Del libro “Napoleón en Vilna y otros cuentos judíos”:

El póker de los progresistas

Los progresistas eran judíos inmigrantes de Europa (había algunos que pasaron primero por Argentina) que eran partidarios del Bund (partido obrero judío), del socialismo o del comunismo.

Se caracterizaban por ser de izquierda, por apikorsim ( del griego epicúreo, pero en idish el significado es agnóstico o ateo. Creían que la religión es el «opio de los pueblos», tampoco eran sionistas, lo consideraban una forma de nacionalismo burgués. Entonces, ¿en qué creían? Creían que el socialismo iba a solucionar el problema judío, eran idishistas “á outrance” y para ellos el hebreo era treif(1) ¡Cómo se unen los extremos! Cada vez que viajo a Jerusalén voy a almorzar al barrio ortodojo, Mea Shearim (2) me encanta el ioij (3) que preparan y me deleito escuchando el precioso Idish que hablan los niños. Nunca los fotografío porque se ofenden.

Para los ultraortodojos el Hebreo es un idioma sacro (Lashón Hakodesh), sólo puede ser utilizado en los rezos.
La cultura idish, a pesar de Sholem Aleijem, de Peretz, de Sholem Ash y de Bashevis Singer, no pudo salvar de la asimilación a parte de los hijos y nietos de los «Progressiver». A pesar de los pápeles (4) y mámeles (5) y de los Shloimelej y Yankelej, la cruel historia demostró que sus fantasías eran impracticables.

Volviendo al tema de este relato, los progresistas se juntaban el día domingo en la quinta que tenía en La Cisterna uno de sus integrantes, a hacer «deporte» al aire libre, o sea, a jugar póker bajo un hermoso parrón. La Cisterna era cómoda para los judíos ya que tenía fácil acceso al tranvía que unía Santiago con San Bernardo. ¡Oh, “tranvías”, oh mores, cuánta falta hacen para salvarnos del smog! Mi padre formaba parte del grupo de pokeristas y la «cucha» era en favor de un periódico en idish de izquierda.

Para que respiráramos aire puro y tomáramos unas ricas onces, nuestro padre nos llevó a Jorín y a mí (Jorín (6) tendría unos seis años y yo catorce). Mi hermano era muy inteligente y había captado las bases del juego. A mi padre le tocaron excelentes naipes, abría y nadie lo iba a ver. Creía que mi papá, que a cada momento se ponía más rojo, podría sufrir un ataque de apoplejía, porque recibía cartas soñadas para cualquier pokerista, pero los demás participantes echaban los naipes al plato. De repente descubrí qué pasaba. Jorín le miraba las cartas al papá y después les contaba al oído con todo orgullo y en secreto al resto de los contertulios. «Mi papá tiene escala, mi papá tiene full», etc., etc.. Llamé a mi padre a un lado y le conté lo que pasaba. Se puso furioso. Lo calmé diciendo que iba a pasear con Jorín y alejarlo del juego. Allí aprendí que los «idealistas» eran como el resto y se aprovechaban de la ingenuidad de un niño para hacer «trampas» involuntarias en el póker.

Alejé a mi hermano, el papá siguió de suerte y fué el gran ganador de ese día, y fui buen hijo, pues cuidé de su salud.

El domingo siguiente el póker fué donde un progresivo, que tenía más visión empresarial.

En Europa fué un obrero especialista en la fabricación de toneles o barriles de madera. En Chile, país productor de vino, esta especialidad era «puro oro». Hacía grandes negocios con las viñas y se convirtió en un capitalista. Pero no renunció a su «progresivismo». Fué el primer judío en tener un hermoso chalet a más de dos cuadras del Canal San Carlos al Oriente. Todos decían que había que ser loco para vivir tan lejos.

Esta vez Jorín se quedó en casa por “copuchento” y si bien mi padre no tuvo tan buen juego como en La Cisterna, como era buen blufeador, volvió a ganar.

Entonces , ¿cómo es posible que yo sea tan “chuzo” en el póker, teniendo un ilustre progenitor que jugaba tan bien? El problema es que soy muy “chicken” y no sé blufear.

1) Impuro.
2) Los cien portones.
3) Sopa.
4) Papitos.
5) Mamitas.
6) Libertad en hebreo, en ese idioma es masculino.

Por Benny Pilowsky Roffe.