Por Gachi Waingortin

Iom Haatzmaut

Uno de los puntos más notables del judaísmo es la idea de la intervención divina en la Historia, y la creación del Estado de Israel es arquetípica en ese sentido. El pueblo judío agradece dicha intervención, considerando a Iom Haatzmaut no como un simple Día de la Independencia, sino como una festividad religiosa.

Iom Haatzmaut nos muestra cómo actúa la evolución del judaísmo. Revisando sidurim de todos los movimientos sionistas, veremos que en los años 50 se indicaba decir Sheejeianu sin el Nombre (Baruj sheejeianu vekiemanu…), recitar medio Hallel sin brajá, leer Haftará sin brajá. La liturgia de Iom Haatzmaut evolucionó a través de los años hasta que los sidurim más recientes indican Sheejeianu completo, lectura de Torá, Haftará y Hallel completo con las bendiciones correspondientes, encendido de velas (Lehadlik ner shel Iom Haatzmaut) y toque de Shofar. Hay también un “al Hanisim” similar al que se intercala por Janucá y por Purim en la Amidá y en Birkat Hamazón, que ya tenemos en el nuevo Sidur del CIS. Comparte el encabezado de los “Al Hanisim” tradicionales: “Te agradecemos D’s nuestro por la maravillosa liberación que concediste a nuestros padres en tiempos pasados en esta fecha”. Y a continuación, un relato de la “maravillosa liberación” experimentada con el establecimiento de Medinat Israel. Podemos resumirlo en los siguientes términos: “En los días del retorno a Sion, cuando Tu pueblo estaba disperso por el mundo y los sobrevivientes de la Shoá buscaban refugio, volvieron Tus hijos a la tierra que les habías prometido. Y cuando siete naciones se levantaron contra Tu pueblo para borrar su nombre de la tierra, Tú, con Tu gran misericordia luchaste sus luchas, vindicaste su causa, fortaleciste sus corazones. Y después vinieron Tus hijos para construir y construirse y declararon el Estado de Israel. Y establecieron este día de Iom Haatzmaut para alegrarse y agradecer Tu salvación.”
La evolución no se ha detenido allí. El KKL ha elaborado un Séder de Iom Haatzmaut, con una Hagadá, y una Keará especial que presenta las siete especies con las que fue bendecida la tierra de Israel: una rama de olivo como símbolo de paz; higos, dátiles, pasas de uva, una pita por el trigo y por la abundancia; además, una naranja por la agricultura y hummus por el color de la piedra de Jerusalem y del cemento de las construcciones. Hay también cuatro copas que contienen vino tinto, agua (gran protagonista de la vida en Medio Oriente), jugo de naranja y vino blanco. Preside la mesa un vaso de leche con miel.

La lectura de la Torá que los rabinos establecieron para este día es Devarim 26: 1-8 donde dice que “Cuando hayas entrado en la tierra que el Eterno tu D’s te da por heredad, vendrás al sacerdote que haya en aquellos días y le dirás: ‘Reconozco hoy ante el Eterno tu D’s que he entrado en la tierra que el Eterno juró a nuestros padres que nos daría´”. Y se indica relatar la historia desde los Patriarcas: “Un arameo errante fue mi padre … fuimos esclavos en Egipto … D’s nos sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido” Si nos resulta familiar este relato, es porque también constituye la historia central del Séder de Pésaj.

La esencia de esta lectura es tomar conciencia. Tomar conciencia de lo que tenemos, para poder agradecer y darnos cuenta de la intervención de D’s en nuestras vidas. En todos los ámbitos, lo importante no son los logros sino darnos cuenta de que los hemos alcanzado: lo que no valoramos, es como si no existiera. Pero hay algo más: después de tomar conciencia de que has entrado y te has establecido en la tierra que el Eterno tu D’s te ha dado, o sea, una vez que tomaste conciencia de tu presente, debes recordar que “un arameo errante fue mi padre”. Saber de dónde venimos nos ayuda a valorar lo que hemos conseguido. El presente cobra mayor sentido cuando tomamos conciencia del pasado.
La Haftará es de Isaías (10:32 – 12:6). Es la misma lectura del último día de Pésaj (otra similitud notable entre Pésaj y Iom Haatzmaut, los dos momentos de redención donde vemos claramente la mano de D’s). Es Isaías anunciando la salvación de Israel, la reconciliación entre hermanos, la reunificación de las diásporas y la llegada del mundo mesiánico: “Entonces el lobo habitará con el cordero, y el leopardo se recostará con el cabrito. El ternero y el cachorro del león crecerán juntos y un niño pequeño los conducirá … No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la Tierra estará llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar”.

La teología judía indica que el plan de D’s para el mundo contempla al pueblo de Israel en la tierra de Israel, con la ley de Israel. Ese pueblo, en esa tierra, viviendo bajo esa ley, deberá generar una sociedad ideal, que irradiará su perfección hacia el resto del mundo. Somos un pueblo optimista. Nuestra escatología, eso es, nuestra visión del final de los días, no es el apocalipsis sino la redención mesiánica. El Estado de Israel es “reshit tzmijat gueulateinu”, el principio de nuestro renacimiento y redención. La creación del Estado es el primer paso para que se pueda cumplir la profecía de Isaías. Ya tenemos al pueblo de Israel independiente en la tierra de Israel. Falta mucho todavía. Falta la Ley, la sociedad justa, la perfección de Israel y de allí la perfección del mundo. Pero, todo gran trayecto comienza con pequeños pasos.

La profecía de Isaías empieza con las palabras: “Un retoño brotará del tronco de Ishaí”. Del tronco que había sido talado, saldrá un retoño. Es nuestra porfía por sobrevivir. La creación del Estado de Israel, sobre todo después de la Shoá, no es otra cosa que el retoño que brota del árbol talado. Festejemos Iom Haatzmaut. Recordemos de dónde venimos, dónde estamos, para qué estamos allí. Israel en la tierra de Israel es parte del plan divino para traer la redención al mundo.