Entrevista a Benjamín Faivovich:

El proceso de empoderar a las personas desde una educación diferente

Fundación Emprende Joven se formó hace 8 años y se dedica a motivar a estudiantes de colegios y liceos públicos para que desarrollen al máximo sus capacidades y cumplan sus metas. Su metodología de trabajo ha probado su éxito y hoy está en pleno proceso de expansión a toda Latinoamérica.

La revolución pingüina de 2006 marcó a toda una generación de estudiantes en su forma de ver la educación y de exigir lo que les parece justo y necesario para evolucionar como sociedad. Benjamín Faivovich fue parte de esta generación y participó activamente de ese proceso. Tanto así, que direccionó el rumbo de su vida hasta hoy. Haber pasado su educación media en el Instituto Nacional le mostró que la motivación y el empoderamiento de las personas pueden ser el motor de cambios importantes, y de ese pensamiento surgió la fundación Emprende Joven. Se trata de una entidad que lleva ocho años trabajando en colegios y liceos técnicos, creando programas educativos que tienen como meta lograr que los jóvenes puedan llevar sus habilidades al máximo, soñar en grande y cumplir sus metas.

Para esto, Benjamín se basa en una metodología denominada Aprender Fracasando, que consiste en un conjunto de juegos y dinámicas intelectualmente desafiantes que buscan desarrollar en las personas habilidades para la vida, como la autoconfianza, autoestima, autocontrol y persistencia. Actualmente la fundación cuenta con un equipo de alrededor de 40 personas y su alcance abarca todo Sudamérica. “Los seres humanos aprendemos a través de las emociones. Si se genera en el aula una emoción negativa hacia el aprendizaje, este nunca va a pasar. Entonces nosotros modificamos la vibración emocional del aula con juegos, mezclamos conceptos con emociones para facilitar el aprendizaje”, explica. La iniciativa de Benjamín ha tenido buenos resultados. Tanto que incluso ahora su método se aplica también a personas adultas que no pertenecen a establecimientos educacionales.

“Durante la revolución pingüina, vi la potencia que tiene poder formar gente, hacer que las personas se crean el cuento y lograr cambios en la sociedad. Después decidí dedicar mi vida a algo que tuviera sentido y que pudiera inspirar y motivar a las personas a movilizarse, empoderarse y sacar lo mejor de sí”, cuenta Faivovich.

-¿Cómo has visto los resultados de estos ocho años de trabajo?

-Ha sido muy bonito. Lo hemos medido con neurociencia, con un encefalograma. Nuestra metodología de aprender fracasando, modifica las creencias de los alumnos y las personas respecto a cómo ven ellos el equivocase. Esto altera su estructura bioquímica y cambia la manera en que su cerebro reacciona ante estímulos negativos. Hemos formado prácticamente 70 mil jóvenes que estudian o trabajan con más resiliencia, con un nuevo concepto de ellos mismos, con más autoconfianza.

-¿Y eso cómo se observa en un encéfalograma?

-Se miden las ondas alfa y ondas beta y se miden estados emocionales. Si te muestro una foto de un cumpleaños, generará emociones positivas en ti. Si te muestro fotos de niños desnutridos en África, serán negativas. Entonces tomamos una muestra al principio y al final con grupos de control, y lo que se vio es que cuando mostrábamos fotos negativas, los alumnos que pasaban por nuestro programa prácticamente no reaccionaban. Entonces eso se asocia a que las personas están más resilientes y ven el fracaso desde otra perspectiva.

-¿Hoy trabajan sólo con escuelas públicas?

-Públicas y ahora con colegios privados. Hemos trabajado con el Ministerio de Economía y de Educación, quienes han invertido más de 2 millones de dólares en nuestros programas de contenido. Ahora estamos consolidando esto en una plataforma para llevarlo a todos lo colegios de Latinoamérica. Además somos certificadores de habilidades blandas para docentes. El equipo tiene la convicción de poder darle a Latinoamérica una educación más centrada en lo humano, en el desarrollo de las personas y con miras a que todos podamos conectarnos y generar mejores aprendizajes.

-¿Tiene que ver con salirse del molde de enseñanza de la educación actual?

-Tiene que ver con todo, los aprendizajes, los contenidos. En el colegio hoy existe una trayectoria educativa. Puedes enseñar cierto tipo de contenido a ciertas edades porque el cerebro va madurando y creciendo. Entonces hoy los jóvenes no entiendan nada porque les traspasamos contenidos cuando no están preparados neurológicamente para recibirlos. Lo que tenemos que hacer es centrarnos en las habilidades para la vida, entender que hay una trayectoria de educación y generar un entorno de confianza que va a permitir que todos seamos seres más empoderados para ganarle a la vida.

-¿El Instituto Hebreo está en los planes de Emprende Joven?

-Yo hice clases allí un tiempo y ahora esperamos poder llegar con este programa. Muchos de esos alumnos están haciendo sus prácticas conmigo, el vínculo todavía sigue y los cabros están súper bien parados. Muchos otros se fueron a Israel y están en distintas cosas, pero la están rompiendo. Me alegro mucho por ellos.

-¿Cómo influyó tu formación judaica en la creación de esta iniciativa?

-Me dedico al desarrollo de las características personales. Estoy constantemente buscando la justicia social y cómo hacer despertar a la gente para que podamos todos vivir en un mundo más pleno, sin guerra, donde nos podamos comunicar, nos podamos querer, un mundo en que queremos que vivan nuestros hijos. Es la tzedaká. Lo otro tiene que ver con cómo cada uno de nosotros puede ser luz para el mundo y ser un aporte para poder vivir plenamente.

Por Yael Mandler