Noam Weisbrod, experto israelí en hidrología:

“El truco está en enfrentar los problemas del agua cuando todavía son pequeños; cuando son grandes ya es demasiado tarde, son irreversibles”

La primera vez que Noam Weisbrod vino a Chile fue hace 30 años, como mochilero después de la Tzavá, el servicio militar israelí. En ese entonces Israel luchaba con el problema del agua, como en todos los casi 70 años de su existencia, mientras para el mundo este era un tema que comenzaba a encabezar la agenda política global. Este año, el PhD en Ciencias del Agua y Director del Instituto Zuckerberg para la Investigación del Agua volvió a Chile, ahora como invitado a presentar dos charlas en el Congreso del Futuro, una en Santiago y otra en Coyhaique, en las que abordó no sólo la problemática del agua, sino la de los alimentos, que –como nos explicará en la entrevista- son prácticamente una sola.

El Instituto Zuckerberg es parte del Instituto Blaustein de Estudios del Desierto, perteneciente a la Universidad Ben Gurión del Néguev. En el instituto, estudiantes de posgrado y académicos utilizan métodos teóricos y experimentales para conducir investigaciones sobre el agua y así en entender un amplio espectro de fenómenos relacionados con ella. La Universidad Ben Gurión, por su parte, es líder en investigación a nivel mundial, especializándose en biotecnología, nanotecnología, energía solar, estudios del desierto e hidrología, además de estudios culturales sobre judaísmo e Israel. Weisbod es enfático en señalar que tanto el instituto que dirige como él mismo no solamente se enfocan en la investigación de la escasez de agua, sino también de la calidad de la misma, “y desafortunadamente cada vez tenemos más trabajo que hacer porque los problemas con el agua en todo el mundo están creciendo, el estándar de vida es cada vez mejor y eso hace que la gente use más agua, además más personas están viviendo en tierras secas y cada vez creamos mayor polución”, acota.

-Cuando empezó su carrera, probablemente el tema del agua en Israel era fundamental para asegurar el desarrollo del país, pero quizás en el resto del mundo no era un asunto que estuviera entre las primeras prioridades.

-No hay duda de que Israel es muy avanzado en términos de tecnologías y soluciones a los problemas del agua, y esto viene desarrollándose desde la época de Ben Gurión, quien se dio cuenta de que si no solucionábamos estos temas no podríamos existir, si no éramos capaces de transferir aguas desde el Norte al desierto del Neguev, que es un 65% del territorio, no podría haber gente viviendo en esta zona y el país sería muy pequeño. Por eso los mejores cerebros estuvieron a cargo de enfrentar los problemas del agua. Y a lo largo de los años Israel ha desarrollado soluciones que han servido al mundo, como la irrigación profunda y la desalinización.

-¿Pero se puede decir que Israel logró solucionar sus problemas de agua?

-Somos muy distintos a los países a nuestro alrededor, estamos en mucha mejor situación, pero a pesar de todos los avances la situación es muy complicada. Ahora, por ejemplo, se habla de trasladar agua desde nuestras plantas desalinizadoras al Kineret, por su bajo nivel de agua. Hay muchos problemas que enfrentar año a año y estamos tratando de mejorar la situación, considerando que con el cambio climático hay cada vez menos lluvia y hay más sequías en nuestra zona. Hay mucho trabajo que hacer, aunque es verdad que Israel ha cambiado mucho en esta materia los últimos 30 años, especialmente con la desalinización, que empezó recién el año 2004 y que actualmente representa un 75% de nuestras fuentes de agua.

-En los países en los que ha colaborado, ¿ve estos mismos problemas? ¿Cuáles cree que son los principales desafíos que enfrentan los países en el mundo en materia del agua?

-No hay un sólo problema, en los distintos países hay distintos problemas y en los países en vías de desarrollo hay problemas distintos a los países desarrollados. Por ejemplo, cuando me ha tocado trabajar en países en desarrollo en África, su problema es que tienen mucha agua en el subsuelo pero no saben cómo extraerla, no tienen sistemas de distribución, redes de cañerías ni tecnología para purificarla. Entonces, su problema es de falta de tecnología y conocimiento, lo que es muy distinto a los países desarrollados, en los que hay tecnología pero en muchos casos el problema es de mala administración y falta de planificación a largo plazo. Porque hay un año bueno y piensan que se acabaron los problemas de agua, pero hay sequía y comienzan nuevamente. Es muy difícil planificar a largo plazo, pero el truco está en enfrentar los problemas del agua cuando todavía son pequeños; cuando son grandes es que ya es demasiado tarde, son irreversibles. Entonces, por ejemplo, limpiar agua de napas subterráneas que está contaminada es mucho más complicado y costoso que asegurarse de que esa agua no sea contaminada. Pero para eso necesitas invertir y hacer la investigación por adelantado, pero los países no están invirtiendo en investigación por adelantado.

-¿Este fue el tema de las conferencias que dio en el Congreso del Futuro?

-Las conferencias que di trataron sobre el futuro del agua y los alimentos, hacia dónde vamos. Porque son dos cosas que están conectadas, son dos lados del mismo problema. La mayor parte del agua que estamos usando es para el cultivos de alimentos, entonces, si no tenemos suficiente agua, no tendremos suficiente comida. La producción de alimentos necesita mucha agua y eso es algo de lo que tenemos que tener conciencia. Y al respecto, hablé principalmente sobre el problema, cómo se origina -que tiene que ver con procesos que no podemos detener, como la desertificación, el cambio climático, el crecimiento de la población, que son grandes procesos y tenemos que aprender a lidiar con ellos- y cómo podemos prevenirlo. También me referí a cómo podemos ahorrar agua y di algunos ejemplos de soluciones que se han aplicado en Israel, no porque crea que tengamos la solución a todo, sino porque a lo largo de los años Israel sí ha desarrollado algunas soluciones de administración y de innovación para enfrentar la escasez y ahorrar agua. Si se revisa la cantidad de litros de agua usados per cápita en Israel se ve una firme disminución, lo que es único. Estamos usando en estos momentos menos de un 50% de la cantidad del agua que usábamos hace 50 años atrás.

-¿Y eso es sólo a través de la educación?

-Sí, es una combinación de educación, tecnología, toma de buenas decisiones, una agricultura inteligente y legislación. Sumando todas estas medidas puedes ahorrar mucha agua; puede ser que no puedas prevenir todos los problemas, pero puedes mejorar la situación significativamente.

-En el libro “La tierra explota”, el politólogo italiano Giovanni Sartori plantea que las próximas guerras van a ser por agua y alimentos, en cambio Ud. ha planteado que estas materias son justamente áreas en que se puede lograr entendimiento y colaboración.

-Es un muy buen punto. Acá no lo planteé porque no quise meterme en temas políticos, porque vengo como un científico y no un analista político, pero es verdad. El agua no tiene fronteras, por ejemplo en Israel todas las fuentes de agua, en superficie o bajo la superficie, trascienden las fronteras con la Autoridad Palestina, Gaza y Jordania, son varios sistemas conectados en un mismo sistema. Y este es un punto muy importante. Hay dos opciones: pelear por el agua o cooperar y hacer del agua un puente para la paz. No necesitas preguntarme qué pienso, estoy con la segunda opción, no siempre es fácil pero tiene que hacerse. Sin una administración compartida habrá una catástrofe.

-¿Hay ejemplos concretos de colaboración en esta materia?

-Por ejemplo, en el Acuerdo de Paz con Jordania (1994) un tercio se refiere al agua, y ese un acuerdo muy inteligente, se pensó en las necesidades de Israel y de Jordania respecto del agua y creo que esta es una de las razones por las cuales ha sido tan exitoso a pesar de todas las tensiones y problemas. Ahora hay un plan muy serio de construir un canal desde el Mar Rojo al Mar Muerto, con el objetivo de resolver varios problemas, como el hecho de que el Mar Muerto se está secando. La energía hidroeléctrica que se produciría -porque hay una gradiente, el Mar Rojo está a cero metros y el Mar Muerto a menos 430 metros- sería utilizada para desalinizar el agua y con esa agua se alimentaría parte de Jordania y parte de Israel. Y este es un ejemplo de un plan multimillonario que es posible gracias a la paz.

Por Michelle Hafemann