Memoria Comunitaria:

Fuerza, compromiso, identidad y continuidad

Si bien los partidos políticos sionistas tuvieron un importante rol en la dinámica sionista en el país, los movimientos juveniles alcanzaron vital expresión de fuerza, compromiso, identidad y continuidad en cuanto a la proyección judía, a la conservación del ideario de Herzl y a la irrestricta adhesión a Medinat Israel. La primera organización juvenil nació el 15 de agosto de 1943 con la creación formal de Hashomer Hatzair, cuyos inicios en Europa datan desde hace 100 años.

Zeev Hagali (Stefan Getzel), miembro de Hashomer Hatzair, quien realizó su aliá desde Chile en 1955 radicándose en el kibutz Ein Hahoresh, dijo que existieron además de su movimiento otras instancias juveniles como Betar, Bnei Akiva, Dror, Gordonia, el movimiento de voluntarios que viajaron para luchar en las Guerras de la Independencia y de los Seis Días, el Movimiento Universitario FIS y el Movimiento Universitario Socialista, no sin dejar de señalar que “desde el comienzo del judaísmo organizado existieron el AJI, Jugendgruppe, Barcai, Kidma cuya mayoría fueron posteriormente la base de los movimientos juveniles sionistas chilenos”.

La Enciclopedia Judaica agrega a Hanoar Hatzioni, fundada en 1946, la Unión Sionista, constituida por sionistas de la última generación y el Fórum de la Juventud Israelita.

Esta base ha dado origen a otras denominaciones juveniles en el panorama colectivo de hoy como Maccabi (Santiano y Viña de Mar), Bet-El, Tzeirei Ami, Tikvá, el propio Hashomer Hatzair y Magen Hador en los que participan cientos de niños y jóvenes, plataforma de futuro y continuidad comunitaria.

Magazine: Investigación y textos: Marcos Levy.