Nacido y criado en el Círculo Israelita:

Entrevista al futuro Rabino Natan Waingortin

“La ciencia y la Torá son amigas… dos pilares que sostienen al mundo”

Hijo del rabino Eduardo, creció con la sensación de que su camino al púlpito estaba ya trazado. Hoy dirige la Biblioteca del Seminario Rabínico, donde da rienda suelta a una de sus pasiones: investigar.

Hoy trabaja en el Seminario Rabínico, coordinando la Biblioteca, que es la más importante de toda Latinoamérica. Es el seminarista y futuro rabino Natan Waingortin, nacido y criado en el Círculo Israelita, hoy casado y radicado en Argentina.

“Quiero seguir estudiando y enseñando, promoviendo la vida judía de Torá y Mitzvot, creciendo y contagiando en ética y justicia social. Sea en una comunidad, o como moré de una Yeshivá o Beit Midrash, siempre en el judaísmo Conservador- Masortí, con un mensaje humano, moderno y de Torá”, asegura a La Palabra Israelita.

-¿Cómo y por qué se produjo la decisión de convertirte en rabino?

-Desde muy chico me encantó el judaísmo. Crecí en una familia donde Torá y Mitzvot son la vivencia cotidiana, y con la curiosidad que me caracteriza siempre quise aprender más.

Mi decisión de ser rabino fue complicada. Ser el hijo de un gran rabino, único hijo hombre, me imprimió la doble etiqueta de “hijo de rabino” y de “futuro rabino de Chile”.

La realidad es que siempre me encantó la labor comunitaria, educativa, estudiar y enseñar. Leí la Torá desde mi Bar Mitzvá, ayudaba a repartir Sidurim, enseñaba Tefilá a quien sea y durante el servicio, me acercaba a gente nueva, los saludaba y los invitaba a mi casa.

“Obvio que el Natan va a ser rabino”. Esta opinión me pesó mucho, al punto que siempre lo negué con todas mis fuerzas: “Yo no voy a ser rabino, ¡voy a ser ingeniero!”, matemático, músico o físico, que de hecho también son mis grandes pasiones. (Saqué 828 puntos en la PSU de matemáticas, y entré a Ingeniería Civil en la PUC).

Llegó un momento, creo que en 4to medio, tuve un sueño extraño… Como dice la canción: “Y tuve una revelación, ya sé qué quiero en esta vida, voy a seguir mi vocación…”
Todos lo sabían, y en realidad yo también lo sabía. Listo, siempre quise ser un rab y voy a ser un rab.

-¿Cómo ha sido este camino y en qué etapa estás ahora?

-“Los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba…” Cuando llegué a Argentina en el 2008, me encontré con algo diferente a lo que me imaginaba. Creo que uno de mis mayores desafíos ha sido tomar la realidad como es, y verla en colores, encontrar lo positivo y construir el potencial. Buenos Aires es un mundo enorme y variado, caótico y cultural, Kasher y a veces no tanto.

Gracias a D’s me rodeé de gente sana y linda, grandes amistades, rabinos y maestros que sólo en una metrópolis como esta puede haber. Acá conocí con mi mujer. Muchos me preguntaron si nos casaríamos en Chile. Y la respuesta era clara: tenemos toda nuestra vida construida aquí. Nos casó nuestro rab Baruj Plavnick.

-¿Cómo fue la experiencia del Majon Schechter en Israel?

-Vivir un año en Yerushalaim fue mi sueño desde que empecé este camino, y ahora que volví, tengo unas ganas increíbles de regresar. Fue un año inolvidable, como lo puede contar cualquier rabino que lo haya vivido. Fuimos un muy buen grupo de compañeros argentinos, clave para el apoyo y la energía.

El Majon Schechter es un lugar de excelencia, con morim y rabanim de renombre internacional. Tuve el privilegio de estudiar con los máximos exponentes de cada área, algo que sólo en Israel existe. Gracias al apoyo del Seminario en Argentina, aproveché para estudiar también en otros lugares, como Hartman Institute, vanguardia del judaísmo liberal, Mijlelet Herzog, la academia de estudios bíblicos más importantes del país, la Conservative Yeshiva, baluarte del Movimiento Masortí, y fui asistente de investigación del famoso rab David Golinkin, máxima autoridad de Halajá de nuestro Movimiento (soy mencionado en su última publicación “Responsa in a Moment IV”).

Marianela mi esposa también aprovechó el año en Israel, perfeccionando su hebreo y siendo voluntaria en el Hospital Alyn para rehabilitación pediátrica. También juntos fuimos a Petra, paseamos por Europa y por supuesto dentro de Israel.

-¿Qué ha significado la figura de tu padre en este proceso y en el ejercicio de esta labor de liderazgo espiritual?

-Como dice Pirkei Avot (1:17), toda mi vida crecí entre sabios. Y me nutrí de la energía de la Torá y la vocación de servicio a Am Israel, desde el rol de liderazgo. Siempre lo vi a mi papá enseñar, dirigiendo los servicios, las prédicas, asistiendo a familias en risas y lágrimas. Yo también quería hacer eso.

Así que por supuesto mi papá, junto con mi mamá, son factores sumamente importantes en mi vocación.

Pero hay más. El tío Rubén Preiss fue de las personas que más influyeron en mí desde muy chico. Con él compartimos una gran pasión por las matemáticas y por la Torá, polémica y riquísima combinación. En una búsqueda que viví cuando terminé el colegio, cuando me interesó la ortodoxia, viajé a Israel y conocí la ortodoxia sionista, la ultra ortodoxia, la ortodoxia moderna, y la ortodoxia liberal… volví a Chile con mil preguntas y confusiones. Tardé en entender y asumir que todo eso acá no existe.

El tío Rubén me dijo dos cosas que me marcaron:

El mundo ortodoxo es muy fuerte y tiene todo armado, todo encaminado. El judaísmo moderno, el Movimiento Conservador es la necesidad del mundo de hoy, y es ahí donde urge trabajar.

Ingenieros ya hay muchos, me dijo. El mundo necesita rabinos.

Con estas dos potentes enseñanzas, me quedó clarísimo cuál es mi lugar. Entonces dejé la PUC y emprendí mi “Lej Lejá”, o como yo digo, “Hice Aliá a Argentina”.

-¿En qué actividades comunitarias está ahora en Argentina?

-Hoy trabajo en el Seminario Rabínico, donde estudié. Coordino la Biblioteca, que es la más importante de toda Latinoamérica. Amo los libros (de Israel me traje 240kg de libros), así como de los recursos en internet. Mi objetivo es fomentar el conocimiento y el uso de los libros, para eso estamos poniendo carteles, explicaciones, acertijos y recomendaciones, para que sea una Biblioteca más interactiva. Con el mismo objetivo, estoy enseñando un curso avanzado y novedoso: Aprender a manejar todos los libros de judaísmo.

Doy clases y tutorías, colaboro en varias investigaciones locales y extranjeras, y brindo asesoría pedagógica.

Algo que aprendí en mi casa, y estos 10 años me he ocupado de enseñar, contagiar y difundir, son las cenas de Shabat. Son toda una revolución, son incontables los jóvenes que hoy hacen cenas, se invitan entre ellos y se abren a más. Es una enorme satisfacción ver cómo uno puede influir para bien en los demás.

-¿Cuál es tu mirada de la vida judía en Argentina, Chile y Latinoamérica?

-En el judaísmo -en la humanidad toda- hay una fuerte tendencia al extremismo: la ortodoxia es un extremo, y la asimilación también lo es. Creo que ver sólo uno de ellos nos limita la visión de la realidad. Si hay un extremo es porque hay otro en el lado opuesto, y que al final los dos se tocan. Cada uno es una reacción en contra del otro, y el que peor la pasa es el que queda medio abandonado en el medio: el judaísmo.

Siento que la Torá carece de valor para muchos judíos, y para otros lo que no vale es la ciencia. Como conté antes, yo amo las dos. La ciencia y la Torá son amigas, eternas compañeras, dos pilares que sostienen al mundo. Somos nosotros los que las hacemos pelear.

Al joven judío que viene del mundo laico le cuesta acercarse a la Torá, porque la ve como algo antiguo, y oscurantista, quizás proyectando a quienes ve que la usan y la viven, con quienes no se identifica para nada. Al joven judío que saltó a la vida ortodoxa, todo lo que sea ciencia, mundo laico, modernidad o razón, le causa rechazo, quizás por venir de ese mundo, en la crisis de valores y modelos, materialismo y falta de sentido, del que seguramente se intenta proteger.

Me preocupa mucho. Por lo que conocí en Chile y lo que vivo en Argentina, estos dos extremos están cada día más alejados. Ambos pretenden forzar que el mundo sea lo que no es, en contra de D’s mismo, quien nos creó con cuerpo-ciencia y alma-espiritualidad, y en contra del propio judaísmo, que históricamente es multicolor.

¡El judaísmo es hermoso! Yo quiero ser rabino para liderar el camino hacia la reconciliación. Y como me enseñó el tío Rubén, es mucho más urgente el trabajo en el mundo liberal, sobre todo en el extremo laico, y yo puedo hacer algo, porque creo entender la amistad entre la ciencia y la espiritualidad.

-¿Qué perfil o enfoque del quehacer rabínico te gusta más: educación, culto, juventud, etc?

-Amo la Torá. Mi desempeño comunitario ha pasado por sinagogas, rabinos, janijim, muchos cursos de madrijim, hanalot y directorios, alumnos. La comunidad de Lanús al sur de Buenos Aires que lideré por 3 hermosos años, un montón de comunidades en las provincias de Argentina, la Kehilá de Temuco. Familias que acompañé en duelo y en alegrías, cenas de Shabat hasta la madrugada, enseñar a leer Torá.

En todos estos marcos uso mis fortalezas de lo que se le llama “Rab Kehilá”, rabino de comunidad, el trabajo de campo con las personas.

Y también, como comenté al hablar de mi año de estudios en Israel, amo el mundo de la investigación. Academia y estudio. Soy muy curioso y me gusta abordar temas muy específicos, muchos sin implicancias prácticas, por el puro placer intelectual de hundirme en libros, fuentes, manuscritos, comparar textos… La investigación en la que asistí al rab Golinkin consistía en revisar 20 sidurim manuscritos de España del siglo XIV.

-¿Cuáles son tus planes a futuro?

-El futuro es el presente, y lo que vendrá será el fruto de lo que hacemos hoy. “Galui veiadua lifnei mi sheamar vehaya haolam” Sólo es sabido por el Creador del mundo, y yo quiero ser rabino para liderar nuestra participación activa en el proyecto divino.

Quiero seguir estudiando y enseñando, promoviendo la vida judía de Torá y Mitzvot, creciendo y contagiando en ética y justicia social. Sea en una comunidad, o como moré de una Yeshivá o Beit Midrash, siempre en el judaísmo Conservador-Masortí, con un mensaje humano, moderno y de Torá.

 

por LPI.