Por Jazán Ariel Foigel:

Historia de los Ta’amei Hamikra

Desde el inicio del judaísmo, la música nos ha acompañado de la misma manera que lo han hecho otros aspectos de nuestra cultura. La música como inspiración nos llega a veces desde lo más profundo de nuestro ser, nos llena de gozo, nos regocija y le da a muchos un sentido en sus vidas, orientación en sus caminos, inspiración o quizás una comunicación con D’s.

Es tan vital que nuestros ancestros introdujeron musicalización a las lecturas bíblicas, a los servicios religiosos.

La historia de los Ta´amei Hamikra: Los Teamim son un conjunto de signos gráficos que vienen debajo o encima de los textos Bíblicos. Sin embargo, no están presentes en los rollos de la Torá que se utilizan en la sinagoga. Cada signo representa una frase musical compuesta que se adjunta a las palabras.

El nombre “Teamim” es el plural de Ta’am que significa sabor. La función de los Teamim, además de proporcionar una melodía agradable a la lectura de los versos, es la de indicar la división sintáctica de los versículos y a la vez la de hacer un hincapié en el significado del texto.

El comentarista bíblico Abraham Ibn Ezra (1093-1167) escribió en su libro “Moznaim” que cualquier interpretación de un versículo que no estuviera adecuadamente leído con sus respectivos Teamim no debiera ser escuchado.

Los Teamim o Taamei Hamikra (Acentos bíblicos) son muy antiguos, y según el midrash, el método de cantarlos fue revelado a Moshé Rabeinu en el Monte Sinaí junto con el resto de la Torá. Sin embargo, se sabe por diversas fuentes que estos signos fueron desarrollados mucho más tarde y son muy probablemente de la época post-Talmúdica.

Antes de su aparición, según el Talmud (Berajot 62a), un conjunto de señas manuales eran utilizadas por los Tomjim, (Ayudantes de la lectura pública de la Torá). Ellos, mediante señas manuales le indicaban al Baal Koré (persona que lee la Torá en voz alta durante los servicios religiosos), con movimientos (subidas y bajadas), la melodía. Los nombres de cada Teamim aluden a los movimientos de las manos. Por ejemplo Zakef – vertical, Tipha – mano elevada, Pashta – estiramiento. Todo esto indica diferentes movimientos manuales. Este sistema todavía se utiliza hoy en determinadas congregaciones.

La puntuación de los Teamim, fue desarrollada en dos sistemas diferentes. La babilónica o Taamei Bavel (Teamim de Babilonia) y el sistema de Eretz Israel. El sistema que se emplea hoy en día, tal y como lo conocemos es el de Israel, mientras que el sistema babilónico fue olvidado por completo.

Los símbolos de cada Taamei fueron instauradas por un erudito académico de Tiberiades llamado Rabí Aarón ben Asher (900-960 d.e.c.). En su obra, Dikdukei Hateamim (Reglas gramaticales de los acentos), él establece la vocalización de los signos y la forma en que se ven. Incluso nos da algunas pistas acerca de la musicalización de los Teamim describiendo diferentes tonalidades.

Estos signos consisten en líneas, semicírculos y puntos. En muchos de ellos podemos ver su desarrollo partiendo de las indicaciones manuales.

Hay 28 signos o Teamim que se dividen en dos categorías principales: Mejabrim y Mafsikim. No solo se aplican en la lectura de las diferentes parashiot del ciclo del año judío, también se emplean en la lectura de la Haftará, las Meguilot y muchas fuentes históricas dicen que estas, originaron el “Nusaj”, diversas melodías que acompañan hoy a los textos de nuestros Sidurim y Majzorim en nuestros rezos.

Estos signos tienen varios nombres. Trop es uno de ellos y probablemente deriva de la palabra griega “Tropos”. (Manera o modo). Al parecer esta palabra fue empleada por primera vez por Rashi, para referirse a la melodía bíblica. (Génesis Rabá 36).

Ciertamente es todo un arte pues la persona que va a leer públicamente la Torá, debe prepararla con mucha antelación, no sólo por la dificultad del lenguaje, que es bastante antiguo y diferente al hebreo moderno, sino también porque hay que memorizar la melodía.

Esta es una herencia milenaria de nuestros sabios. Una manera creativa para generar interés por la Torá.

Otra razón más para asistir a nuestras sinagogas con un toque de “sabor bíblico” que empalague y endulce todo nuestro ser.

Por Jazán Ariel Foigel.