Por Gachi Waingortin

La Amidá

En nuestro recorrido por el Sidur hemos llegado al momento de la Amidá, nuestro diálogo personal con D´s. Su nombre en hebreo es Amidá, que significa “estar de pie” porque es en esa posición que lo rezamos; también recibe el nombre de “Tefilá” porque es el rezo por excelencia. Otro nombre, el más común, es Shmone Esré, que significa “dieciocho”, ya que originalmente estaba compuesta por ese número de bendiciones. Nuestros sabios agregaron una y actualmente la Amidá tiene 19 brajot, pero el nombre Shmone Esré no se ha cambiado. A D´s lo percibimos a veces como Padre, a veces como Rey. Durante la Amidá lo sentimos como Rey y por lo tanto esta tefilá está estructurada como una entrevista a un monarca.

Lo primero que hacemos para iniciar nuestra cita personal es entrar a Su palacio. Lo hacemos, simbólicamente, dando tres pasos hacia atrás mientras decimos “Adon-ai sefatai tiftaj”, “D´s, abre mis labios”. Este retroceso nos permite dar tres pasos hacia delante, mientras decimos “Ufí iaguid tehilateja”, “Y mi boca pronunciará Tus alabanzas”. Una vez que hemos avanzado esos tres pasos, ya estamos simbólicamente en el palacio del Rey. Como señal de respeto, nos paramos derechos con los pies juntos y no interrumpimos hasta haber concluido. Saber esto es muy importante porque si vemos a alguien rezando su Amidá no debemos saludarlo o pedirle que se mueva. Debemos esperar respetuosamente a que termine.

A veces la persona que reza se mueve constantemente y a veces no. Esto depende del grupo al que pertenece. El judaísmo jasídico plantea que a D´s se lo debe alabar con toda el alma y con todo el cuerpo. Es por eso que los jasídicos son más propensos a moverse para ayudarse en la concentración y poder involucrar a todo su ser en la plegaria. Por su parte los “mitnagdim”, opositores al jasidismo, consideran que una posición erguida y rígida es signo de respeto y no corresponde moverse durante la tefilá. En todo caso, hay cuatro momentos en los que sí debemos inclinarnos y que son respetados por todas las líneas.

Esta “entrevista personal” con D´s tiene tres partes: Las primeras tres bendiciones son una introducción donde nos presentamos ante D´s y alabamos Su poder y bondad. Luego vienen trece bendiciones en las cuales hacemos nuestros pedidos y agradecimientos; finalmente tenemos las tres bendiciones finales, nuestra despedida, donde Le agradecemos y volvemos a alabar Su bondad. En días festivos no realizamos pedidos pues se considera que al pedir recordamos lo que nos falta y eso podría entristecernos. Es por eso que las trece bendiciones centrales se reemplazan por una bendición especial llamada “Kedushat haiom”, “la santidad del día” en la que bendecimos a D´s por santificar los tiempos especiales. Esta bendición suele estar acompañada por los versículos de la Torá donde se indica la observancia de ese día en particular y por diversa cantidad de piutim (poemas litúrgicos) o citas bíblicas. Así por ejemplo, la Amidá de Shabat es notablemente más breve que la de días hábiles, pero la Amidá de Musaf de Rosh Hashaná es la más larga del año, incluyendo citas bíblicas, poemas litúrgicos y hasta una gran cantidad de toques de Shofar.

La primera de las tres bendiciones introductorias se llama Avot (Patriarcas). En ella invocamos a D´s como D´s de Abraham, D´s de Itzjak y D´s de Jacob. No decimos “D´s de Abraham, Itzjak y Jacob” reconociendo que cada ser humano tiene una relación única con el Creador. Decimos que Él ha sido bondadoso con nuestros Patriarcas y que siempre nos salva, ayuda y protege. Al recordar la bondad de D´s Le recordamos el amor que tenía por nuestros antepasados presentándonos como sus descendientes espirituales. Así como amó a los Patriarcas, también nos amará a nosotros, sus descendientes. Nos inclinamos cuando decimos el primer Baruj Atá y volvemos a inclinarnos en el segundo Baruj Atá que concluye esta brajá.

La segunda brajá se llama Guevurá (Poder) y comienza diciendo “Atá Guivor”, Tú eres fuerte. Si empezamos recordando la bondad de D´s, ahora decimos que D´s tiene el poder de alentar a los débiles, curar a los enfermos, liberar a los cautivos. Es D´s quien da la vida y la quita. Y acá hay algo notable: el texto dice: Mélej memit umejaié, que se traduce como “Rey que hace morir y hace vivir”. El orden parece estar invertido: sería más lógico decir primero que da la vida y luego la quita. Nuestros Sabios interpretan que esto se refiere a la vida eterna: Cuando morimos, D´s nos vuelve a dar la vida, a través del recuerdo de nuestra gente querida, a través de nuestras obras y nuestros afectos, que perduran, y a través de la unión con D´s, que es eterno. Es por eso que esta brajá termina bendiciendo a D´s como “mejaié hameitim”, que hace vivir a los muertos: o sea, nos da sentido de trascendencia.
Llegamos entonces a la tercera brajá: Kedushat Hashem (Santidad de D´s). Decimos acá que D´s es santo, Su nombre es santo, y los santos Lo alaban eternamente. Cuando rezamos con minián, esta tercera brajá se reemplaza por la Kedushá, que sigue la misma idea con citas de los Profetas describiendo cómo los ángeles alaban a D´s. La Kedushá la dice el Jazán cuando relee la Amidá y respondemos diciendo con el profeta Isaías: Kadosh Kadosh Kadosh, “Santo Santo Santo es D´s de los Ejércitos”. ¿Quiénes son los santos que alaban a D´s? Nosotros, que tenemos la obligación de imitarlo y santificar nuestras vidas haciendo lo que D´s nos pide: cumplir mitzvot y hacer todo lo que Él haría y hace a través nuestro. Así la Amidá se constituye, en principio, como un recordatorio de nuestro lugar en el mundo. Somos parte de un pueblo que comparte un pasado, un futuro y una misión.