Por Gachi Waingortin:

¿Está permitido descargar música, videos o software sin pagar?

Es una conducta tan habitual que ya no nos queda claro que no sea ética. Pero ¿es robo copiar o descargar música, vídeos, software u otras formas de propiedad intelectual sin pagar? Mucha gente que nunca entraría a robar a una tienda, no tiene reparos en piratear un software. Muchos que jamás se colarían en una sala de cine sin pagar la entrada, no tienen problema de hacerlo en su computadora. Quien roba un objeto físico entiende el daño. Pero cuando hace una copia ilegal, no lo piensa. Hay una diferencia psicológica entre sacar algo de un bolsillo ajeno, y no pagar a quien tiene derecho. ¿Es esto ético según la ley judía? Y aun si la ley secular lo permite o cierra los ojos, como judíos, ¿podemos hacerlo?

La responsa del rabino Barry Leff de 2007 aborda este tema. El rabino Leff explica el perjuicio que esta práctica tiene para las personas y para la sociedad. Nos habla de los miles de millones de dólares que pierden anualmente las industrias de la música, el cine y la tecnología, no solo en licencias impagas sino en el desarrollo de herramientas contra la copia ilegal. Explica que los consumidores pierden, porque aumentan los costos de los productos legítimos. Pierden los minoristas honestos, que no pueden competir con los vendedores ilegales. En el caso de la música, pierden las compañías discográficas y los autores. Pierde la sociedad como un todo porque ¿qué compañía invertiría en el desarrollo de nuevas medicinas o en productos de alta tecnología si otros venderán copias baratas sin tener que pagar los costos de la investigación? También hay un daño moral, porque si aceptamos esta forma de “hacer trampa”, es probable que también aprobemos otras. El Talmud (Brajot 5b) nos prohíbe robar, incluso a un ladrón, pues podría terminar gustándonos. Y si educamos a nuestros hijos mostrando que está bien tomar propiedad intelectual sin pagar, estamos enviando un potente mensaje de que robar es aceptable.

El Shulján Aruj (Joshen Mishpat 203:1) dice que no se puede adquirir algo que no tiene existencia física. Si no puedes adquirirlo, no puedes comprarlo, venderlo ni tampoco robarlo. El Shulján Aruj elucubra sobre la posibilidad de que exista algo que en realidad no existe. Pero hoy sabemos que los intangibles sí existen. La realidad virtual es tan real como la concreta. Ideas, patentes, transacciones electrónicas, son valores muy reales. Robar propiedad intelectual involucra lo intangible, pero definitivamente, es robar.

Hay muchos argumentos halájicos que obligan a proteger la propiedad intelectual. Lo primero es la indicación talmúdica de “dina demaljuta dina”, la ley del país es ley (Gittin 10b). Esto obliga a respetar la ley secular del lugar donde uno vive, en todo lo relativo a obligaciones civiles y económicas. Tosefta Bava Kama 6:3. dice que a quien repite las enseñanzas de un maestro (sin citarlo) se lo llama ladrón. El Talmud (Megilah 15a) enseña que quien cita sus fuentes trae la redención al mundo. Desde la invención de la imprenta encontramos textos precedidos por cartas de presentación, donde los rabinos alababan las virtudes del libro y del autor, prohibiendo su reimpresión por un período tal que permitiera a los editores recuperar sus costos y obtener ganancias. A veces, además de prohibir, establecían una maldición para quienes transgrediesen la norma.

Otro fundamento talmúdico para proteger la propiedad intelectual es la prohibición de “asagat gvul”, mover los límites del campo ajeno (Deut. 19:14). El Talmud extiende este concepto a los comerciantes y la competencia desleal. En Bava Batra 21b leemos, por ejemplo, la prohibición de que un pescador ponga sus redes donde otro echó su carnada. Es un tipo de competencia desleal que el Jatam Sofer aplica específicamente a los derechos de autor.

Algunos se cuestionan si robar a una corporación es realmente robar. ¿Cuánto puede afectar una acción tan pequeña a una corporación tan grande? Sin embargo, el Shulján Aruj (Joshen Mishpat 348:1) dice: “Está prohibido robar, aunque sea muy poco, en broma, e incluso pensando devolver o estando dispuesto a pagar una multa, o para hacer enojar a alguien; todo esto está prohibido, para que la persona no se acostumbre a hacerlo”.

Existe una cantidad limitada de copias permitidas, en lo que se conoce como “uso justo”. La definición de “uso justo” es subjetiva, pero como regla general, si el uso tiene interés comercial o si puede afectar las ventas del material copiado, no es justo. Copiar parte de un trabajo para estudiar o enseñar (incluidas copias para uso en el aula) estaría permitido, pero copiar un libro completo, aun copiando un capítulo por clase, no se permitiría, pues afecta las ventas del material copiado: los estudiantes deberían comprar el libro. Quien compra un CD puede copiarlo para uso personal, pero no para venderlo ni para dárselo a un amigo, pues esto va en detrimento del artista.

Hoy, la disponibilidad de información es inmensa; la propiedad intelectual, que es una sustancia intangible, nunca ha sido más valiosa. Hay quienes argumentan que la información debe estar disponible para todos, lo que ha llevado al desarrollo de centenares de softwares gratuitos. Pero que nos gusten las páginas gratuitas no significa que esté bien robarle a Microsoft.

Tanto la ley secular como la halajá reconocen dos objetivos importantes en la protección de la propiedad intelectual: promover el mejoramiento de la sociedad fomentando la innovación, y proteger la inversión de tiempo, esfuerzo y dinero que los creadores de propiedad intelectual han puesto en su producto. Ambos son importantes. Como judíos viviendo vidas fieles a las enseñanzas éticas de nuestra tradición, estamos obligados a seguir la halajá incluso si es más estricta que la ley secular. La ley secular puede decir que es permisible robar; la halajá nos prohíbe hacerlo. Nos incumbe a nosotros, ciudadanos comunes, proteger los intereses de la sociedad y los intereses de los autores, los músicos, artistas e inventores respetando sus derechos y enseñando a nuestros hijos a respetarlos.

Por Gachi Waingortin