El escultor de los más importantes monumentos judíos

Sus obras se encuentran en las ciudades de New Jersey, New York, Filadelfia, Varsovia y Tel Aviv.

Toda escultura, columna o sitio conmemorativo es considerado un monumento, es decir una obra de arte que preserva una memoria y habitualmente entrega también información, ya sea de modo denotativo o connotativo, sobre ese evento especial.

Rappoport (también aparece escrito Rappaport) es el autor de siete destacados monumentos ubicados en lugares públicos referidos al pueblo judío:

– El Memorial del Holocausto, ubicado en el Liberty State Park de Nueva Jersey, Estados Unidos.

-El Monumento a los Héroes del Ghetto de Varsovia, en esa ciudad, probablemente el más conocido y visitado.

-El Monumento a Mordechai Anielowitz, en el Kibutz Yad Mordechai, en Israel.

-La Ultima Marcha, en Yad Vashem, Israel, también conocido como “Los rollos de Fuego”.

-El Levantamiento del Ghetto de en Yad Vashem, que es una réplica modificada del de Varsovia, pues está dividido en dos secciones.

-El Memorial del Holocausto de Filadelfia, en el Parque Benjamín Franklin de esa ciudad.

-El Último Camino de Korczack, en la Sinagoga Park Avenue de Nueva York, Estados Unidos.

​A ello se suma una importante suma de esculturas en museos y colecciones privadas.

​Nathan Yaacov Rappoport nació en Varsovia en 1911. En 1936, obtuvo una beca para estudiar arte en Francia y en Italia, tras lo cual regresó a Polonia.
Cuando los nazis invadieron su país natal, huyó a la entonces Unión Soviética. Fue muy bien recibido e incluso inicialmente se le proporcionó un estudio. Pero más tarde debió trabajar como obrero.

​Al terminar las hostilidades retornó a Polonia y estudió en la Academia de Bellas Artes de Varsovia.


En 1950 emigró a los Estados Unidos, donde vivió en Nueva York hasta su muerte en 1977.

​La obra que aquí reproducimos es “Los rollos de fuego”. Está conformada por dos macizos cilindros, unidos de modo que recuerdan los rollos de la Torá. Se trata de una enorme estructura de bronce, de casi ocho metros de altura, instalada en las colinas de Judea, en Kesalón, Israel.

Su autor logró simbolizar tanto las persecuciones y la destrucción sistemática del pueblo judío en la diáspora como su camino hacia la Tierra Prometida.

​Una de las caras del monumento recuerda la tragedia del Holocausto. En ella aparecen, entre otros, Janusz Korczack y sus niños, una línea de cascos que representa a los soldados alemanes, un miembro de los luchadores del Ghetto con una granada en la mano y otros personajes tras las rejas de los campos de concentración.

​Hace también alusión al Arco de Tito y la Menorá allí representada. La escena final muestra a los sobrevivientes que inmigraron a Israel.

​La otra cara celebra la Independencia. En ella esculpió los símbolos de Israel, tales como viñedos, olivos, un hombre soplando el shofar, el Muro de los Lamentos, personajes bailando la Hora y banderas junto a un ángel que toca la trompeta.

​Entre ambos rollos hay espacios en los que están grabados textos bíblicos alusivos.

Por Sonja Friedman

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