesores eran un aporte para el colegio, independiente de si son de izquierda o de derecha”.

Por LPI.