Por Rabino Ariel Sigal:

El Primer Sobreviviente

Itzjak es el modelo del primer sobreviviente. Elie Wiesel, sobreviviente de la Shoá, decía así: “La Torá no termina acá con la Akedá; Itzjak sobrevivió, no tenía opción, tenía que hacer algo con los recuerdos y con su prueba que nos obligaría a nosotros a tener esperanza. Itzjak con lo que le pasó tenía que hacer algo. Debía hacer algo con lo que recordaba y tenía que hacer algo que a nosotros, sus herederos (y -decía él- nosotros, los sobrevivientes) nos obligaría a tener esperanzas”.

Las esperanzas de Itzjak aparecerán recién dos capítulos más adelante del relato. “Aconteció que Itzjak venía del pozo Bear-lajai-roi”, porque habitaba en el Néguev. Hacia el atardecer Itzjak había salido al campo para meditar –orar-, y alzando sus ojos miró, y he aquí unos camellos que venían” Bereshit 24:62-63. En hebreo el concepto que figura es “lasuaj basadé”: orar, meditar, conversar. El verbo “lasuaj” es una palabra extraña en la Torá. ¿Qué hizo Itzjak después del tremendo golpe, la enorme confusión, después de separarse del padre que quiso ofrendarlo? Salió al campo, a ponerle palabras a lo que le había sucedido, a tratar de entender lo que le había pasado y decidió, no morir una vez más, no enmudecer, sino encontrar las palabras. Probablemente las tragedias nos hunden en silencios que nos terminan de aniquilar. Lo que hace Itzjak es poner sentido de la tragedia a la palabra. Se conduce del dolor real a la posibilidad de simbolizar y transformar en relato aquella estela que a él le pesaba desde el momento de su atadura. Itzjak se queda solo y habla primero con él mismo. Itzjak es el único patriarca, que a pesar de la tragedia, se asienta en la tierra de Israel y no se mueve. Se enamora de Rivka, se casa, tiene hijos. No escapa al dolor, no abandona su espacio y no se queda encerrado. Sale al campo y le pone palabras a su vida.

Elie Wiesel decía así: “¿Se le dará derecho de decirle a D’s cualquier cosa y pedirle cualquier cosa, porque el sufrió? No, el sufrimiento en la tradición judía no le da derechos superiores a nadie; todo depende del modo en el que nos enfrentamos al sufrimiento”. En lugar de transformarlo en amargura y maldición, Itzjak pudo transformar el sufrimiento en tfilá y amor.

Por Rabino Ariel Sigal.