Por Gachi Waingortin

Heschel nos regala un análisis lúcido y original del acto de rezar

Uno de los autores que más han influido en nuestro entendimiento de la tefilá (y del judaísmo como un todo) es Abraham Joshúa Heschel. Heschel nos regala un análisis lúcido y original del acto de rezar. Escuchemos algunas de sus palabras:

“La plegaria es un evento que sucede entre el alma del hombre y el mundo.
Es desde este punto de vista que debemos distinguir entre dos tipos de plegaria: la plegaria como un acto de expresión y la plegaria como un acto de empatía. El primero sucede cuando el alma ansía la comunicación con D’s, es un asunto íntimo. En este caso, la necesidad de comunicarse con D’s, el estado de ánimo de oración, viene primero; las palabras, vienen después.

“En la plegaria de expresión solemos arribar a pensamientos que se encuentran más allá de nuestro poder de expresión. En la plegaria de empatía, a veces llegamos a palabras que están más allá de nuestro poder de empatía. Es en estas tensiones que nuestra plegaria gana en fuerza y nuestro conocimiento en profundidad intuitiva.

“Aun siendo verdad que la plegaria de expresión es un fenómeno común y universal, no es correcto asumir, como lo hace la mayoría de la gente, que la plegaria ocurre principalmente como un acto de expresión. El hecho es que el tipo más común de plegaria es un acto de empatía. No es necesario un estado de ánimo de plegaria para que empecemos a rezar; es a través de nuestro leer y sentir las palabras, a través de la proyección imaginativa de nuestra conciencia dentro del significado de las palabras, y a través de la empatía con las ideas de las que las palabras están impregnadas, que este tipo de tefilá llega a ocurrir. Acá las palabras vienen primero, el sentimiento viene después.

“En el libro de los Salmos, algunos capítulos comienzan con las palabras: LeDavid Mizmor, de David, un salmo. Otros, comienzan diciendo: Mizmor leDavid, salmo de David. El Talmud explica: Cuando David empieza a cantar y luego le viene la inspiración, dice: LeDavid mizmor; cuando primero vino la inspiración y después David empezó a cantar, dice Mizmor
leDavid. (Pesajim 17 a)

“En la plegaria de empatía, empezamos dirigiéndonos a las palabras de la liturgia. Al principio, las palabras y su significado parecen estar más allá del horizonte de la mente. Qué remoto es el sentido de “Bendito eres Tú” para los pensamientos en los que normalmente estamos inmersos. Debemos, por lo tanto, recordar que la experiencia de la plegaria no viene de repente. Crece ante la palabra que viene a iluminar con su riqueza, su firmeza, su misterio. Gradualmente, si vamos en busca de su significado, nos elevamos a la grandeza de la plegaria. En el camino hacia la palabra, en sus bajadas y subidas, la plegaria madura, nos purificamos hasta llegar a convertirnos en seres que rezan.

“La plegaria genuina es un evento en el cual la persona se sobrepasa a sí misma. Resulta difícil comprender lo que sucede. Comienza en este lado del mundo, pero termina más allá de toda palabra. Lo que sucede no siempre es generado por el poder humano, a veces todo lo que hacemos es pronunciar una palabra con todo el corazón y es como si hubiéramos levantado al mundo entero.

“No encendemos y apagamos la luz de la plegaria a voluntad, como controlamos el pensamiento; la grandeza de la plegaria nos sobrecoge. Es asombro, no comprensión; temor, no razonamiento; es un desafío, un rapto de emoción, un movimiento del espíritu, la exigencia a nuestra voluntad por parte de la voluntad viviente de D’s.

“El servicio de la oración, la adoración del alma, se realiza no por el empleo de palabras como una expresión humana sino como la celebración de la palabras como un realidad sagrada.

“Las palabras de la plegaria son una isla en este mundo. Cada vez que llegamos a sus costas, enfrentamos los mismos peligros, los mismos desafíos, tensión y riesgos. Cada vez, la isla debe ser conquistada como si nunca hubiéramos estado allí antes, como si fuéramos extraños del espíritu.

“Durante siglos, Jerusalén yació en ruinas; de la antigua gloria del rey David y Salomón solo queda un muro, un muro de piedra que quedó en pie después que el Templo fuera destruido. Durante siglos los judíos fuimos en peregrinaje a Jerusalén a fin de abrir los corazones ante el Muro de los Lamentos. Hay un muro erigido entre el hombre y D’s, y ante el muro debemos rezar, buscando una brecha, una ranura, a través de la cual puedan penetrar nuestras palabras y llegar a D’s, que se halla detrás de muro. La tragedia es que muchos de nosotros ni siquiera sabemos dónde queda el camino que lleva al muro. Vivimos en una era de oscurecimiento espiritual. Debemos buscar formas de preservar la fuerte y profunda verdad de una teología de un D’s viviente en medio del oscurecimiento. Porque la oscuridad no es final ni completa. Nuestro poder es el primero en esperar el fin de la oscuridad, la derrota de la iniquidad; y nuestro poder también alcanza chispazos aislados y rayos de luz ocasionales, momentos llenos de gracia y brillo divinos. Se nos pide que reunamos los chispazos para preservar momentos de brillo aislados y mantenerlos con vida en nuestra existencia, desafiar lo absurdo y la desesperación y esperar que D’s vuelva a decir: Hágase la luz. Y la luz se hará”.