Hacerse cargo de hijos y padres:

La generación sandwich y sus grandes desafíos

Entre los 35 y los 55 años la vida es intensa, debido a las grandes exigencias laborales y la necesidad de afrontar económica y emocionalmente la crianza y educación de los hijos y la jubilación y envejecimiento de los padres.

La generación sándwich está definida por aquel segmento entre 35 y 55 años, aproximadamente, que, por diferentes motivos, tales como el aumento de la esperanza de vida, la tardía partida de los hijos del hogar o el aplazamiento de la maternidad, tienen que mantener de manera paralela, tanto a sus padres como a sus hijos.

El concepto fue acuñado por primera vez en 1981 por la trabajadora social Dorothy Miller. En esa época hacía referencia solo a mujeres que debían cuidar tanto de hijos como de padres, pero hoy el concepto incluye a ambos sexos. Según especialistas esto tiene ciertas consecuencias, no solo económicas, sino que también físicas y sicológicas.

En Chile se estima que una persona estará en la generación sándwich durante casi la mitad de su vida. Según los especialistas, pertenecer a la generación sándwich puede ser algo extremadamente difícil, sobre todo porque la presión y el estrés generado en nosotros puede sobrepasarnos.

Desafío para las madres

Las madres de 35-54 años de la generación sándwich, personas que balancean las responsabilidades exigentes y delicadas de cuidar sus hijos y sus padres a la misma vez, sienten más estrés que cualquier otro grupo de mujeres, según los estudios de la Asociación Americana de Psicología (APA). Y aunque dos de cada cinco hombres y mujeres en este grupo de edad se sienten agotados, la encuesta revela que más mujeres que hombres reportan pasar por estrés extremo y dicen que no manejan su estrés bien.

Casi el 40 por ciento de las personas que tienen entre 35-54 años reportan niveles extremos de estrés (comparado al 29 por ciento de personas entre 18-34 años y el 25 por ciento de personas mayores de 55 años). Este estrés afecta no solo a las relaciones personales —el 83 por ciento dice que su relación con su pareja, hijo/a y familia es la fuente principal de su estrés— pero también afecta su mismo bienestar, ya que estas personas luchan para cuidarse.

“No es sorprendente que tantas personas en ese grupo de edad sientan estrés”, dice la psicóloga Katherine Nordal, PhD, directora ejecutiva para la práctica profesional de la APA. “Preocuparse por la salud de sus padres, y el bienestar de sus hijos, además de la preocupación financiera de mandar a sus hijos a la universidad y ahorrar dinero para su propia jubilación es un cargo enorme”.

La APA ofrece una serie de recomendaciones que pueden ayudar a las madres a manejar su estrés: Identifique los factores que le generan estrés, reconozca cómo usted maneja el estrés, ponga las cosas en perspectiva, ponga a sus prioridades en orden y delegue responsabilidades, identifique las maneras en que su familia y amigos le pueden ayudar para disminuir su cargo, decida posponer o no hacer cosas menos importantes, busque maneras saludables para manejar el estrés, recuerde que los comportamientos dañinos se desarrollan a través del tiempo y pueden ser difíciles de cambiar, concéntrese en cambiar un comportamiento a la vez, manténgase en contacto con sus amigos y familia, pida apoyo profesional.

Una realidad para Reshet

Sandra Steuermann, coordinadora del equipo de trabajadoras sociales de Reshet, comenta que el concepto de generación sandwich es algo bien conocido y que en esta institución les toca abordar muchos casos de este tipo, donde la familia tiene que ingresar a los mayores a un hogar y a la vez ocuparse de pagar el colegio de los niños.

“Uno de los problemas es que la generación mayor nunca pensó que iba a vivir tanto y no fue precavida en la parte financiera. Por eso ahora se habla de la cuarta edad, gente que está viviendo mucho más y a los hijos muchas veces les toca tener que ayudar. En realidad, a la gran mayoría de las familias les toca hacerse cargo de una u otra manera de sus padres en edad mayor”.

La profesional explica que este fenómeno se da en distintos rangos etarios. “Hay gente que todavía tiene niños en el colegio y que está haciéndose cargo además de sus padres, gente que tiene niños en la universidad y tiene que ocuparse de sus padres, e incluso muchas veces los nietos tienen que aportar para el cuidado de sus abuelos”

-Más allá de lo económico, ¿cómo incide este fenómeno en el ámbito emocional?

-La parte emocional se maneja en forma similar, porque desde siempre, de una u otra forma, los hijos terminan haciéndose cargo de sus padres, ya sea emocionalmente o económicamente. Los adultos mayores se sienten solos, dejan de trabajar y están mucho tiempo desocupados, y por lo tanto requieren mayor atención de esta generación, que a su vez trabaja, tienen exigencias laborales y tienen hijos de qué preocuparse. En general, es efectivo que aparte del apoyo económico tiene que haber también un apoyo emocional, buscándole a los mayores otro tipo de actividades, grupo de pertenencia, etc.

-¿Cómo afronta la generación sándwich la disyuntiva de tener recursos limitados para hacerse cargo de padres e hijos?

-En el fondo uno no puede descuidar ni a los hijos ni a los padres, y hay que tratar de nivelar la balanza, porque muchas veces pasa que una persona gana un buen sueldo, pero tiene que dividirlo entre el colegio de los hijos y ayudar a los padres, y al final termina pidiendo beca en el colegio o pidiendo beca en un hogar, porque a fin de cuentas no es nada sencillo pagar la escolaridad de los hijos y el costo de una residencia.

-¿Y las instituciones judías están conscientes de esto?

-Claro, pero más que entender el problema es un tema de transparencia, y obviamente si uno explica la situación en que está hay disposición de ayudar, y por lo mismo mucha gente también acude a Reshet frente a este tipo de situaciones, porque como todos saben Reshet apoya a gente de todo tipo, de clase media alta, clase media media y clase media baja.

-¿Y cómo viven este tema los adultos mayores que están recibiendo ayuda de sus hijos?

-La verdad es que les complica mucho. En general a todos les cuesta mucho pedir ayuda a sus hijos, porque no quieren molestarlos. Otros incluso tratan de privilegiar el bienestar de los nietos y se ponen en un segundo plano… Lo que hay que entender es que finalmente nosotros somos los que tenemos que hacernos cargo de nuestros padres y no las instituciones. En ese sentido, incluso los nietos pueden ayudar, tal vez no en la parte monetaria, pero sí por ejemplo en acompañar, en los traslados al doctor, llevándolos a los exámenes, realizando sus trámites, etc.

-¿Cómo se le explica este tema a los niños más pequeños que a lo mejor no van a poder ir de vacaciones al extranjero porque también hay que financiar y apoyar a los abuelitos?

-Bueno, yo creo que cada familia tiene su manera de hacerlo. En ese sentido, nosotros como Reshet no les damos ninguna indicación. Pero creo que eso se va inculcando en la familia y hay que presentarlo como un valor, y si a lo mejor tu amigo va a ir a Estados Unidos, nosotros vamos a ir a Viña porque vamos a llevar a los abuelitos de vacaciones.

-O sea que hacerse cargo de los abuelos también genera una recompensa emocional para los nietos…

-Sí, pero incluso hay que tomar en cuenta que algunos abuelos terminan haciéndose cargo de sus nietos. Es decir, papás que trabajan largas jornadas y que necesitan de la ayuda de sus propios padres para ver a los hijos. Esto también es una realidad…

La mirada de Beit Israel

Soy Yael Speisky, a mis 40 años muchos coetáneos a mi -o cercanos- se encuentran en esta situación. Ahora bien…… Es importante aclarar que estas palabras las escribo desde mi propia causa, mi padre, mi marido, mis hijos, mi familia, Logramos encontrar el equilibrio del sándwich gracias a la Residencia Beit Israel.

Como enfrento el “factor sándwich”?

El stress de ser padre de tus hij@s e hij@ de tus padres y responsable de ambos lados del tronco familiar, produce roces graves en muchos aspectos; relación de pareja, social, laboral, etc.. Pero creo que con el paso del tiempo y con la creación de instituciones apropiadas para vivir una vejez digna, esta “sensación de hacerse cargo” se reduce, o quizás es mejor llevada. Pues con la ayuda adecuada, todas las partes del sándwich abuelos, hijos y nietos logramos aprender y transmitir que todos seguimos creciendo y viviendo mientras sigamos avanzado y que la única vejez que existe se produce al detenerse.

Si enfrentamos la vejez, el desarrollo personal y el crecimiento de los hijos con el respeto y dignidad que todas las partes de esta ecuación merecen, escogiendo los espacios e instituciones que nuestra comunidad nos ofrece, se produce como consecuencia que, la relación de duplicidad en la responsabilidad sea más ligera. Que es otra bella manifestación de vivir en comunidad.

Por LPI