Por Gachi Waingortin:

¿Existen recetas para transmitir sabiduría?

No, no hay recetas, pero sí podemos encontrar, en nuestras fuentes, algunos tips que pueden ser útiles. Una conocida frase de Pirkei Avot, dicha por Yoshúa ben Prajia, dice: “Asé lejá rab, ukné lejá javer”, hazte de un maestro y adquiere un amigo (Avot 1:17). La cita nos habla de la importancia de la transmisión y de la comunidad en el judaísmo. El judío nunca debe vivir solo, no podemos rezar ni estudiar en soledad. Un maestro debe ser alguien que no solamente te guíe en tus estudios, sino que te acompañe en tu crecimiento espiritual, alguien en quien puedas confiar, un amigo.

Pero también nos dice que te hagas de un maestro, que elijas una línea para vivir tu judaísmo. Los judíos no tenemos ninguna autoridad infalible que nos diga lo que es correcto. Cada comunidad, cada grupo, tiene sus propias costumbres y hasta sus propias halajot: lo que algunos permiten, otros pueden prohibirlo (un ejemplo de esto, aunque ciertamente no el único, es el consumo de arroz en Pésaj). Por eso es importante saber a quién dirigir tus dudas.

Si preguntas a tu rabino si te autoriza a comer cerdo, la respuesta será siempre no. Pero hay otro tipo de preguntas cuyas respuestas no serán siempre tan unánimes. Si tienes un problema y le preguntas a diez rabinos, es posible que haya diferencias de opinión, de enfoque, de criterio. Como dice el conocido chiste, ¡probablemente recibas once opiniones! Pero no puedes hacer lo que todos te dicen, debes tomar una decisión. Asé lejá rab, hazte de un maestro. Adopta una línea y sé coherente con ella.

Cuentan de un estudiante universitario que debía dar un examen muy importante en Iom Kipur. Cuando le explica al profesor que no podrá asistir, este le dice: “Hable con su rabino y pídale una dispensa para poder venir”. El alumno le responde: “Si mi rabino me autorizara a transgredir Iom Kipur, dejaría de ser mi rabino”. Asé lejá rab, hazte de un maestro, no implica la obediencia ciega a un maestro, pero sí la fidelidad a una línea y la coherencia en nuestra vida judía.

Asé lejá rab, hazte de un maestro, puede ser traducido también como “haz de ti mismo, un maestro”. La vida no es solo recibir y nutrirnos, sino a la vez entregar y nutrir a otros. Es la instancia de aprender para poder a la vez enseñar; y es saber que cada una de nuestras acciones y actitudes son enseñanza para otros, a veces de manera insospechada. Conozco a una persona que se convirtió al judaísmo porque en su infancia vivía al lado de una familia judía a quienes veía siempre celebrar el Shabat y las Festividades. Ignoro si su vecina sabe que influenció tanto en la vida de este niño que ahora ya es un judío adulto.

Somos continuos receptores y transmisores. Cuando lo hacemos de manera consciente y lo hacemos bien, es muy probable que generemos relaciones humanas duraderas: ukné lejá javer, que adquiramos amigos.

La transmisión se hace no solo a nivel de judaísmo, sino a todo nivel. Esta transmisión de valores, este ser ejemplo, no se da solamente entre maestro y alumno, sino en todas nuestras relaciones. La relación padre hijo es un ejemplo importante de ello. Asé lejá rab, hazte de un maestro. Somos maestros de nuestros hijos, debemos ponerles límites pues, aunque se quejen, los necesitan. Ukné lejá javer, y adquiere un amigo. Una buena relación padre hijo lleva a una relación de confianza, de comunicación fluida, de querer estar juntos y pasarla bien.

Pero no debemos confundir el rol de padres con el rol de amigos. Un amigo acompaña, un amigo no pone límites. Así como el rabino que autoriza la violación de Iom Kipur deja de ser rabino, el padre que no pone límites deja de ser padre. Las dos partes de la frase “Asé lejá rab, ukné lejá javer”, aplicadas a la paternidad tienen una barrera: la letra vav de “ukné” es una barra vertical, que las separa para recordarnos que no son compatibles. Sí es importante lograr una relación rica y agradable, pero sin perder nunca la diferenciación de roles.

La cita de Yoshúa ben Prajia no termina ahí, sino que continúa diciendo: “Y juzga a tus semejantes generosamente”. No deberíamos juzgar a nuestros semejantes, pero lo hacemos de todos modos. Y al momento de juzgar, de opinar sobre los demás, de emitir algún juicio de valor, deberíamos hacerlo con generosidad, otorgando siempre el beneficio de la duda.

¿Por qué viene esta frase a continuación de la anterior? Quizás para decirnos que, cuando asumamos el rol de “maestro”, no subestimemos al que recibe nuestras enseñanzas. Que no perdamos la paciencia al enseñar, que no miremos en menos al que se nutre de nuestro ejemplo o de nuestra sabiduría. La humildad es la herramienta más elemental para cualquier intento de transmisión.

No debemos sentirnos superiores a los otros debido a nuestros conocimientos. Debemos recordar siempre que desde la altura no se puede llegar al corazón de la gente. Y la única enseñanza válida es la que llega al corazón. Solo mirándonos a los ojos, compartiendo generosamente y con humildad, podremos llegar a los demás y transformarnos en rab, maestro, y en javer, amigo.

Por Gachi Waingortin.