Expedición ciclista a Italia:

Grupo del EIM pedaleó en honor a Gino Bartali

El ciclista italiano tuvo un rol heroico salvando la vida de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Hace algunos meses, el Giro de Italia le rindió homenaje en su primera etapa realizada en Jerusalén, y ahora el grupo de gimnasia del EIM hizo algo parecido, rodando por los caminos que hace años vieron sus hazañas deportivas.

Gino Bartali

La Segunda Guerra Mundial había interrumpido el curso de su exitosa carrera deportiva, pero Gino Bartali, convertido ya a los 29 años en ídolo de una joven nación a la deriva, salía cada mañana a entrenar por las carreteras secundarias y los caminos ocultos entre cipreses de la Toscana, a menudo bajo la lluvia y con un viento polar de cara. Pedaleó sobre su Legnano dorada todo aquel invierno en que Italia convivió con los nazis y empujó a la muerte a más de 6.000 compatriotas judíos. De Florencia a Asís, 185 kilómetros y otros tantos de vuelta semanalmente mientras tomaba mentalmente nota de los retenes de los alemanes y sorteaba los controles militares.

La vieja estación de Terontola y el rápido intercambio de pasajeros en los trenes fueron el punto clave de aquellos viajes secretos. Nadie supo hasta su muerte que aquel trayecto le sirvió a Bartali para transportar, escondida en los tubos de la bici, la documentación falsa que salvó la vida a centenares de judíos a punto de ser deportados.

Los hechos se remontan al otoño de 1943 y la primavera de 1944. Bartali era un hombre con una fe católica marcada a fuego, de modo que el cardenal Elia Dalla Costa, amigo de la familia, confesor y guía espiritual, pensó que su prestigio podría ser valioso para lo que se traía entre manos. El purpurado había organizado una red clandestina que ayudaba a escapar a centenares de judíos amenazados por las leyes raciales y las deportaciones que habían empezado en septiembre de 1943.

Adam Smulevich, un periodista florentino, y su colega Sara Funaro, descubrieron la historia en 2010, enterándose de que el ciclista ocultó en aquellos años en el sótano de la vivienda contigua a la suya a una familia de judíos cercada por las deportaciones. El toscano Giorgio Goldenberg pasó allí meses hacinado en una cama con su abuelo y sus padres. La confirmación de esta historia permitió que el Yad Vashem de Israel concediese a Bartali los honores de Justo entre las Naciones.

Ruta deportiva

Carlos Grossman y Daniel Schnitzler, quienes formaron parte del comité organizador del viaje ciclista a Italia, señalaron que el grupo de acondicionamiento físico del Estadio EIM lleva más de 20 años reuniéndose tres veces por semana para practicar actividad física.

“Desde el 2010 que viajamos a Israel, para luego seguir con viajes participando en corridas de 21 km de Río, Montevideo, Lima, Santiago, Buenos Aires. Además, hemos hecho viajes deportivos a diferentes partes del país. Este año, en mayo, 14 miembros del grupo fuimos a la Toscana Italiana para practicar ciclismo por 6 días. La actividad partió en Grosseto, luego fuimos a Montelccino, para terminar en
Siena.

Cada día recorríamos un promedio de 60 km, pasando por lugares históricos o turísticos.

-¿Por qué decidieron honrar a Gino Bartali?

-Nos pareció que la mejor forma de honrar su memoria era recorriendo 340 km por la Toscana (donde nació) practicando su deporte favorito. De esta forma, en vez de construir un monumento o realizar un homenaje, preferimos llevar a la práctica lo que probablemente Gino deseaba, o sea ver un grupo de judíos sanos, alegres y deportistas pedaleando por la Toscana. En los mismos lugares donde alguna vez fuimos perseguidos, pasamos hambre, etc., hoy día podemos levantarnos con orgullo y decir estamos más vivos que nunca y en parte gracias a hombres como Gino, que ayudaron a la continuidad del pueblo judío. Ellos lucharon porque viviéramos, nuestra responsabilidad es hacer de nuestro paso por la vida una alegría.

-¿Qué impresión se llevaron del Pueblo Italiano y sus reminiscencias de la Segunda Guerra Mundial?

-Italia es un país extremadamente ciclista y Gino es un ídolo. Por cada lugar que pasábamos, en cada lugar que nos sentábamos a comer, siempre los lugareños se sentían orgullos que un grupo de judíos chilenos honrara la memoria de uno de sus ídolos. Sin duda fue un puente de comunicación que nos permitió interactuar más con los lugareños y ser atendidos de forma muy especial. Además, cabe destacar la cobertura que nos dio la prensa local, en relación al viaje, dada la importancia que para ellos significó la visita de este grupo.

-¿Qué sensación genera convertir una actividad deportiva-social en una actividad con sentido histórico?

-El ultimo día en Pitigliano pasamos a conocer una de las pocas sinagogas que hay en la Toscana, que hoy es un museo. En forma natural en un momento todo el grupo se abrazó y cantamos en forma espontánea el Shejeianu, agradeciendo por los momentos vividos, por tener salud para practicar deporte, por poder vivir en un país donde hay un estadio donde podemos juntarnos y porque muchos lucharon para que hoy día nosotros estemos vivos. Para nuestro grupo el deporte es una sana excusa para sociabilizar, aprender y crecer como personas judías.

Fila atrás, de izq. a der.: Amir Feldman, Julio Rezepka, Daniel Jabbaz, Luis Villarroel, Eduardo Bohorodzaner, Volney Vásquez. Fila adelante, de izq. a der.: Daniel Schnitzler, Leonardo Trumper, Bernardo Stern, José Alaluf, Daniel Szewkis, Ricardo Levy, Carlos Grossman y Carlos Henriquez (Entrenador).

Por LPI / El País