Por Gachi Waingortin

Gaal Israel: Experimentando la redención

Cada mañana y cada noche, cuando rezamos, recitamos el Shemá Israel para volver a tomar conciencia de la unicidad de D´s y de la consecuente unicidad de nuestros parámetros éticos. Abrimos nuestro Shemá agradeciendo a D´s por los dos regalos que nos entrega: el tiempo y Su amor. Y lo cerramos expresando nuestra convicción de que así como D´s traerá finalmente la redención al pueblo de Israel, así también nosotros debemos ayudar a traer la redención al mundo.

La palabra que inicia esta brajá posterior al Shemá Israel es “Emet”, verdad. En la tefilá de Arvit decimos “Emet VeEmuná” y recitamos a continuación “Ashkiveinu”, nuestro pedido por una noche tranquila. En Shajarit decimos “Emet veiatziv”. En ambos casos el significado de estas palabras es “verdadero y firme”. Afirmamos que la unicidad de D´s que hemos proclamado es verdadera y constituye la base de nuestras convicciones más profundas. El texto de la brajá da un vuelco hacia el poder redentor de D´s. Evocando el éxodo de Egipto y la gran salvación que experimentamos con la apertura del Mar de las Cañas, recordamos redenciones pasadas que nos permiten proyectarnos hacia la redención futura, afirmando que D´s redimirá finalmente a Israel y todo el mundo. De esto se trata esencialmente el judaísmo. Anhelamos un mundo mejor pero no nos limitamos a rezar a D´s para que nos lo otorgue sino que nos comprometemos a trabajar con todas nuestras capacidades para concretarlo. Así, cuando bendecimos a D´s como “gaal Israel”, el redentor de Israel, nos asociamos para ser copartícipes de esta redención.

Una de las frases de esta brajá dice: “Ashrei ish sheishmá lemitzvoteja, vetoratjá udvarjá iasim al libó”. Feliz quien escucha Tus mandamientos, y quien coloca Tu Torá y Tu palabra sobre su corazón. Estamos frente a una notable definición de felicidad. En su libro “De animales a dioses”, Yuval Noah Harari plantea que hay diferentes definiciones de felicidad. Por una parte, podríamos pensar que la felicidad está ligada al bienestar material, psicológico o espiritual. Hay estudios que demuestran que, efectivamente la felicidad aumenta cuando aumenta el bienestar material, pero solamente hasta que se satisfacen las necesidades básicas. Después de ese punto, ya deja de haber una correlación directa: más bienes materiales no dan más felicidad. En realidad, la felicidad no depende tanto de las condiciones en las que vivimos sino de nuestras expectativas, y lamentablemente cuanto más tenemos más deseamos. Bután, el país más feliz de la Tierra, no tiene hospitales ni ninguno de los servicios básicos que nosotros consideraríamos elementales. Allí la gente es feliz no porque lo tengan todo, sino porque necesitan muy, muy poco.

Por otra parte, hay quien dice que la felicidad es un conjunto de sensaciones físicas agradables. Cuando estamos felices nos sentimos bien, estamos relajados, sonrientes. Lo contrario sería el estrés, la ansiedad, la angustia. Desde un punto de vista biológico, estas sensaciones físicas estarían ligadas a sustancias como la serotonina, la oxitocina y otras hormonas asociadas. Una complicación de esta definición de felicidad es que puede obtenerse artificialmente mediante el consumo de drogas que generan efectos similares. Pero lo más complejo no es eso, sino que esta sensación física de felicidad, aun obtenida sin ayudas artificiales, también nos deja con la sensación de querer más. Seguimos siendo presa de la insatisfacción. Yuval Noah Harari plantea que el ser humano no comprende lo que es la felicidad. Dice que somos como un conductor que acelera a fondo pero no pone ninguna marcha: invierte mucha energía, hace mucho ruido, pero no va a ninguna parte.

La definición de felicidad del judaísmo no está asociada al bienestar ni al placer, sino a la sensación del deber cumplido. Para el judaísmo la felicidad existe, se puede alcanzar y podemos entenderla. Se llega a ser feliz al tener la convicción de estar haciendo lo correcto, en el lugar correcto, en el momento correcto, con las personas correctas. Y si sentir esto nos deja con la sensación de querer más, si quedamos insatisfechos por haber hecho poco, bienvenida sea esa insatisfacción: se transforma en un motor que sí está en el cambio correcto y nos mueve hacia la perfección propia y de nuestro entorno.

“Feliz quien escucha Tus mandamientos, y quien coloca Tu Torá y Tu palabra sobre su corazón”. Saber que estamos haciendo lo correcto nos ayuda a encontrar un sentido a nuestra vida. Si lo que hacemos está bien y responde a expectativas divinas, entonces es importante, pues D´s no pretende, pide o establece cosas innecesarias o insignificantes: si D´s nos pide que hagamos o que evitemos hacer algo, es evidente que eso que nuestro quehacer es relevante. Así, al escuchar las mitzvot y ponerlas sobre nuestro corazón estamos dando sentido a nuestra vida y transformándonos en socios de D´s en el proyecto divino de redención.