Adolf Rosenberger:

La desconocida conexión judía con Porsche

Porsche debe ser una de las marcas de automóviles más reconocidas y admiradas del mundo. Se le asocia con velocidad, elegancia y lujo. Marca alemana por excelencia, sugiere la precisión y fuerza que caracteriza a la nación centroeuropea. La empresa ha llegado a ser la de mayor utilidad por vehículo en el mundo hace algunos años.

Fundada en 1931 por Ferdinand Porsche, sus descendientes aún controlan la empresa. Esa es al menos la historia más difundida. Más desconocido, es que hubo otro fundador fundamental en la historia de Porsche, un judío alemán llamado Adolf Rosenberger.

Adolf Rosenberger nació en Pforzheim, Alemania en 1900. De familia acaudalada, se deslumbró desde joven con los automóviles. Un hábil piloto de carreras, ganó diversas competiciones en los 1920’s. El destino quiso que en aquellos años los caminos de ambos fundadores se cruzaran: Ferdinand Porsche como diseñador de Mercedes y Adolf como piloto de carreras de esta firma. Porsche era un reputado y exigente ingeniero, pero no tenía los medios económicos para realizar sus sueños e independizarse. Afortunadamente, Rosenberger compartía sus aspiraciones y aporta $30.000 marcos para fundar Porsche GmbH en 1931 junto al mismo Ferdinand Porsche y el yerno de este. Ferdinand tendría el 80% de las acciones y los otros dos socios 10% cada uno.

Adolf Rosenberger fue director comercial y administrador de la empresa gracias su experiencia en negocios. Desde esta posición, fue uno de los impulsores de la Auto Union, un conglomerado de los principales fabricantes automotrices alemanes en los años 1930’s. Hábil comercialmente, no tardó en encontrar proyectos. Uno de los primeros trabajos de la naciente empresa fue el diseño de un auto popular. Es decir, un Volkswagen. Rosenberger era un entusiasta del proyecto: No era el segmento de lujo y velocidad que conocían, pero era una oportunidad comercial brillante que permitiría popularizar el automóvil en Alemania. Si bien este primer diseño nunca se concretó, sentaría las bases para uno de los grandes proyectos de una figura política creciente: Adolf Hitler.

El führer pensaba que un auto de carreras fuerte e invencible mostraría al mundo el poderío y capacidad de Alemania. A poco de haber sido nombrado Canciller de la república, Hitler entrega a Porsche $300.000 marcos para desarrollar el automóvil imbatible. Tiempo después también encomendaría a la naciente empresa reflotar una vieja idea: el auto popular o Volkswagen, dando inicio al exitoso e icónico modelo Escarabajo en base a los trabajos originales de Porsche y Rosenberger.

Adolf Rosenberger a esas alturas entendía que su posición era incómoda: si bien era un reconocido miembro de la industria automotriz que había colaborado significativamente en los primeros diseños de Porsche, era a fin de cuentas un judío. Era inaceptable para el régimen nazi el confiar sus proyectos más ambiciosos a una empresa que tuviese a Rosenberger como dueño. Simplemente había que reescribir la realidad y la historia. Intuyendo lo que venía, en 1933 Rosenberger instala a su amigo el Barón Hans Veyder-Malberg como director comercial entregándole algunas de sus responsabilidades. Pero mientras la empresa se desarrollaba, también demandaba más capital. Rosenberger la rescata con un préstamo personal de $80.000 marcos.

En julio de 1935 y siendo hostigado por la Gestapo, Rosenberger se ve forzado a vender su 10% de participación en la empresa al hijo de Ferdinand Porsche por $3.000 marcos, cifra irrisoria cuando se considera que ese mismo año la empresa tiene utilidades por $100.000 marcos. Solo dos meses después, Rosenberger es arrestado y enviado a un campo de concentración. Después de tres semanas de brutal tratamiento, Rosenberger es dejado en libertad y abandona Alemania para tras algunos años asentarse en California donde abriría un taller mecánico.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Porsche desarrollaría diseños para tanques y equipos pesados para el ejército alemán. Pocos vieron la luz, destacando la versión bélica del escarabajo, el Kübelwagen. Tras la caída de Alemania, Ferdinand Porsche es arrestado por el rol de la empresa en la guerra, aunque nunca llegó a juicio. Declara que gracias a su ayuda Rosenberger pudo escapar. Adolf lo negó hasta el día de su muerte, asegurando que el único apoyo que recibió fue de su amigo Veyder-Malberg. Aún más, declara que ni siquiera recibió los pagos del préstamo hecho a la empresa.

Solo en 1950 y como parte de un proceso de restitución a víctimas de la Segunda Guerra Mundial, las partes acordaron un pago a Rosenberger de $50.000 marcos y un automóvil escarabajo. Con eso Adolf renuncia a cualquier reclamación sobre la propiedad de la empresa y deudas que esta tuviese con él. La descendencia de Adolf Rosenberger ha declarado que más que el dinero, el piloto de carreras buscaba la restitución de su rol en la historia de la empresa y la industria automotriz. Justamente lo que los nazis se esforzaron en eliminar. En 1967 muere en Los Ángeles y sus restos son llevados a un cementerio judío de Nueva York. El rol de Adolf Rosenberger no fue el único que los nazis trataron de eliminar de la industria automotriz. Otros grandes visionarios judíos como Josef Ganz, Siegfried Marcus y Edmund Rumpler también fueron borrados de los libros. Sus historias son tan increíbles y notables como la del propio Rosenberger.

Adolf Rosenberger y su mujer Anne Metzger en California durante los 1950’s.

 

Adolf Rosenberger como piloto de carreras.

 

Fuentes:
1.“Faster, Higher, Farther: The Inside Story of the Volkswagen Scandal”. Jack Ewing.
2.“Adolf Rosenberger: Porsches dritter Mann” dirigida por Eberhard Reuss, SWR2 television network.

Por Mauricio Klecky S. Ingeniero, MBA y gerente de Finanzas en Finning Caterpillar. Profesor Universitario, Director y Asesor de empresas . mklecky@gmail.com