Ruth Fine, directora departamento de Literatura de Hispanoamérica, España, y Portugal de la U. Hebrea de Jerusalén:

El quijote vuelve al siglo XXI al rescate de los valores del judaísmo del Siglo XIV

Atraída profundamente por Don Quijote y los simbolismos judíos encerrados en su prosa, además de los guiños y desafíos a la inquisición de la España del siglo XV, la profesora Ruth Fine comienza un maravilloso recorrido que nos permitirá descubrir y rescatar -junto con ella- la literatura judía del siglo XVII.

En una interesante reunión convocada por la Presidente Asociación Consultiva Universidad Hebrea de Jerusalén –Chile, Sima Rezepka, que realizó especialmente para recibir a la prestigiosa profesora de literatura de la UHJ Ruth Fine, tuvimos la oportunidad de maravillarnos con algunas de sus más reconocidas investigaciones acerca de la vida de Miguel de Cervantes plasmadas
–algunas de ellas- en el Quijote de la Mancha, la obra literaria más relevante de la historia del hombre.

Nacida en Bueno Aires, viaja a Israel para continuar sus estudios universitarios de literatura hispano y latinoamericanos en la Universidad Hebrea, donde posteriormente realiza su doctorado y postdoctorado.

Actualmente es miembro de la Real Academia Española (RAE), miembro del jurado que entrega el “premio Cervantes”, uno de los más relevantes del mundo, actual Directora del Doctorado en Literatura de la UHJ, Presidenta de la Asociación de Hispanistas, entre otras muchas otras responsabilidades que la han distinguido y elevado como una de las eminencias en el tema en Israel y en el mundo.

Atraída profundamente por Don Quijote y los simbolismos judíos encerrados en su prosa, además de los guiños y desafíos a la inquisición de la España del siglo XV, la profesora Fine comienza un maravilloso recorrido que nos permitirá descubrir y rescatar –junto con ella- la literatura judía del siglo XVII, la que dice “no fue leída ni por los judíos hebreo parlantes, pues estaba escrita en español, ni los españoles la leyeron, porque fueron escritos por autores judíos. Al respecto indica: “los siglos de oro de la literatura judía hispanoamericana identificada durante los siglos IX y XII, se dan la espalda sin mirarse y sin leerse”.

En el Quijote dice haber descubierto un mundo paralelo judío. Más de 300 citas del Tanaj, hacen irrefutable el hecho que por lo demás, ya varios otros investigadores han relatado, y que tiene relación con el vínculo de Cervantes con el judaísmo.

Probablemente provenía de una familia de marranos o conversos. Poco se sabe de sus orígenes y esto es justamente lo que sucedía con aquellos de quienes poco se quería contar acerca de sus vidas y pasados poco apropiados para la época. “Don Quijote es el hombre de la mancha” Y sabemos que a aquellos que tenían un origen judío y que eran los “nuevos cristianos” se los señalaba como los “manchados”.

Asimismo, Cervantes tuvo una vida bastante desgraciada. Participó en la guerra de Lepanto y nunca recibió lo honores por ello, y más aún, lo quisieron enviar a Potosí, hecho poco decoroso para un héroe de guerra.

Al principio el converso –aseguró Fine- fue una la solución que sirvió para los propósitos de eliminar el problema judío, pero esta solución dio paso a otro problema: el judío converso, el que posteriormente dio origen a la feroz inquisición.

Para tener un buen puesto de trabajo había que tener limpieza de “sangre”, esto significa que al menos 4 generaciones debían estar alejadas de sus raíces judías.

Todo este estigma del judío, tal como la avaricia, afeminados, de estereotipo físico definido, etc, se traslada a la literatura y lo encontramos en todos sus libros. Remitiéndose al relato del Quijote, Fine recuerda que en el renacimiento, en la época feudal, los hidalgos pobres ya no pueden subsistir y tampoco pueden ir al ejército, que se ha profesionalizado; es entonces cuando –por necesidad- comienzan a casarse con mujeres conversas que requerían ir “limpiando” la sangre. “En un lugar de la mancha había un hidalgo (…)”

Todos los sábados (en shabat) el Quijote comía “duelos y quebrantos”, esto es, huevos con tocino y a los conversos se les obligaba a comer cerdo, y más aún en shabat esto era más significativo.

Otra muestra de sus raíces, según explica la Doctora Fine, la encontramos en el capítulo 9, donde aparece el autor ficticio del Quijote porque se le ha perdido un capítulo…y ¿dónde es que se lo va a buscar? Nada más ni nada menos que parte a Toledo, cuna de la cultura judía.

Asimismo, menciona que cuando el Quijote encuentra documentos escritos en árabe –idioma que también estaba prohibido- y que requerían ser traducidos dice “no fue difícil encontrar un traductor, pero si le hubiese sido requerido buscar alguno (traductor) de una lengua más antigua (hebreo/arameo) le hubiese sido aún más fácil”.

Otras señas de Cervantes en su literatura que reafirman esta teoría es que jamás va a misa, nunca se confiesa, no cree ni en la Trinidad ni en la Virgen, pues solo cree en D’s.

Cuando el Quijote muere se le practica la extremaunción y termina renunciando a su amor (o a su judaísmo).

Con todo, es fascinante esta nueva oportunidad de lectura y comprensión que se nos brinda frente a una obra tan tradicional como es el Quijote. Hacerlo de la mano de Ruth Fine es descubrir códigos ocultos y tener acceso a información nueva relacionada con los orígenes del autor y los nuestros.

Por: Susana Numhauser, miembro Asociación Consultiva en Chile, UHJ.