El coreógrafo judío que revolucionó el ballet norteamericano:

Jerry Robins

El ballet clásico surgió durante el Renacimiento Italiano y se expandió hacia Francia, en forma de Ballet de Corte. El Ballet de la Opera de París fue fundado por Luis XIV, de quien se dice era un gran bailarín. Al comienzo, se trataba de una danza varonil, pero después se incorporaron las bailarinas y las zapatillas de punta.

Desde esa época, el ballet, sus posiciones y movimientos muy apegados a una estructura clásica, se mantuvieron con pocas variaciones hasta nuestros días.

En el Imperio Ruso surgió el Marinsky Ballet, el que, a través de Serguei Diaghilev, llegó a Francia en 1907 y continuó con sus sucesores. A los Estados Unidos llegó uno de ellos: George Balanchine.

El sólido linaje del ballet norteamericano surgió, así, con raíces extranjeras, pero se ha hecho valer en la historia de la danza con un sólido repertorio moderno y diversidad de bailarines de distintas nacionalidades y etnias.

Jerry Robins, nacido como Jerome Robinowitz en Nueva York, el 11 de octubre de 1918, fue un destacado coreógrafo, bailarín y director. Se educó en la Universidad de su ciudad natal, donde fue, justamente, alumno de Balanchine.

Se unió al Ballet Theatre en 1940, obteniendo su primer éxito coreográfico cuatro años más tarde con “Fancy Free”, con música de Leonard Bernstein.

A esa obra corresponde algunas de las imágenes que reproducimos en esta página. Presentada en el Metropolitan Opera House, su argumento trata de tres marineros de franco que se toman unos tragos y buscan compañía femenina. Consiguen conquistar solamente dos chicas, por lo que hacen una competencia, donde cada uno de ellos interpreta un difícil “solo”. Terminan peleando, lo que asusta a las jóvenes, que huyen. Los marineros, decepcionados, regresan al bar de la primera escena y beben otro poco. Cuando salen, ven a una tercera chica y salen corriendo en su persecución.
A pesar de lo sencillo del argumento, la pieza causó gran sensación entre el público y los críticos, tanto por la novedosa música como por el realismo y la expresividad de los movimientos de los bailarines en sus actuaciones individuales, en dúos, en tríos y en grupo.

La larga y exitosa carrera de Jerry Robins continuó con dirección y coreografía de “Un día en Nueva York”, “El rey y yo”, la muy aclamada “West Side Story”, “Gypsy, a Musical Fable” y finalizó con la magnífica versión en ballet de “El Violinista en el Tejado” en 1964, varias de ellas con música de Leonard Bernstein.

Robins recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos, la Medalla Nacional de las Artes, dos Tony Awards y un Oscar al Mejor Director.

Murió el 29 de julio de 1998, a los 80 años de edad, en la ciudad que lo vio nacer, trabajar y triunfar.

Por Sonja Friedmann.