Por Yonathan Nowogrodski:

La Shoá y su legado actual

Ya hace 72 años que el mundo enmudeció al descubrir la magnitud y extensión de la barbarie sufrida por millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, a manos de la deshumanizada y diabólica organización nazi. El 27 de enero de 1945 el ejército soviético liberó el más grande campo de extermino montado por el nazismo: Auschwitz-Birkenau.

Sólo al escribir estas líneas tiemblo al pensar el horror que vivieron nuestros hermanos y el dolor contenido en quienes lograron sobrevivir, para transformarse en mensajeros de la peor de las noticias: el ser humano puede ser el peor de los monstruos con sus propios congéneres.

En tiempos como los que vive hoy la humanidad, es aún más importante no olvidar que no importan las razones, no importan las circunstancias, nada justifica la construcción de odio en contra de grupos o personas, porque las vemos como amenaza o distintos.

Lo hemos vivido amargamente como pueblo, la violencia irracional, cuando ya has adobado adecuadamente las mentes con mentiras y prejuicios, es como esas llamas que arrasan hoy nuestros bosques y naturaleza. El fuego se vuelve incontrolable y destructivo dejando una huella que se transforma paradójicamente en un testimonio útil, que impide olvidar que el infierno puede instalarse otra vez en nuestro entorno.

Una “atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar”, señalaría el entonces Secretario general de la ONU, Kofi Annan, al recordar la Shoá, con motivo del establecimiento, cada 27 de enero, como el “Día Internacional de Recordación de las Víctimas del Holocausto”.

Eso ocurrió el 1º de noviembre de 2005, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó la resolución 60/7.

En el documento la ONU ratifica la Declaración Universal de Derechos Humanos, al señalar que toda persona tiene todos los derechos y libertades sin hacer distinción alguna de raza, religión o de ninguna otra especie.

La tragedia vivida por los judíos nos hace víctimas y sobretodo responsables de enarbolar las banderas de la libertad, de la igualdad, de la no discriminación. Si es necesario oponernos a la instalación en Chile o en cualquier parte del mundo donde haya un judío, de un sistema que deshumanice al otro, que lo anule o lo transforme en un objeto inanimado.

Nuestra voz debe escucharse fuerte cuando atacan a uno de los nuestros, pero también cuando agreden a cualquier ser humano por el sólo hecho de verse o parecer distinto.

Por eso, más allá de los cambios que vive nuestra institucionalidad, nuestra comunidad debe ser una sola a la hora de levantar la voz en pos la igualdad de género, de los derechos de las minorías, sean estas religiosas, nacionales, sexuales y de toda índole.

Representamos en ello el dolor de nuestros millones de víctimas, perseguidos y asesinados simplemente por ser judíos.

“La raza pura, el ser superior, son los ídolos sobre los que se conformó el nazismo, no es solo un problema geopolítico, existe también una cuestión religiosa-cultural, y cada judío que se mataba, era una bofetada al Ds vivo, en nombre de los ídolos.” La cita pertenece a Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, cuando siendo cardenal escribió el libro “Sobre el cielo y la tierra”.

Hoy los ídolos pueden ser otros, incluso los más perseguidos también, pero claramente estamos viviendo el resurgimiento de los nacionalismos, del temor hacia los migrantes, de la xenofobia, en definitiva, la generación de caricaturas, fase inicial para construir masas desalmadas.

El mundo vive, como dicen los expertos, un cambio de ciclo ¿Dónde estaremos cundo haya que tomar posición? ¿Cuáles son nuestras convicciones? ¿Tomaremos el camino de la indiferencia y el ostracismo o seremos sujetos activos en los sucesos que muy probablemente cuestionarán nuestros valores judaicos?

Como judíos, este Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, debe ser un día para reflexionar, no sólo por el pasado, sino también por el presente y cuál será nuestro papel ¿Daremos la espalda como hizo la mayor parte del mundo con nosotros o seremos el faro que impida que hechos tan deleznables como la Shoá, vuelvan a repetirse con otros?.

Por Yonathan Nowogrodski.
Director Ejecutivo de la Comunidad Judía de Chile (CJCh).