Por Isaac Caro:

Israel y Rusia: una relación desafiante

El 17 de septiembre de 2018, mientras el mundo judío se preparaba para celebrar su festividad más importante, el Día del Perdón, Rusia decidía convocar al embajador israelí en Moscú. Acusando a los militares israelíes de irresponsables, el Ministerio de Exteriores ruso citó al embajador Harry Koren, como motivo del derribo de un avión militar ruso en Siria por parte de la fuerza antiaérea siria.

He aquí una gran paradoja ¿Por qué Rusia acusó a Israel del derribo de un avión ruso por parte de Siria? Moscú denunció que un avión perteneciente a la Fuerza Aérea del país fue derribado por un misil de la defensa antiaérea siria, esto a causa de un error debido a que Israel lo usó como escudo en el momento de atacar en la provincia de Latakia. Más específicamente, el Ministerio de Defensa ruso señaló que los pilotos israelíes se escudaron detrás del avión ruso. Cabe preguntarse de qué manera este incidente puede afectar las relaciones entre ambos países.

Los vínculos de Israel con Rusia, antes con la Unión Soviética, tienen una larga data, que se remontan a la creación misma del Estado de Israel. En 1947, la entonces Unión Soviética respaldó la Partición de Palestina que creaba un Estado judío y otro Estado árabe en lo que era el Mandato Británico de Palestina. Y, posteriormente, con la creación del Estado de Israel, la Unión Soviética fue una entusiasta sostenedora del nuevo Estado, convirtiéndose en el segundo en reconocerlo, precedido solo por Estados Unidos. El líder supremo soviético, Iósif Stalin, consideraba a Gran Bretaña como un rival fundamental una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, y a los Estados árabes como socios de la potencia europea. Por estos motivos, su apoyo a Israel fue decisivo, esperando con esto alejar a Gran Bretaña de Medio Oriente y convertir a Israel en un firme aliado de Moscú.

En los primeros años del Estado judío, las relaciones bilaterales atravesaron por un buen periodo. Incluso durante la guerra de 1948-1949 la Unión Soviética apoyó con armas a Israel, a través de Checoslovaquia. Sin embargo, en la medida que la Guerra Fría se intensificaba la Unión Soviética tendió a volcar su apoyo al mundo árabe. Así sucedió en la guerra del Suez, en 1956 y, posteriormente, en la guerra de los Seis Días, en 1967. El distanciamiento aumentó debido al acercamiento israelí a Estados Unidos y a la presión ejercida por la primera ministra, Golda Meir, para que la Unión Soviética permitiera que los judíos soviéticos tuvieran la posibilidad de inmigrar a Israel.

El año 1967 marcó un hito fundamental en las relaciones entre ambos Estados, puesto que, tras la contundente victoria de Israel, la Unión Soviética y sus países aliados de Europa oriental decidieron romper relaciones con el Estado judío. A partir de esta fecha, se consolida una fuerte campaña antiisraelí y antisionista por parte de la Unión Soviética, que tiene un punto sustancial en la Resolución 3379 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que consideró al sionismo como una forma de racismo.

Sólo después de la caída del Muro de Berlín y, dos meses antes de desaparecer, la Unión Soviética reanudó relaciones diplomáticas con Israel. Esto sucedió en octubre de 1991, en un contexto en que los países de Europa oriental y la Unión Soviética abrieron sus fronteras, motivando fuertes olas migratorias. En la década de 1990 se estima que cerca de un millón de personas provenientes del territorio soviético inmigraron a Israel, en base a la Ley del Retorno, la que tiene una definición amplia de “judíos”, considerando como tales no solo a los hijos de madres judías, como lo establece la ley religiosa, sino también a los hijos de los padres y a personas con al menos un abuelo o abuela judía. Se estima que de estos 900.000 alrededor de un tercio no eran judíos de acuerdo a la definición de la ley religiosa.

Esta importante inmigración fortaleció los lazos entre Rusia e Israel, los que se han consolidado todavía más con la llegada al poder de Vladimir Putin en 2000. El presidente ruso, en varias oportunidades, ha pronunciado declaraciones a favor de Israel. Por ejemplo, en 2011 sostuvo que Israel era especial, puesto que es un país en donde se habla ruso, aludiendo a la gran comunidad ruso parlante en el país. En 2016, Putin volvió a señalar que la relación con Israel era especial, principalmente por la presencia de 1,5 millones de ciudadanos israelíes provenientes de la ex Unión Soviética.

En cuanto a terrenos concretos, cabe mencionar las relaciones militares y económicas mantenidas por ambos Estados. En septiembre de 2010, ambos firmaron un acuerdo militar, que tiene por finalidad hacer frente a amenazas comunes, como el terrorismo y la proliferación de armas nucleares. En octubre 2015, Israel y Rusia alcanzaron un convenio destinado a coordinar las respectivas actuaciones en Siria. En el terreno económico, en agosto de 2014, en el contexto de las sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea a Rusia por la anexión de la península de Crimea, este país aumentó las importaciones de fruta provenientes de Israel. Además, existe colaboración en materia espacial, científica y tecnológica, incluyendo el campo de energía nuclear.

En definitiva, el incidente de septiembre de 2018 contrasta con una buena relación existente entre ambos países desde el fin de la guerra fría. A los acuerdos arriba mencionados, se une la importante población ruso parlante en Israel (el ruso es la tercera lengua más hablada, tras el hebreo y el árabe), así como una química especial entre el presidente Putin y el primer ministro Netanyahu. Estos hechos pueden resultar muy paradojales puesto que contrastan con la importante alianza que Rusia mantiene con Irán, el movimiento Hezbolá y el régimen sirio de Bashar el Assad, todos ellos fervientes enemigos de Israel.

Por Isaac Caro.