Entrevista al escritor Pablo Simonetti:

“La comunidad judía ha dado pasos admirables en la inclusión de sus miembros LGBT”

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El destacado activista de la diversidad sexual será distinguido por el Círculo Israelita de Santiago como Javer Olam 2017, durante el Acto Central de Iom Hashoá que se realizará el lunes 24 de abril, a las 19.30 horas, en el Mercaz.

Un nuevo paso en su defensa de los derechos humanos y la inclusión dará la comunidad judía el próximo lunes 24 de abril, cuando, en el marco del Acto Central de Iom Hashoá, se distinga como Javer Olam 2017 a Pablo Simonetti, escritor y rostro emblemático del activismo LGBT en Chile.

Cabe señalar que hace ya varios años el Acto Central de Iom Hashoá, organizado por el Círculo Israelita de Santiago, el Vaad Hajinuj y la Comunidad Judía de Chile, considera un galardón especial para una figura nacional que se haya destacado en la defensa de los derechos humanos y la amistad hacia el Pueblo Judío. Sin embargo, esta es la primera vez que la distinción recae en un representante de una minoría discriminada, como lo ha sido el Pueblo Judío.

Cabe señalar que Pablo Simonetti es un destacado escritor y columnista, que como presidente de la Fundación iguales logró posicionar el tema LGBT en la agenda pública y política.

Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Católica de Chile, completando su formación más tarde con un máster en Economía por la Universidad de Stanford.

En lo literario, Simonetti se dio a conocer al gran público tras resultar ganador del concurso de cuentos de la revista Paula. Tres años después vio la luz su primera antología, Vidas vulnerables, y en 2004 logró su primer gran éxito de ventas con Madre que estás en los cielos, novela a la que han seguido varias más.

Su obra ha sido traducida a varios idiomas y es colaborador de varios medios de comunicación, como El Mercurio o La Tercera.
Además de escribir imparte clases de Escritura Creativa y es un conferenciante habitual en actos dedicados a la cultura.

Poco antes de concurrir al acto de Iom Hashoá para recibir su galardón, accedió a compartir sus sentimientos con La Palabra Israelita.

-¿Qué te parece haber sido nominado para recibir la distinción Javer Olam 2017?

-Para mí es un gran honor. La recibo con humildad y con el convencimiento de que quienes tomaron la decisión de distinguirme se equivocan. El trabajo que yo he hecho a favor de la diversidad no se compara con la enormidad del esfuerzo que ha realizado la comunidad judía en todo el mundo para afianzar el respeto de los derechos humanos y abrir los caminos de la inclusión.

-¿Qué crees que ponderó la comunidad judía para tomar esta decisión?

-Sólo sé lo que me han dicho quienes me comunicaron que recibiría este reconocimiento: mi trabajo para lograr que nuestro país se abra a la diversidad, no sólo pensando en la diversidad sexual, sino en todas las diversidades. Durante la tramitación de la ley que establece medidas en contra de la discriminación, la Fundación Iguales trabajó codo a codo con la Comunidad Judía de Chile, y fue durante ese proceso que gente como mi querido Shai Agosin dicen haber atestiguado mi compromiso con esta causa común. De hecho, juntos, Iguales y la Comunidad Judía, creamos una mesa de trabajo con diferentes grupos históricamente discriminados, llamada País Diverso, la cual permitió dar a este esfuerzo una épica pluralista y, al mismo tiempo, sentido de unidad.

-Esta distinción se entrega en el marco de la conmemoración de las víctimas del nazismo, donde los judíos y también los homosexuales fueron un foco central del exterminio. ¿Como se puede hacer entender a la gente que no es minoría sobre la importancia de estos temas?

-Uno piensa que a cualquiera le debería bastar con ponerse en la piel de una sola de las víctimas del nazismo para comprender la brutalidad que implica creer que el otro es un ser inferior o intrínsecamente malo. Pero claramente eso no ocurre. La principal razón, diría yo, es el miedo, el miedo a la diferencia, al otro que no es igual que yo, el miedo al que me han enseñado a temer. Creo que la manera de combatir ese miedo es con un mensaje de esperanza, dejando de lado las fuerzas del resentimiento. Cuando una comunidad ha sido brutalizada de la manera que lo fue la judía, o como lo ha sido la diversidad sexual, esto no es un algo fácil de pedir. Muchas veces la rabia domina el discurso, por lo que hay que hacer un gran esfuerzo para decir genuinamente que queremos ser parte, queremos tener el mismo trato, las mismas oportunidades, mostrar que solamente aspiramos a los mismos bienes sociales y legales que otros dan por sentado. Queremos participar plenamente de nuestra sociedad y al mismo tiempo queremos que se respete nuestra diferencia.

-¿Y eso cómo se logra?

-Bueno, para lograrlo hay que pasar del discurso combativo al discurso colaborativo y participativo, hay que educar en los valores de la diversidad y la justicia con alegría, y no hay que rendirse nunca cuando se trata de alcanzar un Estado que comprenda el principio de la igualdad de manera sustantiva, y no superficial, como todavía ocurre en Chile.

-¿Qué te parece que una comunidad basada en valores religiosos (teóricamente conservadores), mantenga esta simpatía por la causa LGBT?

-Me parece que a nadie se le puede exigir que elija entre algo tan esencial de su identidad, como puede ser su orientación sexual o su identidad de género, y algo también tan esencial de su identidad familiar, social e histórica, como es la religión. Porque de esto se trata finalmente todo esto, de poder ser quienes somos, sin que eso nos obligue a dejar de pertenecer a nuestras comunidades de origen. En ese sentido, la comunidad judía ha dado pasos admirables en la inclusión de sus miembros LGBT, sobre todo si se le compara con la nula o regresiva capacidad de acogida de las demás religiones de origen semita.

-¿Qué más se puede hacer a tu juicio en Chile en materia de inclusión y protección de las minorías de todo tipo?

-Es fundamental que logremos cambiar al Estado de Chile, el que históricamente ha tenido una visión uniformadora de los habitantes de nuestro país. Esta visión viene desde la fundación del reino de Chile en adelante, con su mentalidad inquisitorial. Recuerdo con particular desazón el tratamiento que recibían los cadáveres de personas que no fueran católicas en los comienzos de la república, cuando eran enterrados sin derecho a lápida en la ladera sur del cerro Santa Lucía, situación que vino a cambiar recién a fines del XIX, con la aprobación de las leyes laicas.

-Parece una tarea titánica…

-Para liberar al Estado de ese yugo histórico es imprescindible crear una institucionalidad para la igualdad y la no discriminación. Esta institución, que perfectamente podría ser la recientemente inaugurada Subsecretaría de Derechos Humanos, debe contar con las funciones y los instrumentos de gestión necesarios para transversalizar a lo ancho del Estado y a lo largo del país el concepto de igualdad sustantiva, que no es sólo la igualdad formal, igualdad de trato, igualdad de derechos, igualdad de oportunidades. Sí, claro eso es muy importante, pero también respeto y plena inclusión de la diferencia.

-La ley contra la discriminación (Ley Zamudio) fue un paso relevante. ¿Te parece importante una ley contra la incitación al odio?

-La ley contra la incitación al odio debe estar muy bien pensada para que los que odian no puedan instrumentalizarla. Creo que ese es el gran desafío de la ley.

Por LPI