Por Rabino Ariel Sigal

Fuerte, bello, rico, sabio y digno

Los sacerdotes debían ser hombres consagrados. Enseña la parashá que no se casarían con viudas, ni con divorciada ni con rameras. Incluso, los descendientes de Aarón que tuvieren defectos físicos no ofrecerían el pan de D-s sobre el altar.

Al interpretar las palabras: “Y el sumo sacerdote entre sus hermanos” Vaykrá 21:10, el Midrash enseña que el Sumo Sacerdote debía ser superior a sus colegas sacerdotales en cinco áreas. Debía ser físicamente más fuerte, más guapo, más rico materialmente, más sabio y más digno. Si no tenía suficiente riqueza material, los otros sacerdotes debían aportar su propia riqueza para que se vuelva rico de forma independiente. Se alude a esto en la palabra “entre sus hermanos”, es decir, su riqueza podía originarse con sus hermanos.

“Ocurrió con un sacerdote llamado Pinjas que era albañil profesional y fue elegido para convertirse en Sumo Sacerdote. Cuando sus compañeros sacerdotes llegaron a la cantera de la que se ganaba la vida, la llenaron con piezas de oro para hacerlo financieramente independiente” Vaykrá Rabbá 26:9.

La fuerza, enseña el Midrash, que servía para convertirse en un héroe y dominar así sus instintos. La belleza, era la condición para ser agradable frente los demás. La riqueza se la entregaban sus compañeros. La sabiduría la adquiría con la experiencia. La dignidad era el fruto de su constancia y virtuosismo.

El camino se allana, cuando entonces el pueblo ya sin sacerdotes, decide emprender el camino de un pueblo sacerdotal. No hay en Otros la posibilidad de sentirse representados. Cada cuál debe elevar su porción de santidad sacerdotal para alcanzar el virtuosismo entre los hermanos. Todos somos pasibles de fortaleza, belleza, riqueza, sabiduría y dignidad. Y por ello, debemos ejercitarla.

Por Rabino Ariel Sigal