por Isaac Caro

El Estado Islámico ataca de nuevo

En marzo de 2019 el presidente Trump anunció la desaparición del Estado Islámico. Se basaba especialmente en la derrota del movimiento en Siria, y la abolición del califato proclamado en partes de Siria e Irak en 2014, en momentos de máxima expansión del movimiento islamista. Previamente, en diciembre de 2018, el presidente estadounidense había anunciado el retiro de unos 2.000 militares del territorio sirio. Por otra parte, el asesinato de casi 50 personas en un atentado en Nueva Zelandia, a principios de abril de 2019, realizado en contra de dos mezquitas y reivindicado por supremacistas blancos, mostraba que existían nuevas amenazas, esta vez no relacionadas con el islamismo radical.

Sin embargo, el silencio del Estado Islámico no fue muy largo. En uno de los atentados más mortíferos desde el 11 de septiembre de 2001, medido por la cantidad de muertos, más de 350, el movimiento volvió a atacar, esta vez en Sri Lanka el 21 de abril de 2019. Sus objetivos fueron tres iglesias y tres hoteles el día que se conmemoraba la pascua de resurrección. A los atentados en Europa, en el Medio Oriente, en África, en Paquistán, reivindicados todos ellos por el Estado Islámico, se sumaba ahora una cadena de ataques en una pequeña nación insular de Asia, una nación caracterizada por la fragmentación religiosa. Aunque los budistas son mayoría con alrededor del 70% de la población, existen minorías importantes de cristianos, hindúes y musulmanes.

¿Por qué estos atentados y por qué se realizan en contra de una minoría religiosa, conformada por los cristianos en Sri Lanka? El Estado Islámico, al igual que antes Al Qaeda, se ha caracterizado por llevar a cabo discursos y acciones en contra de Occidente. Reivindica, lo mismo que los otros movimientos islamistas radicales sunnitas, una lucha histórica y religiosa en contra del mundo cristiano, la que lleva 14 siglos y tiene dos fases principales. En la primera fase, desde el nacimiento del profeta Mahoma, el islam estaba en ascenso, extendiéndose hasta la península ibérica, Persia y la India. La segunda fase, comienza en el siglo XV, con la conquista española de Granada, lo que coloca fin a un dominio musulmán de ocho siglos en la Península Ibérica. Paralelamente, con el ascenso de los imperios coloniales europeos, especialmente los imperios español y portugués, y luego los imperios francés, inglés y holandés, el islam está en retroceso.

Esta caída del islam va asociada a lo que estos movimientos perciben como una “invasión occidental”, esto es una penetración de Occidente en los ámbitos económico, político, militar y cultural. El “tema de la invasión” es pluridimensional y tiene un hito importante en el reparto secreto del Medio Oriente a través de los acuerdos de Sykes-Picot (1916). Gran Bretaña y Francia pactaron repartirse el Medio Oriente, lo que se concreta una vez terminada la Primera Guerra Mundial y la consecuente desaparición del Imperio Turco Otomano. De este modo, la potencia británica se quedaría con Palestina, Transjordania y el sur de Irak, mientras que Francia tomaría posesión del norte de Irak y de Siria, que luego, en la década de 1940, daría nacimiento a dos Estados: Siria y el Líbano. Para ambas potencias y, muy particularmente, para Gran Bretaña era fundamental transportar el petróleo desde el Golfo Pérsico, esto es en Irak, hasta el Mar Mediterráneo. A partir de estos acuerdos, que posteriormente fueron reconocidos por la Sociedad de Naciones, se crearon tres mandatos: el Mandato Francés de Siria, el Mandato Británico de Mesopotamia o Irak y el Mandato Británico de Palestina. Este último tuvo una vigencia hasta 1948, cuando tras la partición de Palestina y el retiro de Gran Bretaña se fundó el Estado de Israel.

Sin embargo, los movimientos islamistas, muy especialmente Al Qaeda y el Estado Islámico no solo no reconocen a Israel, sino que tampoco estos mandatos y, por lo tanto, a los Estados que se originaron de ellos, especialmente Siria, Irak y Líbano. De allí que una vez formado el Califato por parte de Abu Bakr al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, territorio que incluía partes de Siria e Irak, las imágenes de los videos del movimiento mostraban un libre circular entre las fronteras de ambos Estados. Era una forma más de mostrar el rechazo a los acuerdos de Sykes-Picot, a la “invasión occidental”.

En consecuencia, la lucha del Estado Islámico en contra de Occidente, en contra del mundo cristiano, tiene una larga data de 14 siglos, y puede tener lugar en cualquier parte del mundo. Esta vez el objetivo fue la población cristiana de Sri Lanka. Los movimientos islamistas combaten al cristianismo porque esta religión, al ser monoteísta al igual que el islam, está en competencia con este. Se trata de una rivalidad tanto histórica como religiosa. En este mismo contexto, se ubican los grandes atentados de la primera década del siglo XXI, reivindicados por Al Qaeda, y los posteriores, adjudicados por el Estado Islámico, en Estados Unidos y diferentes partes de Europa. Israel y los judíos son vistos como una extensión de Occidente. Todos ellos representan Estados, culturas y pueblos “infieles” que hay que combatir y destruir.

Por Isaac Caro

Experto en Asuntos Internacionales.
Universidad Alberto Hurtado.