Documental “El regreso”:

La historia de los Kychenthal en la TV de Alemania

Lo que comenzó como una tesis de grado de un estudiante de periodismo germano, terminó con una producción audiovisual que se transmitió en horario prime en la Deutsche Welle Norte, y que Hans Kychenthal comparte de tanto en tanto con los que se interesan en esta historia.

“El regreso”. Este es el nombre del documental preparado por la televisión alemana hace un par de años para conmemorar los 75 años de la Noche de los Cristales Rotos.

Hans Kychenthal. Este es el “protagonista“ de una historia que retrata la expropiación patrimonial que sufrieron los judíos durante el régimen nazi.

Y si bien el documental se transmitió en horario prime en Alemania, en Chile es poco conocido, aunque su “protagonista” lo ha mostrado en B´nai B’rith y en Limud, además de algunos grupos de amigos que se lo han solicitado.

“Yo lo muestro cuando me lo piden, porque creo que es lo mínimo, aunque esto me ha producido algunos estragos en lo personal”, reconoce Hans Kychenthal.

La producción audiovisual, de 30 minutos de duración, es un intento de recrear la historia de los Kychenthal, el abuelo y el padre de Hans, en la época del nazismo, y particularmente durante el último año que el padre de Hans pasó en Alemania, antes de viajar a Chile.

“El documental consiste en un racconto, principalmente del año que pasa mi padre desde que lo encarcelan después de la Noche de los Cristales, pasando por la pérdida de su negocio, y hasta su llegada a Chile. Y todo esto matizado con mi viaje a su ciudad natal”.

-¿Cómo surge este proyecto?

-Es una historia algo curiosa. Un estudiante de periodismo tenía que hacer su tesis de graduación en Alemania y le preguntó a su profesor qué podía hacer. Este le sugirió investigar la historia de dos familias de Schwerin, los Blumenthal o los Kychenthal. Este estudiante, llamado Matthias Baerens, ubicó los apellidos y primero llamó a los Blumenthal, en Australia, pero cuando se identificó como alemán simplemente le colgaron el teléfono. Y luego me llamó a mí, que andaba con mi señora de viaje en Hong Kong. Lo atendí y me preguntó si tenía algunos documentos de la época de la Guerra, y cuando le dije que sí me preguntó si lo podía recibir en Chile para revisarlos.

“Básicamente la tesis trataba sobre el proceso de cómo le quitaron o expropiaron sus propiedades y negocios a mi abuelo, a mi padre y a sus familias. Con nuestra mentalidad chilena pensamos que no iba a venir nunca, así que incluso le ofrecimos una habitación en nuestra casa con un computador y todo lo necesario para trabajar en su tesis. Luego nos olvidamos de esta invitación, pero de pronto una noche recibimos una llamada de Matthias, diciendo que estaba embarcando rumbo a Chile”.

-¿Cómo fue esto de recibir a un extraño que investigaba la era nazi?

-Fue extraño. Cuando llegó dijo que venía máximo por 5 días. Le mostré los documentos, unos archivadores grandes que tengo guardados en mi casa, todo en alemán. Él comenzó a revisar el material y los 5 días se transformaron en 30 días. Descubrió que teníamos cerca de 8.000 documentos, y esto se debe a que mi madre era secretaria profesional y llevaba toda la correspondencia de mi padre y archivaba cada carta con su respectiva respuesta.

-¿Qué se logró en esta investigación?

-Se logró reconstruir el último año de mi padre en Alemania, casi día por día. Fue un trabajo periodístico encomiable, si hasta encontró los boletos de tren, porque mi padre había guardado todo.

Años conflictivos

Hans recuerda que su padre peleó por Alemania en la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1918. “Él y sus amigos, la mayoría no judíos, decidieron presentarse voluntariamente al servicio militar para no ser llamados obligatoriamente, lo que significaría que podían tener un trato mucho peor como cobardes. Pasó los años en la Guerra mandado por un sargento judío, que lo mandó al frente todos los días, pero mi papá sobrevivió”.

“Mi padre y mi madre –agrega- no hablaban mucho de esos años, y si hablaban era sólo de los buenos tiempos. Mi mamá contaba las peripecias de la Primera Guerra Mundial, pero casi nada de los nazis. Por eso, la llegada de este periodista me hizo conocer un mundo de horror, que es justamente el que mis padres quisieron evitar, y por eso lo ocultaron. De hecho, mi padre me contó más de la Primera Guerra Mundial qué de la era nazi. Tal vez lo único que me contó es que luego de llevárselo preso tras la Noche de los Cristales Rotos, le dieron un uniforme a rayas le pasaron un cepillo de dientes para que limpiara el piso”.

Pero la verdadera historia de estos años estaba oculta en los documentos que Hans guarda en su casa. Los Kychenthal tenían en Alemania un patrimonio de unos 150.000 marcos, producto de la venta de sus propiedades por presión de los nazis. Y obviamente llegó el momento en que el dinero fue bloqueado. El abuelo de Hans logró usar sus últimos 50.000 marcos para asegurarse un hospedaje digno, pero igualmente terminó en Terezín. Y el padre de Hans, tras largas humillaciones, consiguió una visa para Chile, hasta donde llegó con 4 maletas, 8.000 documentos y la esperanza de que su container con recuerdos y obras de arte fuera liberado desde Bremen, cosa que no sucedió.

Documental

Luego de que Matthias Baerens terminara su tesis, mantuvo un cierto contacto con los Kychenthal, y hace un par de años se contactó para pedir autorización para hacer un documental en la televisión alemana, en el marco de la conmemoración de los 75 años de la Noche der los Cristales Rotos.

“Me pareció importante que esto se conociera. Yo también he llegado al convencimiento de que todo lo que pasó en la Guerra fue un robo grotesco. Es cosa de ver lo que hicieron con los judíos y con los rusos, ni siquiera les daban de comer, porque preferían quedarse con ese dinero y evitar el gasto. A los judíos les robaron lo que quisieron y les expropiaron lo que quisieron. La tesis de este estudiante me abrió más los ojos por lo que habían pasado mi abuelo y mi padre. De hecho, mi padre sólo salió de la cárcel cuando firmó el documento en que renunciaba a lo que le quedaba de patrimonio”.

El equipo de la TV alemana realizó filmaciones con Hans y su esposa Úrsula en los barrios de Valparaíso de su niñez, en su empresa de regalos corporativos y finalmente en el condado de Schwerin, donde se desarrolló la trama de la historia familiar.

“Al principio yo no creía que lo iban a dar, pero finalmente hace un par de años atrás se transmitió en horario de máxima audiencia en la Deutsche Welle Norte. Posteriormente me invitaron a un festival de cine en Alemania, en el cual una noche se dedica a la televisión alemana para que muestren sus producciones. Mostraron dos documentales, uno de los atletas nazis y su dopaje, y luego el documental de mi familia, que tuvo que ser cambiado de una sala pequeña para 40 personas a la sala principal de 200 asientos”.

-¿Cómo reaccionaron los alemanes al conocer esta historia?

-Fuimos a presentarnos a un colegio y me llamó la atención una pregunta que hizo uno de los estudiantes: “¿Y usted después de todo lo que ha pasado sigue siendo judío? Yo creo que eso resume toda esta vivencia, y le respondí que hubo algunos judíos que renunciaron, otros que sigan siendo judíos porque nacieron así y otros que fortalecieron su identidad a partir de esta experiencia.

-¿Qué le ha dejado la experiencia del documental?

-Yo lo muestro cuando me lo piden, porque creo que es lo mínimo, aunque esto me ha producido algunos estragos en lo personal. Me ha afectado bastante, pero incluso para bien. Mi padre llegó a Chile sin nada, en realidad un tío de dio todos sus ahorros: un dólar. Vivió muy modestamente, trabajó como burro para surgir. Hoy es difícil transmitir esto, decirles a los hijos que uno comió por años lo mismo. Bueno, esa es la experiencia de los padres, la misma que tuvieron los padres de mis amigos. Para nadie fue fácil. Pero acá estamos.

 

Shoah,
el mega documental

Shoah es la madre del cordero de todas las películas sobre Auschwitz, y el único documental de nueve horas y media. En un intento de documentar lo innombrable, Claude Lanzmann -doctor en filosofía especializado en Leibniz, examante de Simone de Beauvoir- entrevista a supervivientes del Holocausto. Pero ojo: no sólo a las víctimas, también a los perpetradores y a muchos de los polacos que vivían a su alrededor. Después de su estreno en París, el gobierno polaco pidió al francés que prohibiera la cinta, mientras que Mijaíl Gorbachov la mandó programar por todas las ciudades de la Unión Soviética.

Lanzmann era judío supermilitante, pero Shoah no fue idea suya, sino de su amigo Alouph Hareven, un ensayista que entonces trabajaba en el Ministerio de Exteriores de Israel. La idea: hacer una película sobre el Holocausto desde el punto de vista de los judíos, una película que no es sobre la Shoah, sino que es la Shoah. Porque Shoah significa catástrofe en hebreo, y es un sumario de la tesis final del proyecto: el Holocausto no sólo ha ocurrido, sino que podría volver a ocurrir, en cualquier otro momento y en cualquier otro lugar.

Extrañamente, la película es bellísima, incluso melancólica. La asombrosa historia de cómo se produjo y la más asombrosa historia de lo que pasó después la cuenta el propio Lanzmann en su libro de memorias, La liebre de la Patagonia (Biblioteca Formentor, 2011).

Por LPI.