Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

La pizzería antisemita

Invito a pasar el fin de semana en la playa a un nieto de diez años.
¡Qué lindo salir a caminar con un niño que ya razona y está lleno de optimismo! Claro que en materia de fútbol parezco un ignorante frente a él. Este nieto, que tiene la suerte de tener los dos abuelitos vivos, posee un arma secreta.

—Zeide —me dice— mi otro abuelo, cuando salgo a pasear con él, siempre me compra de todo,arainguezogt(l).
Después de eso me rindo.

—Zeide, tengo hambre, quiero comer pizza.

Me siento en una banca a leer, le doy un par de billetes y corre a la pizzería que está muy cerca.

Al rato regresa sollozando y desconsolado, como los niños suelen hacerlo. Creí que había perdido el dinero o que se había golpeado.

—Zeide —me dice a través del llanto— llegué al negocio y el empleado me preguntó si era judío. Le dije por supuesto que sí. En ese caso, me dijo, el patrón me tiene estrictamente prohibido venderles.

Me sulfuro ante tanta discriminación y dolor que han causado a mi einikl(2). Quiero ir a la comisaría, al alcalde, llamar por teléfono al presidente del CREJ. Al final decido ir al negocio de pizzas con mi pequeña víctima del odio.

Me enfrento al vendedor para aclarar lo que me contó mi nieto.— Lo siento señor — me dice en tono respetuoso— pero mi patrón me ha autorizado a vender pizzas a los negros, a los coreanos, a los mapuches, a los cristianos, a los mormones, a los árabes, en fin, a todo el mundo, menos a los judíos. Discúlpeme pero si lo desobedezco me “cortan”(3) de inmediato.

—¡Esta es la peor discriminación que he sufrido en mi vida. Quiero hablar con su patrón!

—Pase a su oficina del fondo, pero va a perder el tiempo.

Yendo a la trastienda me imagino al neo-nazi o al fundamentalista islámico que voy a enfrentar. Casi me desmayo cuando veo a un anciano ortodojo que está rezando, con sus características peies y el caftán negro, y todavía “shoklt er zij”(4). Me hace un gesto para que lo deje terminar las oraciones vespertinas.

—¿Cómo es eso de negarle la venta de pizza a un niño judío, y estoy viendo que eres un israelita observante?

—Vart ois(5) —me dice— no te enojes. Lo que pasa es que tú no has probado las pizzas que yo vendo. Como el Talmud dice que cada judío es responsable del otro, no quiero que a tu nieto se le eche a perder el estómago.

No supe qué contestar a este caso de discriminación al revés.

1) Decir una indirecta satírica.
2) Nieto.
3) En jerga popular, perder el trabajo.
4) Movimiento que hacen los judíos devotos cuando rezan.
5) Espérame.

Por Benny Pilowsky Roffe.