Por Rabino Ariel Sigal:

La Historia Repetida

Los niños absorben e imitan todo lo que ven y oyen, y así cualquiera puede convertirse en su modelo a seguir. La Torá cuenta “Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abraham a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra” Bereshit 12:10. Y Nahmanides, s. XIII Bereshit 12:6, señala: “El actuar de los padres es un signo para los hijos”. El descenso de Abraham a Egipto y su regreso, es idéntico al hecho de que los israelitas descienden a Egipto y su posterior éxodo.

En un cálculo aproximado de 430 años, la historia se repite. Abraham baja a Egipto a vivir -Bereshit 12:10; los hijos de Israel también – ídem 47:4. D’s aflige al Faraón en tiempos de Abraham – ídem 12:17; también aflige en tiempos de los Hijos de Israel – Shmot 11:1. A causa de ello, el Faraón expulsa a Abraham de Egipto y otro Faraón expulsará a los Hijos de Israel de Egipto. Abraham sube de allí con ganado, plata y oro – Bereshit 13:2; los hijos de Israel también – Shmot 12:37. Al primer lugar que arribará Abraham es el Neguev – Bereshit 13:3, en tanto los hijos de Israel repetirán la escena – Bamidvar 13:17.

Conservamos una inmensa y secreta fidelidad a nuestra historia e identidad familiar. Tenemos miedo de cambiar el libreto y proponer algo diferente en la vida. El molde, es aquél heredado en sueños de nuestros progenitores. En formato de profecía o insatisfacción, conservamos una línea sucesiva de acontecimientos lineales por generaciones. No se trata de coleccionar recuerdos e historias, sino de transformarlos en algo valioso para la vida. Ser herederos de historias familiares es un desafío de equilibrio emocional sin dolor y sin culpa. El respeto, el amor y la plenitud son la consigna del presente. Las situaciones del pasado, se describen con emociones y palabras del presente para entender que no son sólo parámetros los que se ejecutan a través del tiempo. La historia de Abraham no es sólo cumplir mandatos, tampoco suplir frustraciones de nuestros padres esclavizados en Egipto. Es descubrir que, en cada palabra de sensibilidad y amor por nuestras raíces, nuestras alas sanan y se tornan fuertes para invitarnos a soñar.

Por Rabino Ariel Sigal.