Memoria comunitaria:

“Gloria eterna a Alejandro, el Unificador”

“…Nuestro pueblo es y será indesmembrable, pese a todos nuestros enemigos, vivando gran Yugoslavia, por quien nuestro rey dio la sangre”. Parte de los conceptos contenidos en un telegrama de condolencias enviado por los judíos sefaradíes de Monastir, tanto de Temuco como de Santiago, frente al asesinato en Francia (9 de octubre de 1934) del Rey Alejando de Yugoslavia (en la foto) , quien fue muerto en un atentado junto al Louis Barthou, ministro galo de asuntos exteriores. El magnicidio provocó indignación mundial, realizándose en Chile un acto de repudio y lealtad al Rey y al Estado yugoslavo al cual concurrió en nombre de los yugoslavos de Monastir Nissim Misraji quien llevaba las instrucciones de adherir incondicionalmente a los acuerdos que se adoptaran e informar “nuestros sentimientos de unión al pueblo yugoslavo”.

Mizraji pronunció un discurso en el que destacó la figura del monarca señalando que “la Yugoslavia ha perdido en tierra amiga el más grande de sus hijos, a su Rey que junto con ser un héroe en las guerras, fue un apóstol de paz”. Puntualizó seguidamente que “a nosotros, los yugoslavos del extranjero, se nos pretende hacer aparecer como simpatizantes con la masacre de nuestro grande y querido Rey por un grupo anónimo de venales asalariados quienes usurpando nuestra representación se dirigieron en tal sentido a la Liga de las Naciones”. Concluyó diciendo que “Fiel interprete de la Comunidad Israelita de Temuco que me encargó el honor de representarla en esta magna asamblea, no me queda más que rogar junto a todos ustedes, al Todopoderoso, se sirva recibir en su seno a nuestro inolvidable soberano. Gloria eterna a Alejandro, el Unificador”.

Magazine: Investigación y textos: Marcos Levy.