Eyal Meyer, actor:

“Israel está en mi historia, en mis raíces”

Hace pocos días, TVN estrenó su nueva teleserie en horario Prime, “La Colombiana”, una historia sobre una inmigrante que busca hacerse camino en Chile y que en ese esfuerzo se encuentra con diversos personajes, entre ellos Igor, el mayor de los hermanos Ramírez e íntimo amigo –y enamorado secreto- de la protagonista. Igor es interpretado por Eyal Meyer, actor de 31 años, cuya historia de vida también habla de migración. Nacido en Chile, sus padres se conocieron y casaron en Israel: una israelí de orígenes húngaros-polacos, Ingeniera Comercial, y un chileno de origen alemán, Ingeniero Civil Eléctrico, que había emigrado a Israel para estudiar en el Technión.

Gracias a eso, Eyal habla y lee hebreo, el que practica en las oportunidades que tiene de visitar a su familia en Israel. Y aunque alguna vez pensó seguir perfeccionando una carrera actoral en el país de sus ancestros, luego de egresar y titularse en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile su actividad profesional ha sido tan intensa como diversa. Ha trabajado como modelo, bailarín, cantante y actor, y su anterior aparición en televisión fue a través del papel de Nicolás Infante, un abogado que no escatimaba en los medios para lograr sus fines, en la teleserie nocturna “Preciosas” de Canal 13.

Pero lo cierto es que la trayectoria de Eyal comenzó incluso antes de haberse decidido por el Teatro como carrera, en el teatro callejero con amigos del colegio y de Hashomer Hatzair. Buscando qué hacer, además de las actividades sociales que realizaban en la calle y en La Vega, llegaron a un curso de teatro de dos semanas, enfocado en el Método Lecoq. Y, como dice, “rayaron”. “En esas dos semanas aprendimos varias técnicas y con eso armamos pequeños espectáculos que fuimos presentando el plazas, en eventos, incluso en el Estadio Israelita. Quedamos tan “embalados” que armamos un grupo con los que estaban en el taller, nos juntábamos los sábados toda la mañana y aprendíamos más cosas de teatro. Ahí empecé a tener un giro más artístico, más relacionado con el circo, el teatro físico y corporal, y me di cuenta de que tenía “ene” capacidad física y escénica. Ese fue el primer ladrillo de mi carrera, como a los 16 años”, relata en esta entrevista con La Palabra Israelita.

-¿Eso te hizo pensar en que podrías dedicarte al teatro como carrera profesional?

-No lo tenía claro todavía, pero sí hizo que en todos los ramos que tuve después empecé a irme por lado artístico y al humanista, y eso que a mí me encantaban las matemáticas y las ciencias. Y llegó el momento, al terminar Cuarto Medio, en que tenía que decidir qué estudiar. Había pensado en no estudiar nada o quizás estudiar Teatro pero fuera de Chile. Pero como tuve muy buen puntaje en la PSU, pensé en probar estudiar acá, ver qué pasaba y elegí hacerlo en una universidad tradicional, que tuviera más ramos generales y al mismo tiempo otros teóricos. Por supuesto que mis papás no estaban de acuerdo con nada de esto, ellos me iban a apoyar para estudiar, pero sólo carreras tradicionales, es decir Arquitectura, Ingeniería, Medicina…

-Porque tus dos padres venían de la ingeniería.

-Claro, mi padre había estudiado en el Technión, es Ingeniero Civil Eléctrico, y mi mamá es Ingeniera Comercial. Además mi hermano mayor es Ingeniero, mi otra hermana es Médico y tengo una hermana menor en el colegio. Y yo quería dedicarme al teatro. Entonces fue una pugna. Yo les presenté la idea y me dijeron que no, que no me iban a apoyar. Y les dije: “Perfecto, yo busco la manera de financiármelo, no me importa, porque es lo que yo quiero. Les propongo lo siguiente: llevo dos años haciendo esto, por algo lo hago, me interesa y además me va bien. Entonces voy a dar la prueba y veamos cómo me va”. Y al final en la prueba me fue increíble, podría haber entrado a Medicina, pero postulé a Teatro en la Chile y la Católica, di las pruebas de ingreso en ambas escuelas, las fui pasando todas, y quedé finalmente seleccionado como número uno en Teatro en la Universidad de Chile. En ese proceso me fui dando cuenta de que eso era lo que quería y mis papás también se dieron cuenta. Y de hecho en segundo año me puse a trabajar y desde entonces no he parado hasta ahora.

-Tu tesis de grado para titularte de la Universidad de Chile era sobre “La creación actoral como un problema ideoplástico” y llevaba una dedicatoria en hebreo a tu abuela que está en Haifa.

-A mí desde un inicio me interesó el lado teórico, y la relación entre teoría y práctica, y lo que me motivó a esa tesis fue una pregunta que me venía dando vueltas. Me generaba dudas el sistema de la creación a partir de estilos, que es lo que se enseña generalmente a los actores, donde se perpetúa un modo de actuar más que el proceso de búsqueda mismo de cada actor. Entonces, frente a eso y a las experiencias profesionales que ya había tenido, me intrigaba esto de cómo uno, como actor, crea; cuál es fenómeno en que uno traduce ideas, emociones, deseos, pensamientos, y a través de un cuerpo, de un instrumento, lo logras hacer manifiesto desde un lado sensible, material y perceptible para un espectador. Empecé a indagar y por ahí apareció esto de la “Creación Ideoplástica”, que era un concepto que habían acuñado ciertos directores teatrales de los años ’70 hasta hoy, como Eugenio Barba y Jordy Grotowski, que presentaron una nueva manera frente a la técnica y a la ética actoral. Y ese concepto me marcó mucho, porque precisamente nombraba esta capacidad del actor de convertir ideas en materia. Y luego llegué a otro autor, V.E. Meyerhold, que es padre de una teoría y práctica actoral hasta el día de hoy súper poco reconocida. Él fue asesinado en la época de la U.R.SS., fue censurado y eliminado de los registros por 15 años, entonces la fuente de sus textos era muy difíciles de encontrar. Inevitablemente sentí una cercanía con Meyerhold en cuanto a la vivencia de persecución y me intrigaba como autor. Me di cuenta también de que otros tomaban sus ideas y que no lo reconocían como fundador de una teoría y práctica, de una manera de hacer para los actores. Finalmente me demoré dos años en hacer la tesis, todos me decían “¡Sácala la tesis rápido!” y yo tenía que hacer algo que tuviera que ver con mi búsqueda. Con decir que me conseguí material de todas partes del mundo, de hecho un familiar en Israel fue a la Universidad de Tel Aviv y me mandó material a través de mi abuela, material que no existía en Latinoamérica, y bueno, ahora todo eso está en la Biblioteca de la Universidad de Chile.

-¿Y por qué se la dedicaste a tu abuela?

-Con ella tengo una conexión especial porque ser pianista, y sus estudios de Lengua y Literatura Inglesa. Ella es originaria de Hungría y llegó a Israel cerca del término de la Segunda Guerra. Y siempre hemos tenido un feeling artístico y teórico, tenemos largas conversaciones por teléfono y cuando voy a visitarla hablamos harto. Para mí ella siempre está súper presente. Cuando estoy en el teatro, sobretodo, se me aparece, me acuerdo de ella, le dedico las funciones. Hay algo especial. Ella siempre me ha ayudado, y también lo hizo con el tema de los textos, pero era una dedicatoria para reconocer ese espacio de intimidad que hay entre nosotros.

-¿Ha tenido oportunidad de verte actuar?

-No, solamente en un examen en la Escuela de Teatro. Después ya no viajó más, tiene 95 años. La última vez la fui a ver yo hace cuatro años.

-¿Cuántas veces has estado en Israel?

-Muchas, ¡perdí la cuenta ya! Tengo familia allá, mi abuela, primos y tíos.

-Y cuando tienes oportunidad de estar en Israel, ¿te sientes como en casa, se te hace familiar?

-Bueno, cuando llego para allá me siento muy cómodo, muy en sintonía. A los dos días ya me es fácil leer en hebreo. Aparte que tuve la oportunidad de ir cuando chico, entonces está en mi historia, en mis raíces. Creo que es un quizá lo que muchos judíos sentimos respecto de Israel, es una relación que viene de la sangre, que a uno se le aparece en los sueños, es inevitable.

-Te ha tocado hacer cine y además ser dirigido por directores judíos, como Alejandro Jodorowsky, Nimrod Amitai e Igal Weitzmann. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

-Creo que es algo que suele pasar entre judíos: hay una “onda”, una sintonía, enganchas y hay un humor similar. Para mí inevitablemente la conexión con el judaísmo tiene que ver con este lado, con la sangre, la idea de pueblo y la supervivencia. Esa sensación de que no podrías estar vivo si no fueses judío. Antes decía que esto es algo que uno carga, pero ahora digo que uno lo porta, porque lo lleva con fuerza y orgullo. Entonces cuando te involucras, además, con otro colega que es judío, que está haciendo su proyecto, algo pasa que la energía fluye. Pero igual eso va más allá de las religiones, lo especial de la creación es que se genera un espacio de transversal.

-En lo que va de tu carrera, ¿hay actores, dramaturgos o directores judíos que te hayan servido de referencia?

-Siento que uno en la carrera actoral tiene muchos momentos diferentes, va cambiando en relación a los proyectos y las etapas en las que está. Pero sí, me siento identificado con muchos actores que de alguna manera tienen una historia similar, en cualquier parte del mundo. Por ejemplo, Daniel Day Lewis o varios actores descendientes de inmigrantes, que cuando lees sus historias te das cuenta de que hay algo de que te conecta. Porque también uno a veces tiene ese mismo “rollo”, necesita conectarse con algo, porque se siente un poco extranjero en sus propios lugares. Entonces las artes escénicas y la actuación se vuelven un territorio donde uno es residente.

-¿Qué nos puedes adelantar de tu nueva teleserie, “La Colombiana”?

-Es una teleserie muy especial, porque tiene muchos personajes y situaciones incluyendo a inmigrantes, van a estar presentes peruanos, colombianos, haitianos y otros. Y, en ese sentido, para mí esta teleserie hace de espejo, es un reflejo de lo que está pasando ahora en Chile. En el último tiempo la migración ha crecido muchísimo y vemos que, lamentablemente, que en una parte de nuestra sociedad ésta saca lo peor de las personas. Entonces creo que es una invitación que busca inspirarnos para sacar lo mejor de nosotros. Si la realidad es que en la sociedad contemporánea los límites y las fronteras se van deslavando, es importante hacernos cargo de esto, desde cómo puede nutrirnos y hacernos madurar como sociedad.

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Por LPI