Entrevista con Dan Wolman, cineasta israelí:

“Hay algo dentro de mí que se muere de ganas de contar una historia”

Este año se realizó la segunda versión del Festival Internacional de Cine Israelí “Seret”, entre el 23 de noviembre y el 3 de diciembre, en Valparaíso y Santiago. Decenas de películas de Israel pudieron ser apreciadas y disfrutadas por el público chileno, entre ellas “Una historia de amor israelí”, la más reciente realización del director Dan Wolman, quien estuvo de visita en el país en el marco del evento.

Wolman es uno de los realizadores de mayor trayectoria en Israel. Nacido en octubre de 1941 en Jerusalén, cuando la capital se encontraba aún bajo el Mandato Británico, estudió cine en Nueva York entre los años 1962 y 1968. Sus películas se han presentado en Cannes, Venecia, Berlín, Shangai, Goa, Moscú y muchos otros festivales de cine, ganando premios en todo el mundo, y abarcan una amplia gama desde la comedia juvenil “Lemon Popsical” a las muy personales “The Distance” y “Foreign Sister”, ambas ganadoras del Premio Volgin a la “Mejor película” en el Festival Internacional de Cine de Jerusalén.

Ya en el año 2015 participó de Seret en Londres presentando “La angustia del director”. Actualmente, nos comenta, tiene varios proyectos en curso, entre ellos la realización del guión para “Judas”, de su amigo el escritor Amos Oz.

-¿Puede contarnos de qué se trata la película que presentó en Seret en Chile?

-Se trata de un hecho verídico. Hace unos cinco años atrás, conocí una mujer de 86 años que me pidió hacer una película sobre su romance con el hijo del segundo Presidente de Israel, Yitzjak Ben-Zvi, llamado Eli. Estamos hablando de 70 años atrás, en 1947, era un período conflictivo, pero el filme se centra en su relación amorosa. El guión está basado en un monólogo creado por esa mujer, que se llama Pnina Gary y es una actriz y dramaturga de renombre en Israel.

-Ud. ha realizado películas de diversos géneros, comedia, drama, acción, entre otros. ¿Eso es algo que Ud. eligió o que fue dándose en el tiempo?

-Hay algo en mi personalidad que cree en el trabajo y si me dices “Dan, ¿puedes hacer una película de artes marciales en las montañas de Chile?”, yo te diré que sí, que voy a intentarlo. He hecho todo tipo de películas, también películas eróticas, pero siempre me he preocupado de guardar un lugar para hacer y decir las cosas que son importantes para mí decir.

-¿Hacer películas es para Ud. como un desafío?

-Tengo amigos que se sientan en cafés y se quejan que no tienen recursos, que sus talentos no son apreciados, que no les dan las oportunidades. Yo creo que hay que ser como un pintor: si alguien te dice que no tienes rojo, ni verde, que sólo tienes púrpura y blanco, ¿puedes hacer un cuadro? Hay algo dentro de mí que se muere de ganas de contar una historia, entonces incluso si sólo hay púrpura y blanco, yo pinto ese cuadro.

-¿Cree que el cine israelí se ha desarrollado tan rápidamente como lo ha hecho el país en 70 años?

-Voy a decir cosas buenas y cosas malas, porque no me gusta sólo palmotearme la espalda. En los últimos 30 años hubo un gran quiebre en el cine israelí, y ahora Israel con sus 8 millones de habitantes está haciendo algo de 45 películas al año. Y hay al menos 20 directoras mujeres; eso es algo fantástico, no sé si hay en otra parte del mundo este porcentaje de mujeres. En los últimos años Israel ha tenido cuatro nominaciones al Oscar a Mejor Película Extranjera, si revisas en los últimos 50 años no hay tantos países que hayan tenido esa cantidad de nominaciones, lo que es extraordinario. Hay algo con el cine en Israel que en todas las escuelas secundarias de buen nivel hay un Departamento de Cine. Los alumnos de secundaria tienen que dar exámenes de matemática y también de cine. Y tenemos cerca de 18 escuelas superiores de cine.

-¿Y lo malo?

-Ahora voy a hablar de los problemas. ¿Por qué hubo este tremendo cambio en los últimos 30 años? Por la Ley del Cine. Los realizadores israelíes plantearon que era imposible para un productor recuperar su inversión siendo Israel un país tan chico, con poca población, con este idioma, y presionaron al gobierno para que asumiera que el cine era tan importante como otras expresiones artísticas y que necesitaba apoyo. Y aprobaron esta ley que garantiza que se apoyará económicamente al cine. Además, hay cerca de seis fundaciones en Israel que dan recursos para realizadores.

-¿Le parece que instancias como Seret ayudan a conectar a la gente alrededor del mundo con el cine israelí?

-Me hago la misma pregunta. Estuve hace poco en Los Ángeles presentando esta película y la audiencia estaba compuesta de todo tipo de gente: americanos, afroamericanos, chinos, etc. Y acá cuando se presentó la primera película de esta versión del festival, vi lo mismo, un público muy diverso.

-¿Cómo cree que ha evolucionado su propio cine a lo largo de su carrera?

-Hay un filme basado en una historia de Orson Wells que se llama “F de falso”, y dice en ella: “Hice “El ciudadano Kane” y luego empecé mi camino en descenso”. Me siento igual (bromea). Es muy interesante, quizás un poco infantil, que ese niño de 12 años que está dentro de mí todavía está sediento de contar una historia, de llegar a la gente, de hacerlos llorar o reír, de hacerlos empatizar con los que sufren. Pero no sabría decir cómo se ha desarrollado mi cine. Hace poco escribí una idea para hacer una película en China sobre el Ghetto de
Shangai. Y la envié a la Embajada de Israel en China para conectar con algún productor, y me encontré con alguien que consideró que era una excelente idea. Entonces, mientras pueda vivir de esto y hacer mis películas, estoy bien. Si a nadie más le interesa, voy a parar y me retiraré.

-Para cerrar, quisiera pedirle su opinión sobre algo: para mucha gente no judía, escuchar de Israel se asocia inmediatamente con el conflicto palestino-israelí. El cine israelí, en cambio, no habla exclusivamente del conflicto y muestra que Israel es mucho más además de eso. ¿Cree que puede ayudar a cambiar esa imagen en la opinión pública sobre Israel?

-Creo que depende del período, hubo períodos en que el cine habló mucho más del conflicto y puede ser que ahora, de los 45 filmes israelíes que se presentan en un año, ocho hablen del conflicto. Pero imaginemos que alguien tiene cáncer y escribe poesía, no podrá escribir sobre nubes rosadas cuando hay algo que quema dentro de sí. Creo que tiene que ser uno de los temas importantes, pero debe ser abordado de manera original y artística, sobre todo sincera y crítica.

Por LPI.