Por Rabino Ariel Sigal:

En lo impuro y en la sombra

Los Macabeos ganaron la batalla milagrosa e inesperadamente, ya que Antíoco contaba con miles de tropas bien armadas. Y esos Macabeos son minoría dentro de la hegemonía helenista, y son de los pocos que deciden alzar su voz contra la asimilación y la perdida de la autodeterminación religiosa. Antíoco IV Epífanes decide helenizar al pueblo de Israel y aumentarle su sombra, prohibiéndole a los judíos seguir sus tradiciones y costumbres. Desde Modi’ín y liderados por los macabeos, comenzaron a rebelarse contra los soldados griegos, negándose a realizar actos que iban en contra de su propia religión. Los Macabeos comienzan a potenciar la luz mucho antes que al llegar a la reinauguración del Templo con el encendido de la Menorá.

Un Rabino le preguntó a sus jasidim, dentro de una habitación oscura. – “Talmidai: ¿Qué es lo que ven?”. – “Rabeinu, no vemos nada” – le respondieron- “la oscuridad es plena y no nos permite distinguir nada”. El Rabino tocó un interruptor, y de pronto, se encendieron en conjunto miles de lámparas de intensa luminosidad, y cargó con la pregunta: “-¿Qué ven ahora?”. Asombrados, sus discípulos respondieron: “-Nada, esta luz tan fuerte nos encandila y no nos permite ni siquiera abrir los ojos”. Dijo el Rab: -“Aprendan entonces, que ni en la luz absoluta ni en la completa oscuridad el hombre puede ver. Somos luces y sombras para poder vernos los unos junto a los otros. ¡Pobre de aquél que no perdone la oscuridad que hay en el alma de su prójimo! En su actitud, no lo podrá ver y quedará solo. También, ¡pobre de aquél que no intente poner luces en su propia oscuridad, pues se disipará a sí mismo!”. Y concluyó: “- Somos porciones de sombra. Sino es en nosotros ¿Dónde mejor podrá brillar la luz?”.

La historia de Januca también es reconocer sombras, para decidir que se puede elevar la luz. La santidad del Templo, se adquiere luego de caer en la profanación. Las batalla se gana luego de perderla. El sentido, se recupera luego de haberlo abandonado. El aceite sólo es puro, porque conocimos la impureza. La celebración aparece cuando ya no había intención de festejar. Y los milagros, sólo le ocurren a aquél olvidado de mirar, que decide volver a contemplar. Januca es una decisión de todos los días porque la luz se potencia en nuestras sombras.

Por Rabino Ariel Sigal.