Por Rabino Ariel Sigal:

¡Embellécelo!

Una sucá debe tener ciertas dimensiones y debe construirse de una manera particular. Una copa para Kidush debe ser lo suficientemente grande como para mantener una cantidad mínima especificada de vino. Mientras que algunos pueden estar satisfechos con estándares mínimos, la tradición judía reconoce y estimula la adición de una dimensión estética.

La belleza realza las mitzvot apelando a los sentidos. Sonidos hermosos y fragancias agradables, gustos, texturas, colores y arte contribuyen al disfrute humano de los actos religiosos. La belleza misma adquiere una dimensión religiosa. El principio de mejorar una mitzvá a través de la estética se llama “Hidur Mitzvá”.

Este prinicipio halájico deriva de “Este es mi D’s y yo lo embelleceré” – Shmot 15:2. El Midrash Mejilta 3, pregunta “¿Acas posible que un ser humano añada gloria a su Creador? Lo que esto significare realmente: Lo glorificaré en la forma en que realizo mitzvot. Presentaré ante Él un hermoso Lulav, una bella Sucá, hermosos Tzitzit, y preciosos Tefilín.

M. Shabat 133b sima a la lista un bello Shofar y un delicado rollo de Tora que ha sido escrito por un hábil “Sofer” –escriba- con tinta fina y pluma fina y envuelto en hermosas sedas. Rabí Zera enseñó en M. Bava Kama 9b que uno debe estar dispuesto a pagar incluso un tercio más que el precio normal con el fin de embellecer el acto.

La reciprocidad de la belleza a través de las mitzvot permite que el pueblo judío se vuelva hermoso cuando realiza una mitzvá. Hidur Mitzvá es concebir una oportunidad para hacer lo más bello posible el encuentro con el tiempo y así enriquecer la observancia religiosa con dimensión estética.

Por Rabino Ariel Sigal.