Por Gachi Waingortin:

El estudio de la Torá, ¿debe ser una ocupación exclusiva?

La pregunta es relevante. Algunos grupos consideran hoy que el estudio talmúdico debe ser la única actividad del hombre judío, pues cualquier otra tarea, sea productiva o recreativa, constituye “bitul Torá”, una pérdida de tiempo. Sabemos de hombres que estudian Torá como única actividad y son mantenidos por sus esposas, por filántropos o por el Estado de Israel. ¿Nuestras fuentes avalan o condenan tal conducta?

La aprobación del estudio de la Torá como ocupación exclusiva es moderna. El Shulján Aruj, código legal del siglo XVI vigente hasta la actualidad, lo prohíbe, condenando el estudio exclusivo sin un trabajo productivo que lo acompañe (Shulján Aruj, Oraj Jaim 156).

El Shulján Aruj se basa en Pirkei Avot 2:2 donde Rabán Gamliel dice: “El estudio de la Torá debe complementarse con el trabajo, pues la dedicación a ambos nos aleja del error. Todo estudio que no va acompañado de un trabajo se torna improductivo y conduce al error”. El hecho de que el Shulján Aruj establezca la obligación de estudiar y trabajar demuestra que el problema no es nuevo.
Hay algo en el orden de prioridades de esta cita que debemos analizar. La mujer y el hombre modernos nos enfocamos en el trabajo como actividad principal y hacemos un espacio en nuestra apretada agenda para estudiar Torá. Sin embargo, Rabán Gamliel sugiere que la actividad principal de la vida del judío debe ser el estudio de la Torá y la secundaria, para la cual hay que hacer espacio, es el trabajo.

No es cuestión de porcentajes. No se trata de cuánto tiempo le dediquemos, sino de la importancia que le demos a cada uno. El objetivo del trabajo es el sustento económico, tanto propio como de quienes dependen de uno; también debe ser una fuente de realización personal y un aporte a la sociedad. ¿Cuál es el objetivo del estudio de la Torá? Estudiamos judaísmo para aprender cómo vivir una vida judía. Mitzvot como Shabat, Kashrut, Tzedaká, Taharat Hamishpajá, deben ser parte de nuestra cotidianidad. Es necesario estudiar, no solo para hacerlo bien sino para disfrutarlo más. Debemos festejar las festividades, observar sus leyes, y para eso hay que saber. Estudiar Torá también nos permite aprender lo que se espera de nosotros en términos éticos. La definición de lo que es bueno o malo no puede depender de nuestra intuición. Aunque muchas veces coincida, la ética no es intuitiva; para los judíos es una ley que se debe cumplir. Estudiar judaísmo no es un pasatiempo. Nos permite profundizar en nuestras fuentes para adquirir las herramientas necesarias que nos permitan tener una buena vida. La felicidad consiste en saber que estamos haciendo lo correcto, en el lugar correcto, con la persona correcta. Es saber que nuestra vida es imprescindible para el logro de un objetivo superior que nos trasciende. Es comprender que nuestra vida tiene sentido. Para eso estudiamos Torá.

Los sabios del Talmud discuten: ¿es correcto estudiar y no trabajar? En la controversia que se genera, cada grupo se sustenta en sus respectivas citas bíblicas. Los que afirman que el estudio de Torá debe ser de dedicación exclusiva se apoyan en la segunda brajá previa al Shemá Israel de Arbit, que dice: “Ki hem jaieinu veorej iameinu, ubahem nehegué iomam balaila”. “Porque ellas (las mitzvot) son nuestra vida, y a ellas nos dedicaremos de día y de noche”. El mismo Shemá avalaría esta postura: “Vedibarta bam beshivtejá bebeiteja ubelejteja baderej, ubeshojveja ubekumeja”: “Hablarás de ellas (de las mitzvot) cuando estés en tu casa y cuando camines, cuando te acuestes y cuando te levantes”. En el contexto de la discusión, no se entiende que es nuestro comportamiento ético lo que debe acompañarnos en todo momento; se entiende que hay que estudiar Torá todo el tiempo.

El otro grupo también se apoya en fuentes. El mismo Shemá Israel, en su segundo párrafo, viene en su ayuda diciendo que si obedeces la ley de D´s, Él traerá la lluvia en su tiempo, “veasafta deganeja vetiroshja vitzhareja”, y cosecharás tu trigo, tu vid y tu aceite. Queda implícito que debes plantar para cosechar y comer tu pan. La discusión es amplia y acalorada. Ante la pregunta de cómo podría subsistir la sociedad si todos se dedicaran solamente al estudio, la idea que prima es simple: D´s proveerá.

En el Talmud abundan los relatos acerca de hombres que abandonaban campos, esposa e hijos para ir a estudiar Torá. El más conocido es el de Rabí Akiva quien se ausenta durante 24 años, dejando a su esposa Rajel en la pobreza. Si bien esta historia ensalza la abnegación de ella, no es menor el detalle de que él la haya abandonado tanto tiempo.

El Talmud relata otros casos de hombres que dedican su vida exclusivamente a la Torá. Un hombre deja a su esposa con su hija pequeña; cuando regresa después de años de estudio, descubre que su hija, ya una adolescente, es conocida por el nombre del abuelo, a quien ella reconoce como su padre. La esposa de un estudiante muere de un ataque cardíaco al verlo regresar. Un sabio advierte a sus discípulos que no recibirá a nadie que llegue a estudiar antes del fin de la cosecha. Primero que mantengan económicamente a sus familias, después, que vayan a estudiar. Todas estas historias muestran el rechazo de los rabinos a la dedicación exclusiva al estudio.

La actividad más importante del judío, sea hombre o mujer, la que da sentido a todo lo demás, es estudiar Torá. Es la forma de saber cómo vivir una vida judía y poder llevar, como consecuencia, una existencia significativa. Pero que sea la actividad más relevante no implica que deba ser la única ni la que ocupe la mayor parte de la agenda. El estudio de la Torá debe hacernos mejores personas y en este sentido, descuidar el bienestar físico de la familia o convertirse en una carga para la sociedad en nombre de dicho estudio es un oxímoron, una contradicción intrínseca.

Por Gachi Waingortin.