Por Gachi Waingortin:

¿La fe es un sucedáneo del Alprazolam?

Muchos ateos y agnósticos creen que sí. Y además, más barato y sin efectos colaterales. D´s viene a ser un comodín para responder todas aquellas preguntas que no tienen respuesta. Para mantener a la gente bajo dominio, en la ignorancia y esperando que sus problemas se resuelvan “en el más allá”. El opio de los pueblos. Alprazolam.

Y sin embargo, mucha gente inteligente y sensible es creyente. ¿Podemos tener la honestidad intelectual como para aceptar que hay cosas que aún no sabemos o que definitivamente nunca sabremos? ¿O debemos, en todos los casos, “inventar” a D´s para que nos dé las respuestas?

Aprendimos de Micah Goodman que D´s está más allá del plano de las ciencias naturales. Al ser la naturaleza un ámbito secular, podemos analizarla e intentar comprenderla. Si queda algún tema sin resolver, más tarde o más temprano encontraremos la solución. D´s no es necesario para comprender el mundo, lo que necesitamos es investigación y paciencia para llegar a saber y humildad para aceptar que podemos no llegar a saberlo todo.

D´s tranquiliza porque da respuesta a la injusticia del mundo. Es cierto, el mundo dista mucho de ser un lugar justo, suceden cosas que están totalmente fuera de nuestra concepción de justicia. El ateo dirá que otra vez usamos el comodín: no busques justicia acá, espera y la tendrás allá. La Torá (Deut. 16:20) dice “Tzedek tzedek tirdof”, justicia, justicia perseguirás. Esta indicación divina nos impele a buscar y perseguir la justicia. Y el Talmud trata de explicar la repetición diciendo, entre muchas otras interpretaciones, que se refiere a la justicia terrena y la divina. Tenemos entonces la obligación, no de consentir con la injusticia acá y relegarla al más allá, sino de buscarla acá y confiar en la de allá.

Cuando vemos que la gente buena sufre y los malos disfrutan sin arrepentirse, sentimos que la vida es una ecuación con muchas incógnitas y pocos datos. La idea de la vida eterna es el dato que falta para que la ecuación cierre. Necesitamos concebir una realidad donde estén los datos faltantes. La justicia divina debe, necesariamente, darse en otra dimensión que no es la terrena. El concepto de olam habá, del mundo venidero, donde D´s sí haga justicia, se hace imprescindible. Pero eso no nos exime de perseguir la justicia aquí y ahora.

La ignorancia es otra cosa de la cual se suele culpar a la religión. Sin embargo, el judaísmo está obsesionado con la democratización de la cultura, del conocimiento. Es una característica esencial del pueblo judío, en el cual no existe el analfabetismo, pues los niños aprenden a leer desde la más temprana edad. La Inquisición detectaba judíos buscando libros en las casas. Era la evidencia perfecta: si tiene libros, es judío. Aun el campesino judío más pobre tenía libros en su casa. Todo judío tiene acceso directo a los textos sagrados.

No necesariamente la fe nos da tranquilidad. Micah Goodman dice que la búsqueda de D´s no nos lleva a encontrar a D´s sino a toparnos con una barrera infranqueable. Buscar a D´s es alcanzar esa frontera, el límite de nuestro conocimiento. En esa barrera, en tomar conciencia de ese límite, está la experiencia religiosa. Es la experiencia de darse cuenta de que hay algo más allá de uno mismo. Pero esto genera incertidumbre. La vida es incertidumbre. A D’s no lo conozco y no lo manejo, está más allá de mí.

Es más tranquilizador pretender conocer a D´s, manejarlo, que me haga caso en todo lo que le pido, asumir que debo entender por qué las cosas suceden, que debe darme explicaciones. Pero eso es tener a D´s de secretario. El monoteísmo judío bien entendido, una fe madura, deja lugar para la incertidumbre. La certeza absoluta se la dejamos a D´s.

La fe es un talento, no todos lo tienen. Hay agnósticos que pagarían por creer pero simplemente no pueden. ¿Tienen negada la posibilidad de ser judíos? Abraham Infeld dice que el judaísmo no es una religión. Que hay decenas de formas de ser judío independiente de la idea que cada uno tenga de D´s. David Hartman dice que lo que realmente importa no es D´s sino la Halajá, la manera como vivimos. Lo importante es vivir una vida judía. La religión es significativa si la vida lo es. Shabat, Kashrut, un estilo de vida judía, hace la vida significativa.

El rabino Nathan Lopes Cardozo cuenta acerca de una persona atea que iba a rezar todos los días a su sinagoga, se ponía tefilín, comía kasher. Y esto es lo que respondía cuando le preguntaban por qué lo hacía, si no creía en D´s: “De hecho, no creo en D´s, pero creo en el judaísmo. Es la mejor religión que ha aparecido en el mundo. Ha contribuido más a la ética que cualquier otra religión o cultura, y es nuestra obligación, nuestra deuda para con el mundo, mantenerlo vivo. Si los judíos lo abandonamos, el mundo será mucho más pobre. Por eso vengo a la sinagoga, como kasher y observo el Shabat. Si no lo hago, seré culpable de destruir una de las cosas más hermosas con las que el mundo ha sido bendecido. Que sea dado por D´s o no, realmente no me interesa”.

D´s no es Alprazolam, es trascendencia. El judaísmo es una lente maravillosa con la cual mirar el mundo. Quien necesite certezas para enfrentar la vida, puede encontrarlas en D´s. Quien no cree, puede participar de la maravillosa experiencia de vivir una vida judía que lo llenará de significado. Pero podemos creer en D´s y aceptar la incertidumbre, la finitud de la vida, la impotencia del ser humano ante el poder absoluto de D´s. D´s nos provee la inspiración para perseguir la justicia, para enfrentar los dilemas de la vida con esperanza, para sentir que la vida sí tiene valor pese a su finitud y a la incertidumbre que inevitablemente conlleva.

Por Gachi Waingortin.