Por Isaac Caro:

Islamismo radical y antisemitismo

En columnas anteriores, hemos hecho referencia a distintos contextos en que emerge el antisemitismo. En esta parte final consideraremos la relación que se da entre islamismo radical y antisemitismo, observando que todos los movimientos islamistas, en mayor o en menor medida, tienen componentes antisemitas y antisionistas. Consideremos cuatro organizaciones: Hamas, Al Qaeda, el Estado Islámico y Hezbollah, las tres primeras son sunnitas, en tanto que la cuarta es chiita.

El movimiento Hamas, el cual constituye una rama de la Hermandad Musulmana, que tiene especial presencia en la Franja de Gaza, es considerado como organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea e Israel. Al examinar panfletos y publicaciones de Hamas se constata que contienen expresiones que enfatizan rasgos contrarios a los judíos. En su carta fundacional de 1988, que se mantiene vigente hasta la actualidad, manifiesta una oposición hacia los judíos. Se señala que la lucha continuará hasta que se implemente la promesa de Alá. La meta final es la muerte de todos los judíos, siendo esta una sentencia atribuida a un hadiz, dichos del profeta Mahoma: “El tiempo del Juicio Final no vendrá hasta que los musulmanes combatan a los judíos; hasta que los judíos se escondan detrás de las rocas y los árboles, los cuales gritarán: ¡Oh musulmán! ¡Hay un judío escondido detrás de mí, ven y mátalo!“ (Hamas, 1988: 5-6).

Por su parte, en el caso de Al Qaeda, organización creada en la década de 1980, el antagonismo con Occidente se produce a partir de 1990, tras la invasión iraquí de Kuwait, y tendrá un hito emblemático con los atentados del 11 de septiembre de 2011. El periódico Inspire, que se publica por Internet en inglés, tiene manifiestas declaraciones de carácter antisemita, demonizando tanto a los judíos como a Israel. Algunos ejemplos son los siguientes: “Así como ustedes asesinan ustedes serán asesinados hasta que dejen nuestras tierras y dejen de apoyar a Israel” (mayo 30, 2013). “Lugares para atacar, lugares donde los judíos se juntan, sus personalidades e instituciones están en Europa” (mayo 2, 2012). “Alá nos ha dejado claro en el Corán que nuestros peores enemigos son los judíos y los politeístas” (octubre 11, 2010). “La jihad busca liberar toda Palestina desde el río al mar, si Alá lo permite” (octubre 11, 2010). Más ejemplos en esta misma línea se pueden encontrar en el sitio de la Anti-Defamation League: https://www.adl.org/news/press-releases/adl-anti-semitism-pervades-al-qaedas-inspire-magazine

En lo que se refiere al autodenominado “Estado Islámico”, las expresiones no distan mucho de las anteriores organizaciones. Se proclama una guerra santa en contra de los “infieles”, considerando en esta categoría no solo a los cristianos y judíos, sino también a los musulmanes chiitas. Occidente debe ser combatido porque ha promovido la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el reconocimiento de los derechos de los homosexuales y, por lo tanto, la ruptura de la familia tradicional. En cuanto a Israel y los judíos, el Estado Islámico llama a todos sus seguidores a cometer actos de terror en contra de las comunidades judías usando cuchillos y bombas. Israel es una prolongación de Occidente y algunos integrantes del Estado Islámico han llamado al grupo a abrir un nuevo frente en contra de Israel. Sobre estos aspectos se puede ver https://www.onenewsnow.com/persecution/2017/03/04/isis-to-westerners-dress-up-like-jews-and-kill

En el caso del islamismo chiita, desde la revolución islámica en Irán, el líder supremo de la revolución, el ayatolá Komeini, proclama una concepción antioccidental donde los principales enemigos de Dios y el Corán son Estados Unidos considerado el gran satán, el sionismo internacional, y los máximos dirigentes de Jordania y Egipto de la época, el rey Hussein y el presidente Mubarak, respectivamente, por su reconocimiento de Israel. Se considera al sionismo internacional como aliado de Estados Unidos, que “no deja de llevar a cabo cualquier crimen para alcanzar sus deseos bajos y codiciosos, crímenes que la lengua y el lápiz se avergüenzan de pronunciar o escribir” (Khomeini, 1989).

Por su parte, el movimiento pro-iraní Hezbollah, con base en El Líbano, concibe que Israel es representado como producto del imperialismo occidental, es identificado con Occidente, con Estados Unidos, “el gran satán” y con la cultura occidental, la modernización y la corrupción moral que han penetrado en el mundo musulmán. El conflicto con Israel y los judíos es una guerra total, de vida y muerte. Esta guerra total ha llegado a América Latina y Argentina, puesto que Hezbollah ha sido acusado en el dictamen del fiscal Alberto Nisman de octubre de 2006, de la ejecución del atentado contra la AMIA ocurrido en Buenos Aires el 18 de julio de 1994.

Para concluir tres observaciones. En primer lugar, el antisemitismo es algo que traspasa y va más allá de las diferencias que separan al islamismo sunnita del chiita. En segundo lugar, el componente antisemita y antisionista se ve complementado con un componente antioccidental, en donde es Israel es considerado una prolongación de Occidente. En tercer lugar, el antisemitismo opera de manera indistinta en contra de los judíos, de Israel y los sionistas. Con todo, en comparación con lo que ocurre en el mundo cristiano, donde el antisemitismo tiene una larga data, en el mundo musulmán se trata de un fenómeno relativamente nuevo que emerge en el siglo XX a partir de la presencia de ideologías europeas especialmente alemanas que son antieuropeas y la emergencia de gobiernos nacionalistas árabes. El islamismo radical profundizará esta tendencia.

Esta columna forma parte del Proyecto Fondecyt 1150057.

Por Isaac Caro