Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

La huelga de los shnorrers

El otro día soñé que asistía a una verdadera Idishe Jasseneh (boda judía). Nada de eventos, hoteles de lujo, orquestas estridentes, menúes con nombres franceses. No, era una idisheEl otro día soñé que asistía a una verdadera Idishe Jasseneh (boda judía). Nada de eventos, hoteles de lujo, orquestas estridentes, menúes con nombres franceses. No, era una idishejasseneh tradicional de un judío observante, en su casaquinta de La Reina.

El ambiente era muy alegre porque se casaba la mezinke(1) de don Jacobo. Era algo genuino esta fiesta. Junto al guefilte fish había shmaltz herring(2) y lax (salmón), que ahora en Chile abunda. Sopa con kneidlaj, pollos rellenos y patos asados y un excelente vino kosher, no dulce, importado de Israel.De acuerdo con la costumbre había también una mesa para varios oremelait (gente pobre). Para don Jacobo era una tradición invariable que hubiera comida para algunos oremelait en todos los matrimonios de sus hijos.Ahora que se casaba la última y menor de sus hijos invitó a todos los desvalidos que vivían de Vicuña Mackenna al poniente.La jupá se estaba atrasando, porque los pobres no llegaban. Su chofer, Pedro, había ido a buscarlos en un minibús a Tarapacá 870.

La Kehilá era el punto de reunión de los invitados, cuya situación económica era mala y la de algunos discapacitados. Algo raro había sucedido, porque Pedro no regresaba.Por fin llegó el chofer, muy agitado.—Lo siento, don Jacobo, pero los pobres se niegan a venir a la fiesta, si no les paga cinco “lucas” a cada uno.El padre de la novia lo miraba incrédulo.—Sí —insistió Pedro—, si no hay pago, no quieren venir.Todos se reían, una huelga de pedigüeños.

Los líderes, según el mozo-chofer, eran Shmulke, el inválido, que usaba muletas, y Moishe, el ganef.(3)—A lo mejor los demás querían venir pero estos sinvergüenzas los han “aleonado”.Las carcajadas de los invitados legítimos iban subiendo de tono. Pero el dueño de casa estaba que hervía de rabia.—Takeh, desde cuando este “trabajo” se ha puesto tan caro —decía—.

¿No negociaste con ellos?—Perdone, patrón, pero no aceptan un peso menos.Don Jacobo empezó a discutir el asunto con sus invitados.—Podemos hacer la fiesta sin losshnorrers. ¿Quién los necesita? ¿Dónde se ha visto que los oremelait me impongan condiciones y tenga que negociar con ellos? Cinco lucas a cada uno, ¡qué jutzpá la de estos frescos! ¡Qué empiece la orquesta!Pero pronto se contradijo en sus órdenes. Al shames (asistente del rabino) le dijo que esperara otro poco, al rabino que tuviera paciencia. De a poco se fue pasando su ira. Me pidió a mí y otros dos amigos que fuéramos hasta la Kehilá.—Este Pedro es débil de carácter y no sirve para asuntos delicados. Por favor vayan ustedes, aquí tienen las llaves del Ford Taurus(4), a Tarapacá, porque en todos los casamientos de mis hijos no han faltado los pobres. Ahora que caso a la menor, no quiero que haya una excepción a esta hermosa costumbre que traje del Alter Heim (viejo hogar, es decir, Europa).Nos fuimos riendo hasta Tarapacá de las “patas” de estos frescos. ¿Qué trabajo es comer y beber? Miren qué extorsión, aprovechadores de la bondad de don Jacobo.¡Oh témpora, oh mores! Los shnorrers han organizado un sindicato. ¡Qué les parece! Que se declaren en huelga los trabajadores en el sistema de libre mercado es comprensible, ya que quieren mejores salarios y condiciones de trabajo; pero estos “paracaidistas” que quieren cobrar por saciarse con comidas, licores y divertirse es como para que figure en el libro de récords de Guiness.No había mucho tráfico y en media hora estuvimos en la Kehilá. Encontramos como a cincuenta de los oremelait. así que debíamos avisarle a don Jacobo para que mandara varios minibuses o autos para los invitados, ya que arrendar un bus grande era muy tarde para hacerlo. Shmulke les empezó a golpear el auto con sus muletas.

Moishe, el ganef, gritaba:—Vean, han venido a rogarnos.—¿Por qué no quieren ir al casamiento? Saben, vamos a conseguir que además les den una propina para que puedan volver a sus casas.—¿Cuánto? —preguntaron a coro.—¿Cómo que cuánto? —les dije con tono diplomático—. Lo que les den estará bien.—No —gritaron—, o cinco lucas o no vamos.—Sha, sha —los conminó Moishe-—Miren, estimados amigos— así nos trataron los frescos— no nos moveremos si no prometen darnos lo que pedimos. Es su último casamiento de hijos y dónde puede conseguir don Jacobo otros pobres a esta hora? ¡No hay tiempo! ¡Qué se han creído, porque somos oremelait pueden hacer lo que se les dé la gana! ¡Ni el comisario de Carabineros puede obligarnos a asistir a una fiesta si no queremos!—¡Cinco lucas! —gritaron a coro todos los patudos.Pedimos el teléfono prestado en el ex Círculo y llamamos a don Jacobo para explicarle que nada podíamos hacer con estos sublevados, que la pista estaba muy pesada porque los “líderes” les habían hecho perder la razón. Están vueltos unos mishugueners (chiflados)—Bueno —dijo don Jacobo— acepten todo lo que piden. Ya salieron varios autos a buscarlos. He juntado el efectivo necesario.Les anunciamos la aceptación de lo que pedían a los shnorrers y ellos gritaron sus voces de victoria. Por primera vez, y tal vez la última, sus palabras eran firmes porque consiguieron lo que querían.Después de la Jupá, los invitados se sentaron a comer. Los oremelait estaban en mesas separadas, pero don Jacobo y otros miembros de la familia los atendían y les traían comida y vino para ellos.—¡Lejaim, don Jacobo! —gritaban los pobres—. Que tenga muchos najes de sus hijos.—Lejaim, hermanos judíos! —les contestaba el dueño de la fiesta—. Que nuestro querido Adonai ayude a todo Israel y especialmente a ustedes.Después de la comida, la orquesta entonó alegres melodías judías y Reb Jacobo bailó una ronda con los oremelait.Nunca en su vida el balebos(5) se sintió tan feliz. Sus ojos brillaban a través de las lágrimas de alegría.Se reía como un niño y abrazaba a los oremelait como si fueran sus parientes cercanos.Todos los invitados hacían palmas.Takeh, esta es la forma cómo un judío celebra una jásene(6).

1) La hija menor.

2) Arenques grasosos.

3) Ladrón, carterista.

4) Espero que donde la Ford me traten mejor después de esta propaganda gratuita.

5) Dueño de casa.

6) Boda judía.

Por Benny Pilowsky Roffe.