Por Nicole Rodríguez:

El nuevo armamentismo no es nuclear

Vladimir Putin anuncia su nuevo misil hipersónico, Kinzhal, capaz de traspasar o burlar el escudo de USA, Corea del Norte realiza constantemente demostraciones de su arsenal nuclear, China avisa el aumento en un 10% de su presupuesto en defensa y Donald Trump aclara que USA no está detenido mirando al resto de los países hacerse más poderosos, sino que todo lo contrario, su estrategia de gobierno es inyectar más recursos a su poderío militar y modernizar sus sistemas de defensa. El mundo se pregunta si estamos ante una nueva era de la carrera armamentista y los organismo internacionales advierten que esto puede amenazar la estabilidad de los países, las democracias y la paz mundial. La carrera armamentista y el interés de los países por aumentar su poderío nuclear no es algo nuevo. Es y será un peligro latente. Sin embargo, es un riesgo conocido para las relaciones mundiales. Hay instancias internacionales ya creadas a las cuales se puede recurrir para sentarse a conversar en un lenguaje común. La última gran guerra mundial terminó hace 73 años y las instituciones levantadas a partir del horror de este conflicto han ayudado al diálogo y evitado otros eventos de esta magnitud. Preocupados por la política armamentista o por los populismos o por el resurgimiento de los nacionalismos, pocos perciben que el mundo está viviendo cambios en otros ámbitos, muchos más profundos, que dejarán atrás en la escala de importancia a estas tradicionales amenazas. Lenta y silenciosamente se está armando un cuadro sin precedentes para la humanidad, que demandará respuestas tan fundamentales como las que produjeron el nacimiento de los Estado-Nación (como organización territorial) y de la Democracia (como organización social) Estamos viviendo lo que algunos llaman el Armamentismo de la Inteligencia Artificial. Fenómeno que no trata acerca de robots o computadores reaccionando contra el ser humano o de máquinas reemplazando al hombre en labores productivas. Se trata más bien del cambio que la era digital podría producir en nuestra manera de vivir, en la realidad que experimentamos, en la verdad que creemos saber y en el espacio físico en el que nos movemos.

El uso de la pos verdad o fake news es uno de los elementos que está contribuyendo a esta transformación y ya no desaparecerá. Pueden seguir aumentando las críticas y la comunidad internacional reaccionar para controlarlas, pero la era de la pos verdad seguirá afianzando su poder. No importará que se materialice la propuesta de la Comisión Europea de crear una coalición para frenar las noticias falsas. Ni la redacción de un código de buenas prácticas para plataformas digitales. Como veremos en unos años más, las fake news tendrán una nueva versión utilizando innovadores sistemas de inteligencia artificial que replicarán la voz y la imagen de cualquier persona.

Esta tecnología permitirá que las máquinas hablen de manera natural y clonen las voces a partir de unas pocas muestras. Por ejemplo, alguien podría decir algo y una máquina hará la imitación de la voz mejor que nadie. Casi será irreconocible saber si lo dijo la persona o la máquina y muy difícil diferenciar lo real de lo producido artificialmente. La síntesis de voz basada en red neuronal ya ha demostrado generar voces de alta calidad para una gran cantidad de personajes. Además de estos sistemas de imitación de voz, también existen aplicaciones gratuitas donde se pueden poner rostros de personas con pocas trazas de manipulación. Incluso en los últimos meses se ha comenzado a experimentar con herramientas más potentes como FakeApp. Un programa que fue desarrollado por un programador anónimo utilizando un software de código abierto escrito por Google. FakeApp es gratis y relativamente fácil de usar para hacer intercambios de caras muy realista y deja pocos rastros de intervención.

Otra red similar, pero con más aplicaciones es Deepfakes. Una de las formas más novedosas de manipulación de medios digitales y con mayor potencial para usarse con fines estratégicos. Este programa hace fácil inventar historias con el fin de perjudicar o beneficiar a una empresa o persona. Para los líderes y los políticos, Deepfakes es una alarma, pero a la vez un arma. Podrán idear sabotajes políticos o influir a través de la propaganda. El escándalo que produjo la acción de la empresa Cambridge Analytic quedará borrado en el pasado por herramientas más influyentes aún en la formación de la opinión pública. Programas para la creación de avatares 3-D que pueden reproducir a una persona a partir de sólo una selfie, serán habituales. Las personas compartirán videos manipulados cuando sean ideológicamente convenientes o por el sólo gusto de difundir algo en la red, sin ni siquiera saber que la persona, la voz y la acción de ese video realmente nunca existió. Seguramente seguirán apareciendo aplicaciones cada vez más sofisticadas, de uso sencillo y cotidiano que harán de lo virtual algo cada vez más real.

Mientras tanto, el ser humano no se ha ido quedando atrás. Lidera la más trascendental de todas las revoluciones, el Transhumanismo. Movimiento con detractores que no tiene manera de detenerse y que provocará una de las mayores transformaciones al hombre. Utilizando los avances tecnológicos, dispositivos, chips (entre otros) se desdibujará la identidad de las personas y se potenciarán características que superarán las actuales limitaciones humanas. Estando frente a alguien no se sabrá realmente ante quién o qué se está. Este nuevo mundo virtual hará que se pierda el control de la verdad, de la realidad y de la presencia física. Será necesario un cambio profundo en la conciencia pública. No sólo porque las relaciones se desenvolverán de una manera muy distinta, sino también porque en este nuevo terreno las bases de la democracia como organización social y la lógica detrás de la división geográfica en estado-nación perderán sentido. Sistemas que se fueron consolidando desde sus primeros pasos en Grecia en el siglo VI A.C. El personaje que pudo visualizar esta manera de organización fue Clístines. Él lideró una rebelión popular para derrocar a Hippias. Con la ayuda del ejército de Esparta logró vencerlo e implementó reformas para darle mayor poder al pueblo. Pero para que se pudiera ejercer ese poder y la gente pudiera organizarse, entendió que necesitaba un territorio común que los uniera más allá de los lazos sanguíneos. Fue así que implementó las reformas territoriales y le dio sentido al concepto de ciudadanos. Se podría decir que estas transformaciones fueron el origen de los Estado-Nación y de la Democracia. Pero en el mundo virtual el territorio y los ciudadanos son irrelevantes. Cuando la manipulación de la realidad y la verdad se convierten en algo habitual y los hechos comienzan a ser relativos y transitorios según sea la esfera o comunidad virtual, las personas dejan de tener un piso común para relacionarse y los códigos tradicionales de entendimiento desaparecen. El hombre ya no funcionará linealmente sino en multi sistemas donde se encontrará y desencontrará, se agrupará y disolverá. Esto será el nuevo paradigma mundial.

Los Estados perderán el control de su ciudadanía porque simplemente dejará de existir como tal y la democracia, donde todos son iguales, tendrá que redefinir esa igualdad ante hombres que en esencia dejarán de serlo. Habrá que replantear estos sistemas y evolucionar para poder darle sentido a una humanidad que se desarrollará y vivirá en un mundo virtual donde cada uno elegirá quién quiere ser, qué quiere creer y a dónde quiere estar. Sólo falta saber quién será el Clístenes del siglo XXI que visualizará la nueva arquitectura mundial y propondrá un nuevo orden mundial.

Por Nicole Rodríguez.
Periodista UC y conductora radial.